Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, May 22, 2011

Una aportación

El presente texto es lo recién enviado a Mexdebate como un interés por lo ofrecido en la primera razón concreta ante la pregunta ¿Por qué me conviene participar en MexDebate?, en la página: ¿Qué es MexDebate?

Tengo 42 años. Mi profesión básica —y hobby— es programación de computadoras, aunque la actividad hoy en día la refiero como: creación de soluciones de negocio basadas en software.

El cambio que me gustaría ayudar a generar en el mundo —y en mí mismo— es retomar los básicos humanísticos en general, en particular hacia un mejor desarrollo de nuestra capacidad para pensar claramente. Esto, por supuesto, es muy amplio; pues incluye el pensamiento crítico, el pensamiento creativo, y el pensamiento valoral. Lo resumo en la divulgación y en la práctica del ejercicio filosófico más elemental, a través de impulsar la idea de comunidades autónomas de indagación filosófica.

Mi proyecto lo estoy actualmente llevando a cabo por medio de un seminario de introducción a la filosofía (http://sersaberhacer.blogspot.com/). Mi proyecto consiste en acercar el contenido básico de la introducción a la filosofía a las personas —como yo— con ese interés por la reflexión y que busquen una orientación mínima para iniciar el desarrollo de sus facultades críticas. El objetivo primordial es aportar para que las personas continúen el desarrollo de su capacidad para pensar por sí mismas y la apliquen para el análisis de sus ideas propias, las cuales no son relevantes en relación con el proyecto —mismo que tiene un carácter laico.

Mi proyecto pretende impulsar a la argumentación y al debate como medios para la educación propia, entendiendo educación como lo resume Hans-Georg Gadamer: «afirmo que la educación es educarse, que la formación es formarse». Así, mi proyecto sería como una adaptación del sueño de Karl R. Popper:

“Si pensaba en un futuro, soñaba con un día fundar una escuela, en la que los jóvenes pudiesen aprender sin hastío y en la que fuesen estimulados a plantear problemas y a discutirlos; una escuela en la que no hubiese que escuchar respuestas no deseadas a cuestiones no planteadas; en la que no hubiera que estudiar sólo por aprobar los exámenes” —Karl R. Popper en Búsqueda sin término

Saturday, May 21, 2011

Homofobia

Hoy en día siento mucha vergüenza al recordar las meras opiniones que yo tenía en mi juventud acerca de la homosexualidad, pues son opiniones basadas en la más crasa ignorancia y en el miedo a lo distinto. La misma vergüenza, como si me presentara desnudo en público, la siento al contemplar mis meras opiniones sobre otros temas de los que no he investigado aún lo suficiente como para decir que haya logrado formar una opinión educada, amplia, proporcionada, y debidamente justificada.

La agenda de indagación filosófica que me he planteado tiene muchos temas esperando su turno; uno de ellos es el tema de la homosexualidad. Sin embargo, tal tema se abre paso a codazos, con fuerza propia, y se presenta entre las primeras filas en las audiencias del pensamiento dedicadas al análisis y al debate de otros temas, como el tema de la religión en general, y del cristianismo en particular. Por lo tanto, aquí no analizo aún el tema de la homosexualidad per se, pues eso sólo sería posible para mí después de investigar el asunto a profundidad y con la debida amplitud. El formar una opinión educada es especialmente importante para mí pues reconozco que vociferar meras opiniones resulta más parte de los problemas que de las soluciones —y en este caso la solución podría tener la forma de un poco de fibra moral para no sucumbir ante nuestro propio miedo irracional.

