Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, February 02, 2014

Sobre «Dios» — Primera incorreción

 

¿De qué manera discutir sobre el tema «Dios» puede representar una aportación constructiva en sociedad?

Ludwig Wittgenstein sugirió que usar palabras de forma descuidada genera enredos en la mente, y que esos nudos especulativos no tienen referente alguno afuera de lo mental. Si eso es cierto entonces, concluye Wittgenstein, la forma para escapar de esos círculos mentales infinitos es enmudecer al respecto y así evitar el uso descuidado del lenguaje. La elección de enmudecer sobre el tema «Dios», entonces, resolvería un enredo mental pero no resuelve los enredos morales y políticos que han sido causa de muchos conflictos en la historia del tema. Por eso, permanecer enmudecido no está justificado ante tales conflictos y discutirlos se hace imperativo si elegimos aproximarnos a posibles concordias.

Por ejemplo, si en el fondo de la misoginia o de la homofobia está una noción de «Dios» como la elevación exclusivista de lo masculino a estatus divino entonces tal desproporción sale del ámbito de la mera creencia personal y toma terreno de forma injustificada en el ámbito de la vida en sociedad, en la cual no sólo una versión de lo masculino impera para todos. Asimismo, si la xenofobia, el chovinismo, el pochismo, el malinchismo o el europeísmo, como ejemplos, son alentados de fondo por una noción antropomórfica de «Dios» con exclusivos rasgos faciales, genitales, raciales o geo-culturales entonces ya no es posible aceptar que cada quien crea lo que le plazca pues tales exageraciones representan severas perturbaciones en la raíz de los conflictos; los cuales se propagan y perpetúan culturalmente en tanto no se discutan y se aclaren tales perturbaciones.

Otras posiciones ante el tema «Dios» también alientan su parte de conflictos; por ejemplo, las que desdeñan el tema pues lo consideran tan sólo para gente ruda e incivilizada que no ha logrado superar sus pulsiones primitivas o sus miedos infantiles. Tales posiciones incluso llaman “modernidad” al pisoteo de otras culturas diferentes a la propia en nombre, según dicen, de la ciencia y del progreso.

Hay muchos otros conflictos socioculturales relacionados con el tema «Dios» y que surgen al interpretar el tema de manera descuidada como algo supra-humano o como algo infra-humano; es decir, como algo superior e inalcanzable o como algo primitivo y prehistórico. La discusión pausada, amplia y atenta se hace indispensable para no resbalar y caer por las tan concurridas vías del error. Así, la primera incorrección sobre el tema «Dios» es que cada uno puede creer lo que le plazca y a la vez trasladar tales creencias al terreno de la convivencia pública, es decir a lo político. Tal incorrección suele acompañarse de otra: aceptar que el tema no se debe discutir.

Friday, January 10, 2014

Sobre «Dios» — Más aclaraciones

La reflexión teológica es inagotable y resulta problemático intentar despachar el tema de un solo plumazo. Las narrativas al respecto, en la historia, han producido ríos de tinta, y ahora torrentes de bits, pues las ramificaciones son muchas. Estimo que tales ríos y torrentes no están cerca de disminuir, quizá lo contrario es más probable. Considero constructivo aportar a tales narrativas en tanto tales aportaciones impulsen a reexaminar las opiniones propias. Lo relevante sería mejorar o cambiar de opinión como signo de auto-reeducación.

En particular, encuentro para mi persona muy difícil decir algo, cualquier cosa, sobre el mundo sobrenatural y al mismo tiempo permanecer a cargo de mis palabras. Del mundo sobrenatural yo no tengo nada por decir; simplemente no puedo pues no sé nada al respecto. Encuentro a las narrativas religiosas de la infancia y de la juventud como malinterpretaciones mías, yo quise entenderlas de una manera en particular y ahora, como adulto, eso que me ocurrió me lo explico como un proceso cultural y no como un proceso para desarrollar conocimiento.

Entiendo al ejercicio teológico como parte de la antropología, y como indagación de esa pulsión religiosa primordial en el animal humano. La ignorancia y el miedo son parte perenne de los graves problemas en la sociedad relacionados con la religión, y se requiere menos ignorancia y menos miedo hacia esa pulsión religiosa. Por eso tiene sentido el ejercicio teológico personal. Mi teoría teológica pretende explicar que la pulsión religiosa pueda ser desarrollada a través del estudio de las grandes obras de la literatura, la investigación científica del mundo natural, y por medio del ejercicio estético. Así, de ser una pulsión pre-científica puede transformarse en un tipo más de emoción para uso del individuo auto-cultivado.

