Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Monday, December 21, 2015

Sobre «Dios» — ¿Cuándo debato el judeocristianismo?


Debate como combate es una perspectiva tradicional: lo que importa es vencer al oponente y demostrar que las ideas propias son superiores y están por encima de ideas diferentes. Eso sería lo tradicional y lo popular. No me impresiona pues con frecuencia encuentro lo tradicional y lo popular como algo lleno de descuidos y torpezas. Por ejemplo, no encuentro mérito alguno en defender ideas que ofrecen una clara conveniencia personal: ocurre que después de analizar el asunto las ideas correctas son, precisamente, las mías, ¡sorpresa, las mismas ideas que ya tenía antes de iniciar dicho análisis!

Cuando la segunda mayor certeza –después de la certeza de la muerte– es que con seguridad hay algún aspecto, de algún modo, desde alguna perspectiva, que mis ideas están equivocadas y no corresponden a la realidad pues la realidad es siempre múltiple y es siempre compleja.

Si las personas asumen poseer el monopolio de la realidad entonces cometen suicidio intelectual: afirman que ya no tienen nada por aprender –es decir, cambiar–.

Recién recibí una invitación a debatir el judeocristianismo. Antes de aceptar averigüé qué se buscaba con eso y enseguida decliné la invitación al confirmar que no había intención alguna de examinar las ideas propias sino sólo se buscaba un medio para demostrar cuán “buenas” eras esas ideas. Me pareció una pérdida de tiempo en la que no tengo intención alguna de participar pues de esa manera el tema a debatir quedaría depreciado.

Mi entendimiento de un debate edificante, por el contrario a lo tradicional, es aquel que busca un empate: indagar y reconocer los puntos sólidos en las ideas del otro.

Sunday, December 20, 2015

Sobre «Dios» — Debatir el judeocristianismo


Una invitación a debatir sobre judeocristianismo puede ser una invitación interesante. Pero, sugiero ir con mucha calma pues la prisa suele ser con frecuencia la causa de muchos tropiezos de pensamiento en dicho tema. Primero, ¿para qué se quiere debatir? ¿Qué se busca lograr con debatir? La pregunta inicial pertinente no es por qué se quiere debatir algún aspecto en específico, sino para qué se invita a debatir. ¿Se puede dar un ejemplo de lo que se busca que ocurra si se acepta dicha invitación a debatir? ¿Se desea examinar a fondo algo de manera cooperativa o, por otro lado, se desea defender a capa y espada algún prejuicio ya establecido sin cuestionarlo? ¿Se busca el autocultivo y el aprendizaje propio —es decir, la mejora o el cambio de mentalidad— o sólo importan los excesos de la fe ciega o del total desdén hacia los relatos religiosos judeocristianos?

El judeocristianismo ciertamente es un tema de mi interés pues tengo muchas preguntas al respecto y, además, porque en mi pasado he invertido intensas emociones y muchos años en una vida congregacional cristiana. Digo ‘en el pasado’ pues después de cuarenta años abandoné toda forma de cristianismo y desde hace cinco años que me interesa el estudio de su historia como fenómeno sociocultural.

El ignosticismo es mi punto de partida para examinar los relatos religiosos judeocristianos. No dije ‘agnosticismo’, sino ‘ignosticismo’; es decir, mi punto de partida para examinar estos relatos debe ser el esclarecimiento de cuál es el referente de la palabra ‘dios’. ¿Qué es ‘dios’? ¿Qué se entiende por ‘dios’? Una vez acordado a qué nos referimos con esa palabra entonces una conversación inteligible podría proceder.

Si el referente se entiende como parte de un mundo sobrenatural, entonces yo no tengo nada que aportar a tal conversación pues yo no sé nada sobre eso. Es decir, mi posición epistemológica al respecto es el agnosticismo. Asimismo, dudo que quienes afirman saber de eso realmente sepan de lo que hablan.

Por otro lado, si el referente se entiende como parte de la condición humana, entonces la discusión sí me interesa mucho pues tengo muchas preguntas y una agenda de indagación sobre antropología filosófica.

Saturday, October 31, 2015

Sobre «Dios» — Amadeo y Macario. Episodio 2.


(Episodio 1)

—Mira, Macario, quiero dejar en claro algo —contesta Amadeo con firmeza pero sin poder ocultar el sentimiento detrás de sus palabras—. Tú has dado la espalda a nuestra amistad y a ese pacto de hermandad radical que al parecer ya olvidaste. El pacto que hicimos aquellas madrugadas, después de horas de oración y clamor a Dios, fue «¡Hasta la última gota de sangre!» Yo lo tengo muy presente. ¿Acaso lo olvidaste? ¿Fue sólo un juego para ti? ¡¿Tan poca cosa resultaron tu palabra y tu compromiso como hermano en el Espíritu?!