El tema de la homosexualidad ha surgido durante el análisis del cristianismo debido a la constante presencia de sus numerosas fobias. El cristianismo, desde sus primeros siglos, ha albergado y fomentado aversiones obsesivas en contra de quien amenace la visión del mundo que proviene de sus dogmas. Tal amenaza ha consistido simplemente en ser distinto y en pensar diferente. Así, un temor compulsivo e irracional se cimentó primero en contra de los paganos, quienes no aceptaron convertirse al cristianismo. Luego en contra de los judíos, por no aceptar los dogmas del cristianismo acerca de Jesucristo. Siguieron las mujeres, por ser —según ellos—de naturaleza jerárquica inferior al hombre. La misma suerte corrieron los primeros herejes o heterodoxos que perdieron los debates ante el devastador poder del nuevo Estado eclesial romano. Durante los siglos de la Edad Media se sumaron a la lista otros grupos marginados social y religiosamente, las “brujas”, los pueblos aborígenes, todo tipo de herejes, los pensadores de la Ilustración, y todo aquel que no rindiera sumisión personal y de sus bienes a la Santa Madre Iglesia Católica. En la época moderna se agregaron a la lista los comunistas y todo aquel de actitud subversiva o de izquierdas. En la época contemporánea la lista no es sólo una, sino que cada facción cristiana ha formulado sus propias listas de fobias. Las hay para todo aquel que no sea hombre blanco caucásico (ario) y adinerado —los latinos, negros, asiáticos, indígenas, mestizos, no son aceptados en los clanes ultraderechistas, como el KKK—; también hay fobias en contra de quienes no sean de cierta elite intelectual y socioeconómica, y al contrario también, las hay en contra de quienes sean adinerados o educados pues, según otras facciones, el cristianismo es sólo para esclavos y gente sin educación.

Aclaro que, históricamente, tales fobias no surgieron por la iniciativa propia de las audiencias manipulables que el cristianismo suele allegarse, sino directamente de las interpretaciones descuidadas de los textos bíblicos que han hecho los que se ponen al frente de dichas audiencias para decirles qué tienen que creer, pensar, decir, y hacer.

La homofobia ha estado en la historia del cristianismo entre sus muchos temores que no ha podido superar. En la actualidad hay algunos tipos de cristianismo que lo han superado, por ejemplo la Iglesia Comunitaria Metropolitana, o la Iglesia de Cristo Unificada, entre otras; pero son las menos. La aversión obsesiva en contra de las personas homosexuales, por parte de muchos tipos de cristianismo, se ha tornado relevante en los debates contemporáneos debido a un cónclave histórico que obedece, entre otras cosas, a la fuerza y versatilidad del pensamiento posmoderno. Sin embargo, la homofobia no ocupa un lugar especial entre las otras fobias del cristianismo en general, tan sólo ahora le ha tocado el turno en el paredón de la discriminación eclesial. Pero tal turno está peligrosamente latente para cualquiera que sea distinto o piense diferente al cristianismo.

Por último, quiero mencionar una argumentación teológica por la cual, históricamente, el cristianismo ha decretado su juicio en contra de la homosexualidad masculina:

La relación de la humanidad con el dios cristiano es una relación jerárquica —idea proveniente principalmente de Tomás de Aquino—, Dios en primer plano, debajo se encuentra el hombre —como género— y abajo en tal jerarquía se encuentra la mujer. Por tanto, ante Dios la mujer es inferior al hombre. La mujer por su naturaleza inferior está sujeta al sometimiento y a la penetración. El cuerpo de la mujer es el penetrado en sumisión, y de ningún modo lo es el cuerpo del hombre. Consecuentemente, el hombre no puede tomar el lugar humillante de una mujer, hacerlo va en contra de la naturaleza ordenada por Dios.

El argumento es misógino, por decir lo menos, y está claro que proviene de una época donde no se contaba con las corroboraciones de la ciencia natural de hoy en día acerca de la equidad y complementariedad en géneros. Por lo cual, con tan inútil y falaz argumento, es trágico que muchos tipos de cristianismo persistan en su ignorancia voluntaria y arrogante, y su temor irracional a lo distinto.

Dedicatoria

Con profunda tolerancia a las personas —que no a las ideas— presento a su amable consideración, estimado lector, los textos en este blog que podría servir para reflexión individual o sana discusión entre quienes gusten de tomar en serio su interés por aspectos relevantes concernientes a una aproximación sobria a las religiones cristianas.

Friday, May 20, 2011

Fe peligrosa

¿Cuándo la fe de la religión se torna peligrosa?

El propósito de este breve soliloquio es señalar uno de los graves tropiezos en que incurre quien permite que su fe religiosa dogmática, i.e., ciega, lo arroje demasiado lejos, más allá de lo que —como mínimo— la experiencia intersubjetiva pudiera justificar, más allá del alcance de una interpretación concienzuda de la palabra «religión».