Parafraseando a Groucho Marx: esta es mi primera e incipiente teología; si no le gusta, tengo otras aún en el tintero. Es decir, yo no me tomo muy a pecho lo que estoy diciendo en estas exiguas publicaciones mías sobre teología pues puedo estar muy equivocado; creo haberlo ya aclarado. En posteriores publicaciones podría expresar mi cambio de opinión en el tema.

Publico pues busco valoraciones críticas de las cuales aprender, ya que creo poder aprender algo de casi cualquier persona. Toda crítica que me haga reflexionar es para mí un beneficio. Lo que hago con mis publicaciones sobre teología es ensayar —en un sentido lato y en relación con el espíritu de los Ensayos, de Michel de Montaigne. Mis publicaciones no representan una exposición formal, no es una tesis, ni una disertación ni un tratado cumbre de la teología sino un intento de invitación al diálogo o una provocación para que otros piensen al respecto y expresen sus perspectivas.

La teología, según he constatado, sufre de graves malinterpretaciones como con frecuencia le sucede a la filosofía, a la historia o a las ciencias. La constatación más fehaciente es el patente hecho de mi propio y perenne analfabetismo científico-filosófico, histórico y también teológico. Por ejemplo, tenía la torpe creencia en la existencia del método científico, o creía que la historia era sobre lo ocurrido en el pasado, o creía que la teología trataba principalmente sobre religión.

Mi elección del tema, o la manera de abordarlo, puede resultar una elección muy ingrata, pues hurga fibras muy sensibles de las personas y suele avivar grandes pasiones y enraizados enconos. Pero quizá sea ese un punto clave en la indagación: hacer explícito lo que permanece tácito o en el disimulo, sacar a la luz las hondas y diversas implicaciones que conlleva el tema, y así, con autocrítica, la discusión pueda servir para conocerse más uno mismo al converger hacia una atropellada exploración de los enigmas de nuestra condición, en nuestra pedantería, en nuestra contradicción, en nuestra miseria, pero también en nuestra sobriedad.

En teología cada quien debe ser libre de creer lo que quiera, pero un problema es que precisamente no solemos tener la preparación para ejercer esa libertad de conciencia; por el contrario, podemos con facilidad permanecer presos de los procesos socioculturales impuestos por unas pocas supuestas autoridades. Con mis ensayos teológicos pretendo explicar cómo lo positivo de la teología es similar a ejercer la reflexión estética ya que ambas investigan cuestiones de gusto, no cuestiones de hecho. En otras palabras, el individuo interesado en autocultivar su pulsión religiosa no está obligado a engullir acríticamente lo que provenga de algún prelado jerárquico o ministro de culto eclesiástico; de ninguno, ni del pasado, ni del presente, ni del futuro. La teoría teológica propuesta es, pues, anti-clerical y anti-eclesiástica.

Wednesday, January 08, 2014

Sobre «Dios» — Algunas aclaraciones

Los complejos problemas en la sociedad necesitan muchos tipos de esfuerzo ya no digamos para aproximarse a posibles soluciones sino para empezar a distinguirlos como problemas. Por supuesto que actuar es necesario pero la prisa por actuar puede tan sólo empeorar los nudos gordianos que son ya esos problemas. El ejercicio teórico puede ofrecer perspectivas alternas que ayuden si bien no a cortarlos de tajo al menos sí a esclarecer su origen al hacerlo explícito. La necesidad no sólo es de nuevos y más potentes desarrollos teóricos en sociopolítica y economía sino también en teología pues, quizá, este tipo de reflexión tenga tanto, o más, potencial para transformar al individuo que un nuevo sistema político o económico. Con esto aclaro que el esfuerzo teológico teórico puede aportar para la solución de problemas religiosos que parecen insuperables entre las personas y entre las sociedades.

Entonces, en el nombre de la teoría, y de la práctica, del análisis y de la síntesis intentaré esclarecer algunos puntos adicionales para una mejor exposición de mi reflexión teológica.

