Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Tuesday, March 08, 2011

Equivocidad

He estado equivocado tantas veces, y de tantas maneras, que casi puedo asegurar —he aquí algo que casi con certeza se puede afirmar— que estoy equivocado también en este momento. Una conclusión consiste en reconocer que tal ha sido, es, y será mi estado permanente: la equivocidad. En menor o mayor medida, dependiendo del tema, pero finalmente equivocado acerca de tanto. Y no sólo en temas triviales sino en temas supuestamente relevantes, a mi propio decir.

Lo que me provoca muchísima curiosidad es nuestra tendencia, como seres humanos, a estar equivocados. ¿Qué siento cuando estoy equivocado? Me siento muy seguro tal que pronuncio todo tipo de locuras. Es después, al caer en cuenta de mi equivocación, que reconozco mi locura y percibo el vacío donde estaba parado. ¿Y quién me dice que ahora mismo no estoy diciendo una locura? Es para seguir analizándome. De otro modo no me estoy alejando lo suficiente de lo peligroso del dogmatismo exagerado.

El estado de equivocidad parece ser un perenne rasgo humano. Por muchos años mucha gente estuvo por completo segura que la Tierra era el centro del Universo. Estaban equivocados. Muchos “científicos” estaban muy seguros, casi absolutamente seguros, de la inutilidad de buscar más allá de la verdad newtoniana. Estaban equivocados. Hay bases para sospechar que muchas de nuestras más preciadas creencias hoy en día también tendrán el mismo destino más adelante en la flecha del tiempo: develarse como equivocaciones.

Kathryn Schulz escribe acerca de este estado de equivocidad en nosotros, en su libro: Being wrong - Adventures in the Margin of Error. También ofreció una conferencia al respecto: Kathryn Schulz: On being wrong.

Por lo tanto, parece tener sentido permanecer ávido por develar nuestras equivocaciones actuales, lo antes posible, para pasar a las equivocaciones futuras e ir descartando cuantas equivocaciones sea posible en nuestra búsqueda por el conocimiento que explique el mayor número viable de casos —experiencias e intuiciones— en nuestra vida. Especialmente en los temas de mayor relevancia personal. Es decir, si tengo un real interés en profundizar en un tema dado procuraré entonces encontrarme equivocado frecuentemente en dicho tema. De otro modo, si permanezco en “lo correcto” por mucho tiempo es señal de que no tengo un interés real para profundizar sobre dicho tema, y tan sólo prefiero la egolatría de sentirme en lo correcto.

Por supuesto, no todas las equivocaciones tienen el mismo potencial para develar hallazgos relevantes. Entre todos nuestros errores, habrá algunos que logren espolear cambios más significativos en nuestro estado de conciencia. El repetir una misma equivocación seguramente no conlleva el mismo poder descubridor en comparación con la comisión de nuevas y más variadas equivocaciones. Por lo que la potencia del error está en su versatilidad.

«El conocimiento se incrementa no por la coincidencia de imágenes mentales con el mundo real (que Hume apuntó es imposible), esto es, no por la percepción directa de la verdad, pero por una tendencia implacable hacia la percepción del error. Esto es tan cierto para el conocimiento vernáculo como lo es para la ciencia» —Kenneth Boulding

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