Un ministro de culto cristiano dice:

“...cuando enseño a las personas, o cuando predico la Biblia desde el púlpito, tan sólo lo hago cuando el Espíritu Santo –el Consolador, el espíritu de la verdad– ministra mi mente, tal y como lo hace con cualquier persona que cree y tiene verdadera fe...”

Advierto varios problemas serios, del orden ontológico y gnoseológico, en tal enunciado. Pero aquí me limitaré a mencionar algunas ideas por las cuales me es muy difícil conciliar las “buenas intenciones” en tal enunciado con el deplorable estado desinformado tan predominante entre las interpretaciones vulgares de las religiones cristianas.

El contexto del enunciado incluye la creencia en el espiritualismo —el cual es diferente del espiritismo— y se basa en un dogma cristiano que afirma la presencia de una de las personas de la Trinidad (otro dogma cristiano) en la persona convertida y bautizada en el cristianismo.

En este breve texto, claro, no pretendo analizar los argumentos provenientes de las teologías dogmáticas del cristianismo, ni su relación con los campos filosóficos del idealismo, el materialismo y el realismo, ni con el estructuralismo en antropología filosófica. Aquí procuraré hacer notar lo saludable de albergar en uno mismo la duda acerca del origen de nuestras ideas —lo positivo del escepticismo.

El enunciado en cuestión presupone demasiado, se apoya desproporcionadamente en la más ingenua y desmedida confianza, y sin justificación alguna. Pues, incluso con una sincera e informada fe religiosa, una persona habituada en reconocer el estado perenne de su equivocación como ser humano no tendría bases para sostener semejante afirmación. El enunciado en cuestión refleja una enorme necesidad de querer creer, una formidable autocomplacencia en los pensamientos propios. Esa autocomplacencia, sin la debida mesura, ha producido mucho sufrimiento y sinrazón en nuestra historia como humanos. La seguridad de alguien que afirma “saber” y promulga juicios a ultranza es una que ha deslumbrado a los incautos como yo, quienes corremos el riesgo de adoptar y defender dogmas que ni siquiera terminamos de comprender. Algunos ejemplos en mi texto: “Doctrinalmente correcto”. De ahí la necesidad de entender lo positivo del escepticismo.

No es difícil reconocer que esa posición arrogante, la de “conocer” lo sobrenatural, no es reconciliable con lo positivo en la diversidad de cristianismos históricamente identificables, que datan desde el primer siglo de la era común.

¿No están acaso dadas las cosas hoy para el ser humano como para que afirme más su ignorancia que su falta de ella? El esfuerzo científico aún no puede abordar con absoluta certeza —ni podrá, debido a la idea misma del conocimiento científico— las preguntas más importantes del humano: las preguntas del significado postrimero, las que buscan respuestas últimas, y no sólo las respuestas próximas de la ciencia.

Entonces, ¿callamos o dialogamos del asunto? El teísmo y el ateísmo —que para mí son dos caras de la misma moneda dogmática, ver: Lo que comparto con Richard Dawkins...— pretenden acallar todo cuestionamiento hacia sus ideas. Sin embargo, sí hay mucho de lo que se puede dialogar y esclarecer del asunto, aunque habrá aspectos —como los sobrenaturales— en los que convendrá seguir la idea expresada en el último párrafo de una relevante obra:

“Sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar” —Ludwig Wittgenstein en su Tratado lógico-filosófico

Para empezar a explicarse cómo un adulto se convence de algo como el enunciado en cuestión es necesario examinar los efectos de una lectura literalista de los textos bíblicos, es decir el biblicismo. Además, por supuesto, es necesario analizar el condicionamiento sociocultural imperante alrededor de tales crédulos e incautos “adultos”. Quienes pueden tener muy buenas intenciones, y estar por completo seguros de estar impulsando algo supremamente positivo y, según ellos, a todas luces sublime y de naturaleza divina. Tales sentimientos suelen justificar su fe. Pero ¿para qué la fe?

La fe religiosa, basada en profundos sentimientos de necesidad, basada en el anhelo de que la Naturaleza nos favorezca, no parece tener —ni necesitar— ningún sustento. No parece conllevar ningún esfuerzo ni complicación. Precisamente por eso cabe la pregunta: ¿Cuál es el chiste de vivir con base en tal fe? Tal nivel de certeza desafía todo por lo que la raza humana pretende seguir existiendo. Al alcanzar tan enorme nivel de certeza entonces ¡la inmolación de todo ser humano parece ser lo más conveniente, lo más positivo por hacer! No son de sorprender los suicidios colectivos que han ocurrido en sectas religiosas debido a precisamente esa certeza absoluta basada en sentimientos.