Aclaro que no soy un teólogo profesional. Pero, por ejemplo, tampoco soy un esteta profesional; y aun así, sin serlo, sí quiero y puedo reflexionar sobre el impacto del arte y de lo bello en mis sentidos y reflexionar tras la gama de emociones que ese impacto me provoca. Mi ejercicio estético es mío, innocuo e imberbe pero mío, no del esteta profesional; es decir, del esteta profesional aprendo cómo pensar pero no qué pensar en el tema de la estética. Lo mismo ocurre en teología pues el tipo de reflexión es similar al ejercicio estético en cuanto que investigan cuestiones de gusto, no cuestiones de hecho.

Aclaro asimismo que mi esfuerzo teórico en teología no pretende señalar qué debe pensar el lector al respecto sino invitarle a repensar sus propias ideas y formular preguntas relevantes; entre las cuales: ¿cómo pensar los temas teológicos?

He atisbado el esfuerzo intelectual necesario para abordar de manera madura los temas de la teología, y ese enorme esfuerzo me parece apabullante. Lo mismo me ocurre al contemplar el esfuerzo para estudiar debidamente los prerrequisitos de la teología: los básicos de la filosofía, de la ciencia y de la historia. Me impulsa la agradable noticia de que puedo permanecer como aprendiz por el resto de mis días, y que podría mejorar en la destreza para formular preguntas cada vez más atinadas.

Mi reflexión teológica pretende indagar cómo la idea de «Dios» podría relacionarse de manera constructiva con el cambio social, empezando a escala individual. Pero de maneras distintas a lo que por tradición se ha hecho a través de la moralidad religiosa. Aclaro entonces que, en relación a la filosofía moral, mi teoría teológica no establece una moralidad en particular sino un sistema de andamios o un bastidor teórico para el ejercicio ético individual.

El concepto central en mi teoría de campo teológico no es un concepto cotidiano. Por tanto, explicar el concepto de campo será un prerrequisito indispensable para explicar a cabalidad la estructura teórica de todo lo que tengo por decir al respecto en esta propuesta teológica.

¿Qué es un campo?, y en particular, ¿qué es un campo cultural? Daré un ejemplo de un campo cultural en otro ámbito, distinto al teológico; por lo que no debe relacionarse directamente con el campo teológico que yo propongo. El ejemplo es la consciencia humana (como esfera psicológica). No es un fenómeno, pues no es un hecho observable, sino una presuposición para las narrativas que hacemos acerca de otras realidades diferentes a la consciencia. Es decir, un campo es algo que está presente, como una presuposición, al hacer relatos sobre otras cosas. El estudio del campo teológico propuesto incluirá indagar lo intrincado de su estructura, es decir, del entramado de relaciones entre sus propiedades.

Sunday, January 05, 2014

Sobre «Dios» — ¿Para qué sirve?

¿Para qué sirve la teoría de campo teológico? ¿Qué problema ayuda a resolver? La presente investigación es parte de un programa más grande de indagación. Ese programa más grande es un programa de investigación científico-filosófica sobre la naturaleza humana y su relación con el cambio social. ¿Se necesita algún cambio social o la sociedad debe permanecer sin cambios drásticos? Tal pregunta trasladada a la escala individual indagaría si una opinión, cualquiera que la persona considere como suya, requiere algún ajuste para ser mejorada, debe ser por completo reemplazada por otra opinión más justificada, o debe permanecer sin cambio alguno. Por supuesto, sólo el individuo mismo es quien realizaría esa indagación con sus propias opiniones.

Si la persona no duda cada vez más entonces es cada vez más susceptible de engañarse a sí misma, aun si acepta dogmáticamente la frase anterior. Es evidente que el problema es de tipo filosófico; es decir, no tiene respuesta sino historia. Por lo cual este programa de investigación no pretende dar solución definitiva a un problema en particular sino a fomentar la exploración científico-filosófica a nivel individual. Esto implica que la presenta investigación es tan sólo una ayuda para aproximarse a la solución del tipo de problemas relacionados con la insuficiencia de investigación por parte de los individuos acerca de sus propias opiniones. En otras palabras, no indagamos lo suficiente nuestras opiniones y, como consecuencia, nos mentimos en un grado tal que creemos que no hay tal mentira en ningún nivel concebible. Tomar conciencia del nivel de mentira que aceptamos, mentira que proviene de uno mismo, es un paso necesario para contribuir positivamente al cambio social.

