Marco A. Dorantes

Este es uno de mis primeros blogs* (aquí hay una lista de mis blogs sobre temas de mi interés).
Además, mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión personal.

Thursday, May 05, 2011

¿La verdad?

¿Estás interesado en la verdad? Entonces no aceptes lo dado; averigua.

¿Cuál verdad? Del análisis del concepto de «verdad objetiva» se ha aportado el soporte suficiente para pensar en la objetividad más como un ideal al cual podría aspirarse pero no algo que alguien pueda afirmar, de manera absoluta, que la posea. Podemos aproximarnos a algún tipo de verdad —verdad moral, verdad lógica, verdad axiológica, verdad epistemológica, verdad ontológica, verdad teológica, verdad científica, verdad poética, etc.— dentro de los estrechos límites de un contexto específico, pero no hay bases que soporten generalizaciones hacia otros contextos: Verdad y teoría.

Hace algún tiempo, el líder de una organización teosófica, en pleno uso de sus capacidades, disolvió tal organización pues reconoció que la organización representaba un obstáculo en la búsqueda de la verdad por parte de sus integrantes. Remito una paráfrasis de un fragmento de su discurso:

“…la verdad no se puede hacer descender; por el contrario, el individuo debe hacer el esfuerzo de ascender a ella. No es posible trasladar la cima al valle. Si quieres alcanzar la cima de la montaña debes pasar a través del valle, escalar los acantilados, sin miedo a los peligrosos precipicios. Debes escalar hacia la verdad, la verdad no puede ser ‘simplificada’ u organizada para tu conveniencia. El interés en las ideas es principalmente auspiciado por organizaciones, pero las organizaciones sólo despiertan el interés desde el exterior. Interés que no nace del amor a la verdad por sí misma, sino despertado por una organización, no tiene ningún valor. La organización se convierte en un esquema en el que sus miembros pueden encajar convenientemente. Ya no se esfuerzan por la verdad o por la cima de la montaña, sino más bien tallan para sí mismos un nicho conveniente en el cual encajen, o en el cual dejan que la organización los ajuste, y consideran que como resultado la organización les llevará a la verdad”

Si el objetivo de la búsqueda de la verdad tiene algún lugar entre los objetivos de una institución, entonces disolver dicha institución es algo que puede resultar muy útil para precisamente ese objetivo. El cambio debido a un nuevo o mejorado estado de conciencia, la transformación de las opiniones, el reconocer la naturaleza emergente de la verdad, el abrazo a la equivocidad, distinguen a un aprendiz. Para quien abandonó la actitud de un aprendiz la permanencia de las instituciones está por encima de la continuidad del aprendizaje. Aquella institución cuya base sea un conjunto de dogmas está impedida, desde dicha base, para buscar la verdad. El dogmatismo reside en el fondo de la política institucional. El dogmatismo exagerado habita en el corazón de la actitud sectaria.

A las consecuencias de la comodidad que conlleva decir: “esta es la verdad” se le ha llamado progreso. Y claro que lo es, pues el dogmatismo filosófico sí juega un papel en el progreso de un aprendiz, pero ese progreso tiene carácter temporal, providencial, como un escalón que permite llegar al siguiente. La gran deformación ocurre al fincar una institución sobre la idea de que un progreso puntual tenga carácter permanente, como si fuese forzoso permanecer en un escalón en particular de manera indefinida.

Con base en un frecuente hallazgo de organizaciones basadas en dogmas de variados tipos, religiosos, políticos, económicos, técnicos, etc., cabe preguntar ¿de dónde proviene esa inercia tan persistente y ubicua en la sociedad para interpretar dogmáticamente? Los estudios y análisis no han faltado para tratar de responder a esa pregunta. Aquí sólo enfatizaré un factor en las condiciones formativas de cada ser humano: su educación. Pero debo apresurarme a aclarar que no me refiero al dogma mantenido por las instituciones “educativas”, cuyo logro principal tan sólo son las diferentes formas de escolarización, que ha producido una grotesca estratificación social y parece ser más parte del problema que de la solución. Con educación me refiero a la disposición continua para conocerse a uno mismo como humano, y a la pericia para actuar con base en el ser propio que se descubre.

Si una institución busca un tipo de verdad y dicha verdad es compatible con la libertad de conciencia, entonces la disolución de tal institución u organización sirve a la búsqueda de tal tipo de verdad. Es el caso, por ejemplo, de instituciones religiosas; una de las cuales ya he tenido oportunidad en el pasado de proponer su necesaria disolución (De "apóstol" a "apóstata"). La misma propuesta aplicaría para no pocos casos de instituciones dentro del cristianismo, a decir de la idea de cristianismo comúnmente encontrada en esos casos (¿De qué estamos hablando?).

“La verdad que nos hace libres es verdadera porque nos hace libres. Si no nos hace libres, debe ser descartada” —Gianni Vattimo en Adiós a la verdad.

La cultura occidental, con su enorme influencia proveniente del cristianismo, sufre una notable paradoja al considerarse a sí misma dueña de la tradición que asocia verdad y libertad, en particular, a la segunda como consecuencia de la primera.

“Ningunos están más perdidamente esclavizados que quienes falsamente se crean libres” —Johann Wolfgang von Goethe

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