Afortunadamente hay otras posiciones que pueden ser más parte de las soluciones que de los acuciantes problemas de la humanidad hoy. Entre ellas están las posiciones que consideran a la cautela y a la indagación cuidadosa como buenas ideas, pues apresurarse demasiado y saltar rápidamente a conclusiones es una receta para el no-aprendizaje —eso parece cierto incluso en algunas facciones de la comunidad científica. Así que, partiendo de la idea del aprendizaje personal como algo positivo, una persona interesada en hacer de su vida una aportación a la humanidad buscaría abandonar las posiciones en donde la exacerbación de “lo práctico” y del cortoplacismo se convierta en otro dogma inmovilizador. Así mismo, su búsqueda incluiría posiciones que sean preliminares, provisionales, que fomenten la investigación y la disminución de los efectos de la ignorancia. Eso parece ser de mayor provecho que las posiciones que sostengan afirmaciones que provengan de la fe religiosa dogmática, ciega.

“Si Dios hubiese querido colocar desde el comienzo cada cosa en el mundo, habría creado un universo sin cambio, sin organismos ni evolución, sin hombre y sin experiencia de cambio en el hombre. Pero, al parecer, pensó que un universo viviente con eventos inesperados incluso para Él Mismo sería más interesante que un universo sin vida”Karl R. Popper en Búsqueda sin término

¿Dónde hay fe dogmática?

La fe dogmática no es una práctica exclusiva de las interpretaciones descuidadas de la religión, también asoma su autoritaria cara en otros campos de la sociedades humanas, como en la política, la religión, la economía, incluso en la ciencia. La fe dogmática suele ser el resultado de una interpretación descuidada de casi cualquier cosa. La falta de pericia para interpretar juega un papel causal para la fe dogmática y para nuestros propios tropiezos.

Por ejemplo, de no ser por la fe dogmática los presupuestos de la comunidad científica no estarían desproporcionadamente orientados hacia beneficiar tan sólo a la teoría de cuerdas en la física teórica contemporánea. Mientras que hay otras teorías igualmente plausibles que requieren mayor inversión, e.g., la teoría de la gravedad cuántica de bucles. Para mayor detalle consultar: The trouble with physics: the rise of string theory, the fall of a science, and what comes next por Lee Smolin.

Otro ejemplo proviene del apaleado campo de la religión —recalco apresuradamente que me refiero a la interpretación descuidada de la religión. El ejemplo concierne al tema del espiritualismo: Fe peligrosa.

Wednesday, May 11, 2011

¿Por qué debo abandonar el cristianismo?

Una vez reconocido que hay muchos cristianismos igualmente legítimos (Muchos cristianismos) y después de considerar críticamente lo que el mundo cristiano es desde su inicio hasta el día de hoy, he llegado a una conclusión después de muchos años de reflexión personal: si eso es cristianismo y esos son cristianos —empezando por mí—, entonces yo no debo ser un cristiano.

Como parte de buscar darme cuenta de mi propio condicionamiento sociocultural, observo que mis ideas provienen tanto de lo positivo como de lo negativo del cristianismo. En particular la idea de la verdad, como valor supremo aún por encima del amor y de la libertad, provoca un disgusto, un repelo, un rechazo, un desprecio por la interpretación popular del cristianismo, y de la religión vulgar en general. La causa de tal desprecio proviene de observar las graves consecuencias sociales que se han provocado a partir de esa interpretación descuidada de la religión.

¿Por qué debo abandonar el cristianismo? Principalmente porque ha llegado un punto para mí en el cual el cristianismo me frena para continuar en mi búsqueda por el sentido último de ser parte de la especie humana hoy, en el mundo humano actual, en el cual se necesitan transformaciones radicales pues no es posible seguir así (¿A dónde vamos?), y los dogmas cristianos ya estorban para seguir transformándome en algo que sea una aportación a las soluciones y no como parte de los problemas.