Algunas cosas en la sociedad cambian, otras permanecen sin cambio aparente. Si bien el individuo puede ser brillante, la sociedad humana en su conjunto no parece aún encontrar maneras globales para vivir en armonía. Algunos afirman que no es posible, y con tan tajante afirmación tan sólo se hacen parte del problema. No afirmo la proposición contraria, que sería igualmente tajante, sino que no tenemos manera para hacer afirmaciones tajantes sobre lo que lo humano es, excepto que puede ser muchas cosas. Si la naturaleza humana no es fija del todo sino que tiene aspectos moldeables por el ambiente cultural, entonces el rumbo de la cultura depende no sólo de líderes sino de cada individuo. Es decir, hay cambio social, pero parece ocurrir en direcciones que sólo benefician a las perspectivas de esos líderes. En tanto que el individuo permanezca aceptando que es necesario seguir sin cuestionamiento a esos líderes, en esa medida el cambio social ocurrirá para el beneficio de sólo algunos, los mismos de casi siempre.

Pero, ¿cómo el individuo, sin tener poder jerárquico y sin autoridad formal, puede contribuir a los procesos culturales que nos moldean? Si nadie posee el monopolio de la cultura entonces cualquier contribución individual ya sería parte de esos procesos. Se torna, entonces, indispensable hacer contribuciones y no permanecer sólo en la pasividad, en la ciega obediencia y en el absoluto apego a los cánones sociales instituidos por otros. La autocrítica es requisito para lograr cada vez mejores contribuciones: la investigación, la búsqueda por evaluar las ideas —especialmente las propias—, la reflexión, la mejora y el cambio de opinión, el desarrollo de las facultades básicas, como la razón, la experiencia, la duda. Una contribución individual asistida por una investigación científico-filosófica puede transformar la vida de quien la hace. El cambio social, para desprenderse del trayecto trazado por unos pocos, requiere que cada vez más individuos realicen indagaciones científico-filosóficas que los transformen. Pero para desprenderse del canon imperante es necesario no repetir la misma fórmula que busca competir y dominar sino explorar otras fórmulas, unas que busquen cooperar y compartir.

Como conclusión provisoria, la teoría de campo teológico sirve como una muestra de cómo la indagación personal puede transformar la opinión de un individuo. Así, además, la teoría de campo teológico sirve al programa de investigación del cual es sólo una parte, un programa de investigación sobre el cambio social.

Wednesday, January 01, 2014

Sobre «Dios» — Teoría de campo teológico

Contenido a la fecha:

  1. Preámbulo

  2. Teoría de campo

  3. Campo cultural

  4. Presuposiciones

  5. ¿Para qué sirve?

  6. Algunas aclaraciones

  7. Más aclaraciones

  8. Primera incorreción

Sobre «Dios» — Presuposiciones

Antes de proseguir con las fuentes de la teoría de campo teológico, y con su método crítico de indagación, pienso son necesarias algunas notas sobre las presuposiciones de dicha teoría.

La razón, la experiencia, y la duda son facultades humanas básicas que sirven para conocer, todo aquel que pueda leer esta frase tiene tales facultades; pero, cada uno desarrollaría esas facultades en función de su propio interés. La reflexión teológica aquí propuesta presupone una familiaridad elemental con el racionalismo, el empirismo y el escepticismo estudiados en gnoseología y epistemología como ramas de la filosofía. La teoría de campo teológico no acepta el principio de autoridad como fuente de conocimiento; es decir, no acepta ninguna otra fuente tras la razón, la experiencia y la duda del propio individuo reflexivo. En otras palabras, la teoría propuesta se puede ubicar en la categoría de la teología natural.

Al ser la teología una forma de reflexión filosófica, se presupone claridad conceptual acerca del ejercicio filosófico más elemental, incluidas las distinciones básicas entre ética y moral. Asimismo, se presupone práctica personal del ejercicio filosófico per se; es decir, la capacidad de plantear preguntas cada vez más atinadas para indagar con mayor profundidad algún asunto.

La teoría de campo teológico presupone un interés por indagar sobre la pulsión religiosa primordial en el animal humano, reconocible como algo perenne del drama humano y que ejerce una influencia poco trivial en nuestras opiniones y, por tanto, en nuestras acciones.

La teoría de campo teológico presupone una actitud favorable al liberalismo, libertarismo y libertinaje teológicos. Es decir, no prescribe qué pensar teológicamente sino que asiste al individuo reflexivo a desarrollar una expresión artística o poética de su propia subjetividad sobre lo sublime, lo venerable, lo virtuoso, lo supremo.