—Ese pacto lo tengo tan fresco en mi memoria como si hubiese sido ayer. De eso quiero hablarte pues es precisamente ese compromiso por buscar la verdad lo que no puedo, ni debo, eludir.

—¡No Macario, no! Tú estás muy equivocado. Ese pacto no lo hiciste con hombres, ¡sino con Dios, y a Él tendrás que darle cuentas!

—Comprendo que lo veas así. Así también lo creí. ¿Recuerdas mi bautismo en aquella fuente pública?

—Claro, yo mismo te sumergí.

—Así fue. Desde entonces he intentado tomar muy en serio lo que hice: sepulté mi vida pasada y renací para una nueva vida dedicada a la gratitud por lo que hizo Jesús, El Cristo.

—¿Y qué pasó? ¿Por qué ya no eres parte de Su iglesia verdadera?

—¡Excelente pregunta Amadeo! Mira, de todo eso quiero platicarte. He intentado tomar en serio tu ejemplo de esmero y dedicación al estudio más importante para un cristiano: el estudio de la Biblia.

—No te comprendo Macario. Ese estudio debiera haber fortalecido tu fe y solidificado aún más tus convicciones en la verdad que yo mismo te enseñé. Pero siento, con mucha pena, que te has desviado hacia el error y hacia la herejía. ¡La salvación de tu alma está en riesgo! ¿Acaso quieres ir al infierno por toda la eternidad? ¿Olvidaste la misión de salvar a este mundo perdido?

—La cosa es, Amadeo, que estudiar un poco más en serio todo este asunto del cristianismo me ha llevado a repensar muchas de las ideas que creía tener tan firmes, pero cuya base ha resultado hueca.

—¿Por ejemplo?

—La inspiración divina de la Biblia, por ejemplo. La idea de que lo escrito ahí sean los pensamientos de Dios es la idea de algo milagroso. La inspiración divina de la Biblia sería un milagro sobrenatural hecho por Dios. Si ese milagro ocurrió o no hace más de dos mil años es algo que desconozco, pero al parecer no ocurrió ningún milagro de preservación de esos textos inspirados. No contamos con ningún original, tan sólo contamos con muchas copias que difieren de tantas maneras entre sí que tal inspiración queda irremediablemente entredicha.

—Macario, ¿olvidaste lo más básico? ¡Es algo que se entiende a través de la fe!

—¿La fe? Pero, ¿cuál fe? Quizá te refieres a la fe como confianza. Entonces, precisamente, no encuentro bases que sostengan tal confianza. ¿O te refieres a la fe teologal? Entonces habrá que hacer teología, y voy cayendo en cuenta que hacer eso en serio requiere mucho estudio y preparación. En eso estoy.

Wednesday, September 16, 2015

Sobre «Dios» — ¿Es la fe una virtud o un vicio?


Me ha intrigado todo ese asunto de la noción de «fe» en las religiones cristianas. Por eso, en parte, me ha interesado hacer indagaciones teológicas. Me ha interesado reflexionar sobre si hay algo de fondo en el asunto o sólo es una tomadura de pelo, una engañifa. En particular me intriga esa noción de fe como «virtud teologal». Por un lado hay quien dice que es algo muy simple y sencillo de explicar y entender. Por otro lado hay bibliotecas enteras con innumerables tomos dedicados a este tema supuestamente muy simple de entender. Quizá tan sólo ocurre que soy muy estúpido para lograr entender un tema tan simple y sencillo; podría ser el caso. Sin embargo, si es tan simple, ¿por qué ha habido tanto conflicto en la historia de las religiones cristianas?

¿Qué es fe?, ¿cómo saber si alguien tiene o no esa supuesta virtud?, ¿en qué condiciones tal virtud se torna en vicio?

He leído que no se puede entender a la fe, que sólo ocurre como un acto de providencia divina. Uno podría procurarla, pero tenerla o no depende por completo de la acción divina. Además, que es algo que no puede entenderse racionalmente pues la arrogancia del intelecto humano lo impide.

Quizá, pero también el tema se ha prestado como excusa para no pensar, para no cuestionar, para no evaluar críticamente tal noción y su relación con las acciones y los hechos. En ese caso, si la fe fomenta la pereza mental y la incompetencia para esclarecer qué es de lo que se habla, entonces ¿en qué está basada esa supuesta virtud y cómo deja de serlo para convertirse en un vicio?