Además, observo que desprecio mi desprecio por esa interpretación vulgar; es decir, observo que esa posición denostadora de las creencias de otros es más parte del problema que de la solución. Si busco aportar a las posibles soluciones a nuestros graves problemas —y tal aportación inicia a partir de la transformación personal— entonces debo poner un alto al desprecio a las ideas que pueda confundirse con el desprecio a las personas. El cristianismo tiene aspectos positivos pero su ultraje hacia lo distinto está muy enraizado, demasiado en el fondo, como para que sea posible considerarlo indistinguiblemente de sus aspectos negativos. Por eso debo abandonar el cristianismo.

El cristianismo en general, considerando su historia y su multiplicidad de perspectivas, desde las ortodoxas hasta las formas más liberales y sincretistas del cristianismo posmoderno, no parece aportar lo suficiente para las posibles soluciones que necesitamos en el mundo hoy. Para intentar una mejor manera de aportar a las soluciones debo seguir transformándome en algo que ya no tenga esos rasgos despreciativos desde su esencia. Por lo que me veo éticamente obligado a buscar maneras fuera del cristianismo para poder expresar y desarrollar el amor y la libertad sin la enorme presión de la idea de verdad.

¿Qué sigue? Pues el seguir profundizando en el conocimiento de uno mismo, seguir descubriendo las capas en el fondo del ser propio. Sigue retomar los básicos humanos, hacia la transformación personal, hacia el empezar de nuevo una y otra vez. ¿Qué seré ahora? Soy un ser humano, un miembro de la especie humana, parte de una cultura particular, dentro de un esquema particular causado por un condicionamiento social específico. Entre lo básico está tomar conciencia de ese condicionamiento sociocultural y buscar liberarme de su fuerza condicionante para poder llegar a pensar fuera de tal condicionamiento. Para seguir en mi búsqueda de mejores y más básicas interpretaciones para palabras tan enormes como amor y libertad, por encima de ideas sesgadas de la verdad.

Lo que menciono en este texto es algo que ha estado ocurriéndome a lo largo de ya varios años, sólo ahora es que lo pongo en palabras.

Tuesday, May 10, 2011

Muchos cristianismos

El cristianismo ha sido parte de mi propio condicionamiento social del que busco tomar plena conciencia. Busco esa conciencia tanto porque soy parte de una cultura influenciada enormemente por la idea amplia de civilización occidental como por mi necesidad de dar clara cuenta de mis experiencias en el cristianismo. He ofrecido un breve resumen informal de mi posición actual al respecto en la página: Carta personal, la cual incluye una referencia a lo que podría ser una reseña de mi recorrido por el cristianismo a la fecha: Un recorrido.

Reconozco que mi recorrido me ha llevado a abandonar una creencia que por algún tiempo albergué: que sólo puede haber un cristianismo “verdadero”. No hay tal cosa como un sólo cristianismo “verdadero”. ¿Qué derecho tengo para creer en semejante equivocación dada la historia del cristianismo desde sus inicios hasta el momento presente? Tan sólo el “derecho” que proviene de la ignorancia y de un estado desinformado.

La diversidad de posiciones igualmente sustentables, la gran variedad de ramificaciones que ha habido con múltiples ideas de cristianismo desde el primer siglo, representa una evidencia nada despreciable de que no hay una sola religión cristiana, monolítica, sino muchas y la mayoría irreconciliables entre sí. Tal como lo son las ideas en los textos bíblicos cuando se miran más allá del literalismo bíblico o biblicismo.

Lo curioso del caso es que desde el primer siglo a la fecha no han faltado cristianos quienes apunten su dedo acusador hacia otros cristianos y sentencien: “esos no son cristianos”. Por ejemplo, sospecho que no pocos cristianos de hoy que consideren la historia del cristianismo durante los siglos IV y V terminen por “explicar” que los protagonistas de aquellos dramas en el interior del cristianismo “ya no eran cristianos”, y que el cristianismo “puro” es otra cosa. Y que tal cosa es “definida” en la actualidad —definida por ellos mismos, claro—. No encuentro soporte que sostenga tal “explicación”. Otro ejemplo, del cual se hace una aproximación decente en una obra cinematográfica reciente llamada Ágora, consiste en “explicar” que el cristianismo se degeneró al mezclarse con el Imperio Romano y que dejó de existir el cristianismo “verdadero”, y que por tanto es necesario restaurarlo en la actualidad. Pero ¿qué es lo que supuestamente debe ser restaurado si en su historia no ha existido un único cristianismo “verdadero”?