Sí, es cierto, el campo teológico es sólo una teoría, y además incompleta e inconsistente. Pero, ¿qué otra manera tenemos como humanos para interpretar la realidad sino a través de teorías o sistemas simbólicos anclados en el lenguaje? El humano ante la realidad no tiene otra opción más que preparar sus aparejos teóricos y lanzar sus mejores teorías con el anhelo de capturar atisbos, o casos particulares, de esa colosal, diversa y múltiple realidad que habita. La teoría del campo teológico es tan sólo otra conjetura más acerca de un aspecto de la realidad total, pero ¿hay alguna teoría que no sea una conjetura? Lo son incluso las teorías —aún sin refutación— tanto de la realidad astronómica como de la realidad evolutiva y de la realidad subatómica.

Sunday, December 29, 2013

Sobre «Dios» — Campo cultural

¿Por qué «Dios» como campo cultural? ¿No acaso la teología debe argumentar la existencia de un mundo sobrenatural, o explicar el origen del universo, o dar la revelación última del sentido de todo, o declarar el plan divino para el destino final de la humanidad, o dictar la mejor y única moralidad posible? Por supuesto, hay muchos tipos y muchas maneras de hacer teología, pero la pretensión de poseer conocimiento puede con facilidad desbordarse. Encuentro escasa honestidad intelectual en las pretensiones desenfrenadas que declaran poseer firme conocimiento de un supuesto mundo sobrenatural.

La teoría teológica propuesta sirve como un camino hacia la filosofía; es decir, propongo que el individuo tome a la reflexión teológica como una auto-indagación ante las preguntas de la existencia de divinidades o de lo sobrenatural. ¿Por qué quiero saber si existe un dios?, ¿por qué necesito que exista o que no exista?, ¿con cuál idea de existencia estoy interpretando el asunto?, ¿para qué necesito las respuestas y cómo usaré esa certidumbre desarticulada?

Si la palabra «Dios» refiere a un ser supremo antropomórfico que habita un mundo sobrenatural entonces su existencia podría ser argumentada sobre la base del valor de la ficción literaria. Por ejemplo, nadie duda de la existencia de Madame Bovary como personaje de ficción, su función artística y literaria le da un lugar predominante en el imaginario de sus lectores, un lugar incluso mucho más valioso que el lugar de Gustave Flaubert.

Propongo a «Dios» como un campo cultural pues así se hace algo cultivable, es decir algo sujeto de desarrollo personal; una pulsión primigenia con posibilidad de ser desarrollada como una facultad de un adulto maduro. Además, «Dios» como campo es aplicable transversalmente en el ejercicio de interpretar la colosal diversidad y multiplicidad en la realidad que habitamos; es decir, «Dios» como campo intersecta otras esferas de la vida del individuo o del grupo y hace variar las perspectivas de maneras muy peculiares. «Dios» como campo cultural no es un cuerpo doctrinal en pugna por un territorio definitivo sino otra herramienta más de interpretación de la realidad. Una herramienta más que sirve al individuo o a la sociedad para sus planes y propósitos, no una potestad caprichosa que somete al individuo y lo encierra en el pensamiento dogmático.

Propongo a «Dios» como un campo cultural pues así forma parte de la base de una auténtica vida espiritual, entendida como una vida de pensamiento, de reflexión y de literatura. No como la miseria ocasionada por una vida basada en dogmas exagerados y desenfrenadas pretensiones de conocimiento que producen obcecación y estancamiento religiosos.

Propongo a «Dios» como un campo cultural dentro de un sistema teológico generativo pues así se hace una herramienta para que el individuo reflexivo desarrolle sus propias teorías teológicas. Teorías que le asistan en su autoconocimiento y que sean más acordes con el ser propio que resulte de esa auto-indagación. Así, en función de ese individuo reflexivo, se podrían desarrollar teologías de muchos tipos, ya sea una teología liberal, libertaria o libertina, o de otros tipos con tal de servir a una mejor interpretación de la realidad teológica subjetiva en dicho individuo reflexivo.

Entonces, en teología de campo, si se intentase explicar la idea de «Dios» como campo cultural, pero utilizando muy pocas palabras, entonces se podría decir que sería semejante a referirse a la intuición más profunda de la verdad que una persona logra en una circunstancia dada. Por supuesto, esa idea de verdad debe entenderse en el contexto de la reflexión teológica; es decir, no se refiere a una verdad demostrable, como la verdad científica o histórica, sino a una intuición aguda, inefable y subjetiva.

Saturday, December 28, 2013

Sobre «Dios» — Teoría de campo

¿Qué es «Dios»? ¿Existe referente cuando usamos la palabra «Dios» o es sólo otra trampa del lenguaje al usarlo con descuido y sin rigor alguno? El concepto «Dios» ha sido vilipendiado por el abuso tanto de instituciones religiosas como de vulgares ateísmos en su guerra por establecer su verdad sectaria y ortodoxa. Al ser «Dios» un concepto tan desgastado a través de los siglos es requisito primero aclarar a qué nos referimos para luego intentar responder a tales preguntas. Por ejemplo, ¿existe un ser supremo antropomórfico?, ¿habita tal ser un mundo sobrenatural?, etc. Preguntas de ese tipo podrían ser de interés para alguien pero para justificar el sentido de tales preguntas ese alguien tendría que desarrollar primero otras teorías adecuadas que enmarquen un alcance propicio a su indagación, un alcance dentro de los límites de la verosimilitud.

Por otro lado, en la presente meta-teoría teológica —teoría acerca de teorías teológicas— se propone que «Dios» sea un campo cultural en dos escalas: una escala psicológica y una escala sociológica. Un «campo» es un entramado de relaciones entre las propiedades de una situación particular en la cual un individuo, o un grupo, realizan una interpretación de la realidad; otro nombre para el concepto de campo es «forma simbólica». Así «Dios» juega un papel decisivo en las opiniones y en las acciones del humano ante situaciones difíciles de gran importancia personal o grupal.

Por ejemplo, en la escala sociológica, el grupo radical de zelotes judíos, en el año 70 de la Era Común, ante la opresión romana sobre la soberanía judía, resolvieron que con la rebeldía y la lucha armada era posible quitarse de encima al opresor; aun cuando la fuerza militar romana era mucho muy superior en estrategia y en número. En su interpretación de la realidad «Dios», como campo teórico, jugó un papel decisivo en los acontecimientos. La avanzada final del ejército romano en contra del magnífico templo judío encontró en su interior a seis mil zelotas, listos para luchar hasta la muerte, como un honor, por la defensa de su templo.

Asimismo, dentro del ambiente moral imperante durante el medioevo español operaba el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, originado por Gregorio IX en 1233, y dedicado a la búsqueda y al castigo de la herejía, entendida como toda opinión desviada de la ortodoxia oficial. «Dios» como campo cultural, en parte, justifica la lógica en ese ambiente moral imperante por la cual se percibía al disenso como un muy grave problema que debía combatirse sin reparo. De tal modo que los inquisidores españoles aplicaban con especial esmero la tortura pues, así lo interpretaban, entre mayor el sufrimiento mayor la posibilidad de salvar el alma del hereje y procurarle dicha eterna en el paraíso celestial.

Otro ejemplo, esta vez en la escala psicológica. Es «Dios», como forma simbólica para interpretar la realidad, lo que asiste a una persona en su decisión de no seguir la corriente moral de su grupo social en actuar como lo que realmente la persona no es. Ya sea la mujer que no guarda sumiso silencio ante la misoginia católica o ante el machismo, o la lesbiana que expresa su amor con libertad total y soporta simultáneamente el escarnio público homofóbico.

Otro ejemplo. Como parte de la estructura psicológica de una persona puede estar presente «Dios» como campo interpretativo y así explicarse su completa resignación a no actuar en esta vida como realmente quisiera con tal de conseguir una supuesta vida futura, después de que haya muerto, en un supuesto mundo sobrenatural; aun si para conseguirla debe aceptar la devaluación de su persona al admitir que siempre requerirá de la tutela de prelados o ministros de culto religioso.

Un ejemplo más. Una persona desarrolla lo necesario para la vida en pareja, con amor comprometido de muy largo plazo, con plena conciencia de las dificultades y fortunas, por medio no de la habilidad para guardar las apariencias sociales, políticas o religiosas sino por la interpretación de esa situación con apoyo de «Dios» como campo teórico.

Pero, también es «Dios» como campo lo que contribuye al desarrollo del espacio íntimo de reflexión individual. Donde la vida interior, al renunciar a sí misma, al abstraerse de banalidades y mediante una contemplación absorta de lo sublime, entra en una aprehensión espiritual de las verdades inefables que se hallan tras los poderes del entendimiento.

En siguientes ocasiones ofreceré la explicación detallada que esta teoría teológica ofrece para estos, y otros, casos.