Por supuesto, hay aspectos positivos en el cristianismo. Entre los cuales no veo que aparezcan las formas de religión organizada y de sistemas dogmatizantes por los cuales se ha ganado tan mala fama. Un aspecto positivo del cristianismo es la idea de la conversión, la idea de la transformación de las personas, el cambio de mentalidad, de su conducta, una trasformación total del rumbo en la vida de una persona.

Esa transformación, precisamente, es para mí parte de lo positivo del cristianismo. La conversión inicial tan sólo es una de muchas que se deben buscar continuamente si estamos interesados en la transformación radical. Pero para eso hay que estar dispuestos a cambiar o mejorar nuestras perspectivas, opiniones y creencias, a tal grado como para nunca más regresar a ellas. Cada trasformación implica, cada vez, quemar las naves detrás de nosotros. Implica tener el valor de reconocerse equivocado, requiere aceptar nuestra situación como realmente es, y no como queremos verla, por muy difícil que me resulte aceptarla. Por más que mi ego grite: “¡No puede ser, no puedo estar equivocado!”

Enfatizo que dentro de lo positivo del cristianismo no encuentro el adoctrinamiento ni la imposición de ideas sobre otras personas, por lo que la serie de transformaciones radicales que son provocadas por un desarrollo continuo de la conciencia estarían por completo en manos de la persona interesada y no a cargo de ningún prelado autoritario.

Más de esto en las siguientes reflexiones:

Interpretar

El objetivo de este texto es reconocer mi casi ausente pericia para interpretar un texto antiguo, como la Biblia. Además, aventurar una sustentable sospecha acerca de la pericia de quienes dicen “saber” hacerlo y su interpretación resulte indistinguible de aquellas de la religión vulgar.

El acto de escribir es una expresión intensamente humana. La escritura es una evidencia de que existen otras conciencias distintas e independientes a la propia —en refutación del solipsismo. El componer y ordenar las ideas en forma escrita es parte de una compleja acción comunicativa que incluye, además, la intrincada acción interpretativa. Interpretar también es una expresión del sujeto que interpreta, de hecho, la expresión subjetiva es el contenido principal de la interpretación. En completa perplejidad y asombro, podemos aproximarnos a un juicio al afirmar: no se puede no interpretar.

Dadas así las cosas, es evidente que interpretar es una de las habilidades más importantes en la que debemos prepararnos y desarrollarnos, la pericia para interpretar es también parte de la educación cuya responsabilidad está en nuestras propias manos. La destreza de un principiante para driblar o encestar en el baloncesto es muy inferior a la destreza de, por ejemplo, Michael Jordan. Mi talento expresivo al escribir es infinitamente inferior al talento de Sor Juana Inés de la Cruz. La pericia requerida para interpretar un texto actual es mucho menor a la pericia requerida para interpretar un texto antiguo. Por lo tanto, para no hacer un grotesco ridículo es preferible suspender una interpretación hasta que se tenga la preparación necesaria para hacerla.

Para ejemplos de pésimas y muy lamentables interpretaciones provenientes del biblicismo o literalismo bíblico basta con considerar algunas interpretaciones devocionales de la religión vulgar. Por ejemplo la interpretación del pasaje bíblico donde se narra una separación entre dos tipos de personas, ejemplificada como la separación entre ovejas y cabras. Los intentos descuidados para interpretar dicho pasaje han contribuido a provocar lo peor del cristianismo. Entre lo cual está el acto de segregación —el decretar infranqueables barreras entre personas— por el cual es famoso el cristianismo desde sus primeros siglos. ¿Acaso esa segregación no contribuyó a las persecuciones contra paganos, judíos, mujeres, negros, homosexuales, “brujas”, etc., a lo largo de la historia de la cultura occidental? Una reciente obra cinematográfica, con título Ágora, manifiesta con viveza uno de los dramas en los que el cristianismo como religión vulgar ha sido protagonista. El enarbolar una idea segregacionista en contra de todo aquel que sea distinto, o incomprendido, ha sido causa de mucho dolor y sinrazón, pues tal idea proviene no de lo sobrenatural sino de interpretaciones descuidadas de textos antiguos. Textos que son violados por los prelados jerárquicos, los que dicen “saber” de religión, para manipular a las masas ignorantes. Las consecuencias de imponer ideas religiosas dogmatizantes a la gente, especialmente a la niñez, han sido terribles a lo largo de la historia de Occidente. Para el caso particular de Latinoamérica, es evidente que tales ideas tienen el propósito específico de mantener a las personas “como ovejas tranquilas, que se dejen dirigir y que siempre sean dependientes del pastor”. Quizá es tiempo de legislar para considerar seriamente los agravantes del delito dogmático. ¡¿Quizá?!

Por otro lado, partiendo de la premisa de que no se puede no interpretar, entonces resulta adecuado arrojarse al acto interpretativo pero con plena libertad de conciencia. Sin que pese sobre la persona autoridad alguna y al mismo tiempo abrace su estado permanente de equivocidad. Por supuesto, como con toda libertad, reconociendo una total responsabilidad personal para dar cuentas de dicha libertad. Así, el acto interpretativo surge de la búsqueda del ser, del ser propio. En otras palabras, interpretar como la búsqueda para conocerse a uno mismo. Pues de la interpretación conocemos más de quien interpreta que conocemos de lo interpretado. Ya que contando el humano con la posibilidad de tanta imaginación y creatividad, ¿por qué elije proyectar tan sólo lo más bajo de su ser sobre lo que podría ser, de otro modo, sublime? Para un ejemplo ver: La amenaza del pensamiento religioso.

Así pues, un intento concienzudo y esmerado para interpretar el pasaje bíblico antes mencionado podría escoger como el criterio de separación no a la segregación entre personas sino entre ideas. Por ejemplo, el lado izquierdo representa a las ideas como el miedo, la ignorancia, la autocomplacencia, el dogmatismo exagerado, la misoginia, la xenofobia, el chovinismo, la religión vulgar, etc. Mientras que el lado derecho representa al amor, la imaginación, la creatividad, la compasión, la libertad, la verdad, la ciencia, la filosofía, el arte, la religión como poesía, etc. Pero claro, el responsable de tal elección interpretativa es por completo la persona, en lo individual. Con base en el estado de las fuentes por las que nos llega el cristianismo en nuestra época, podemos entender que la interpretación bíblica cae dentro del ámbito de la libertad de conciencia, como en el pensamiento estético, donde la verdad no juega el mismo papel por encima de la libertad, como en el pensamiento científico, sino justo al contrario: en la interpretación bíblica es más importante la libertad que la idea de verdad.

Por supuesto esa idea es una idea típica del pensamiento posmoderno en general, y del cristianismo posmoderno en particular. Pero antes de brincar a conclusiones, amable lector, sugiero tener una vista amplia de lo que significa el posmodernismo. Hacia tal efecto ofrezco el siguiente soliloquio: ¿El maligno posmoderno?

Thursday, May 05, 2011

¿La verdad?

¿Estás interesado en la verdad? Entonces no aceptes lo dado; averigua.

¿Cuál verdad? Del análisis del concepto de «verdad objetiva» se ha aportado el soporte suficiente para pensar en la objetividad más como un ideal al cual podría aspirarse pero no algo que alguien pueda afirmar, de manera absoluta, que la posea. Podemos aproximarnos a algún tipo de verdad —verdad moral, verdad lógica, verdad axiológica, verdad epistemológica, verdad ontológica, verdad teológica, verdad científica, verdad poética, etc.— dentro de los estrechos límites de un contexto específico, pero no hay bases que soporten generalizaciones hacia otros contextos: Verdad y teoría.

Hace algún tiempo, el líder de una organización teosófica, en pleno uso de sus capacidades, disolvió tal organización pues reconoció que la organización representaba un obstáculo en la búsqueda de la verdad por parte de sus integrantes. Remito una paráfrasis de un fragmento de su discurso:

“…la verdad no se puede hacer descender; por el contrario, el individuo debe hacer el esfuerzo de ascender a ella. No es posible trasladar la cima al valle. Si quieres alcanzar la cima de la montaña debes pasar a través del valle, escalar los acantilados, sin miedo a los peligrosos precipicios. Debes escalar hacia la verdad, la verdad no puede ser ‘simplificada’ u organizada para tu conveniencia. El interés en las ideas es principalmente auspiciado por organizaciones, pero las organizaciones sólo despiertan el interés desde el exterior. Interés que no nace del amor a la verdad por sí misma, sino despertado por una organización, no tiene ningún valor. La organización se convierte en un esquema en el que sus miembros pueden encajar convenientemente. Ya no se esfuerzan por la verdad o por la cima de la montaña, sino más bien tallan para sí mismos un nicho conveniente en el cual encajen, o en el cual dejan que la organización los ajuste, y consideran que como resultado la organización les llevará a la verdad”

Si el objetivo de la búsqueda de la verdad tiene algún lugar entre los objetivos de una institución, entonces disolver dicha institución es algo que puede resultar muy útil para precisamente ese objetivo. El cambio debido a un nuevo o mejorado estado de conciencia, la transformación de las opiniones, el reconocer la naturaleza emergente de la verdad, el abrazo a la equivocidad, distinguen a un aprendiz. Para quien abandonó la actitud de un aprendiz la permanencia de las instituciones está por encima de la continuidad del aprendizaje. Aquella institución cuya base sea un conjunto de dogmas está impedida, desde dicha base, para buscar la verdad. El dogmatismo reside en el fondo de la política institucional. El dogmatismo exagerado habita en el corazón de la actitud sectaria.

A las consecuencias de la comodidad que conlleva decir: “esta es la verdad” se le ha llamado progreso. Y claro que lo es, pues el dogmatismo filosófico sí juega un papel en el progreso de un aprendiz, pero ese progreso tiene carácter temporal, providencial, como un escalón que permite llegar al siguiente. La gran deformación ocurre al fincar una institución sobre la idea de que un progreso puntual tenga carácter permanente, como si fuese forzoso permanecer en un escalón en particular de manera indefinida.

Con base en un frecuente hallazgo de organizaciones basadas en dogmas de variados tipos, religiosos, políticos, económicos, técnicos, etc., cabe preguntar ¿de dónde proviene esa inercia tan persistente y ubicua en la sociedad para interpretar dogmáticamente? Los estudios y análisis no han faltado para tratar de responder a esa pregunta. Aquí sólo enfatizaré un factor en las condiciones formativas de cada ser humano: su educación. Pero debo apresurarme a aclarar que no me refiero al dogma mantenido por las instituciones “educativas”, cuyo logro principal tan sólo son las diferentes formas de escolarización, que ha producido una grotesca estratificación social y parece ser más parte del problema que de la solución. Con educación me refiero a la disposición continua para conocerse a uno mismo como humano, y a la pericia para actuar con base en el ser propio que se descubre.

Si una institución busca un tipo de verdad y dicha verdad es compatible con la libertad de conciencia, entonces la disolución de tal institución u organización sirve a la búsqueda de tal tipo de verdad. Es el caso, por ejemplo, de instituciones religiosas; una de las cuales ya he tenido oportunidad en el pasado de proponer su necesaria disolución (De "apóstol" a "apóstata"). La misma propuesta aplicaría para no pocos casos de instituciones dentro del cristianismo, a decir de la idea de cristianismo comúnmente encontrada en esos casos (¿De qué estamos hablando?).

“La verdad que nos hace libres es verdadera porque nos hace libres. Si no nos hace libres, debe ser descartada” —Gianni Vattimo en Adiós a la verdad.

La cultura occidental, con su enorme influencia proveniente del cristianismo, sufre una notable paradoja al considerarse a sí misma dueña de la tradición que asocia verdad y libertad, en particular, a la segunda como consecuencia de la primera.

“Ningunos están más perdidamente esclavizados que quienes falsamente se crean libres” —Johann Wolfgang von Goethe

Wednesday, May 04, 2011

Humildad

“...Se ha dicho que la astronomía es una experiencia que impone humildad en nosotros, una experiencia que construye el carácter. Quizá no hay mejor demostración de la insensatez de la jactancia humana que esta distante imagen de nuestro diminuto mundo...” —Carl Sagan, un punto azul pálido.

Dark grey and black static with coloured vertical rainbow beams over part of the image. A small pale blue point of light is barely visible.

Video: Carl Sagan - Pale Blue Dot