También he escuchado que la fe viene de estudiar la Biblia judeo-cristiana. Sin embargo, no toda persona que estudia la Biblia es una persona de fe. Hay quienes ahora estudiamos la historia cultural de la Biblia e indagamos el fenómeno histórico de las religiones cristianas por la simple curiosidad y ganas de entender mejor nuestro entorno sociocultural. Si alguien estudia la Biblia con profundidad histórica no significa que debe leerla como si fuese un periódico del día de hoy. Hay quienes no olvidan seguir indagando preguntas relevantes como: ¿qué es la Biblia? o ¿qué son los judeo-cristianismos?

Por supuesto, todo esto requiere estudio, reflexión personal y cultivo de las facultades propias para evitar tropiezos ya clásicos en la historia de estos temas. Como dijo Marie Curie: «nada en la vida debe ser temido, sino comprendido.» Hace un tiempo comenté sobre Arquetipos de fe.

Saturday, August 22, 2015

Sobre «Dios» — Indagar lo cristiano


¿Por qué el cristianismo sigue siendo para mí un tema tan atractivo? Ya no soy cristiano ni tengo tampoco ningún interés en avanzar ni en estorbar ninguna agenda religiosa en específico más allá de lo que yo quisiera avanzar o estorbar, digamos, alguna agenda sociopolítica ultraconservadora. No me interesa tomar partido en ningún sentido fanático. Lo que sí me interesa, ante esos dos casos, o ante cualquier otro asunto relevante, es que se discuta desde una perspectiva amplia; es decir, que se busque entender y se reconozca la pluralidad de perspectivas y las complejidades históricas que con seguridad subyacen a cualquier tema cuyos efectos nos inquietan pues tocan aspectos en la diversidad de realidades sociales a nuestro alrededor.

Pensar el cristianismo es algo atractivo para mí pues es como si un pez pensará sobre lo que parece ser algo constante a su alrededor y entonces se preguntara: ¿qué será esto en lo que estamos inmersos?, ¿se podría distinguir entre esto, digámosle ‘agua’, y entre otra cosa, digámosle ‘no-agua’? Otro ejemplo, quizá más claro, es aquel ciudadano en India que empieza a preguntarse: ¿qué es hinduismo?, o aquel otro ciudadano japonés preguntándose: ¿qué es sintoísmo?

Se podría decir que me interesan los estudios en religión comparada; en parte sí, pero como algo providencial —es decir, como algo que ayude a uno a disponerse o a prepararse para algo más.

El cristianismo puede encandilar de una manera irresistible, como una luz brillante lo hace con algún insecto. Quizá por ahí va el asunto que me interesa reflexionar: cómo tal insecto podría sacudirse por sí mismo el encandilamiento o cómo el pez podría reconocer la diferencia entre agua y no-agua mientras no pierde la vida en el intento.

Reflexionar sobre cómo es que nuestras sociedades están inundadas de cristianismo sería un hábito en la formación de una conciencia adulta. Por ejemplo, no todo en la así llamada Edad Media fue oscurantismo. En parte, y por inverosímil que parezca, el cristianismo es responsable del desarrollo del pensamiento científico que ahora domina la técnica contemporánea. Por supuesto, no todo cristianismo es parroquial, por lo que me refiero a ese otro cristianismo de las elites cultas que, después de muchos siglos de espera, descartaron la idea del regreso de Cristo como algo realmente inminente. Habría que desempacar las maletas pues el “reino de los cielos” podría no estar del todo en un supuesto mundo sobrenatural sino aquí y ahora; por lo cual fue pertinente dejar abiertas algunas puertas para el estudio de este mundo natural.

Una premisa en mi punto de partida es la sospecha de que, con mucha seguridad, mi entendimiento actual del cristianismo está equivocado o demasiado sesgado. Por lo que en mis indagaciones sobre el cristianismo no tomo sólo aquello que confirme lo que ya opino sobre el cristianismo, sino que, por el contrario, busco con el objetivo explícito de poner bajo examen crítico mis opiniones actuales sobre el cristianismo, ya sea para o mejorarlas o cambiarlas por unas opiniones mejores.

Wednesday, July 08, 2015

Sobre «Dios» — ¡Atrévete a pensar teológicamente!


Hace cuatro años, en abril de 2011, reflexionaba sobre la fe teologal (ver La religión como poesía). Ese intento por explicarme y por intentar ubicarme con respecto a la teología podría servir de contexto para entender mi reciente escrito sobre la potencial fuerza liberadora de hacer por uno mismo el ejercicio teológico (ver La teología libera).

Pero para hacer teología hay que perder el miedo a la libertad. Además, hay que tener presente la distinción entre libertad negativa y libertad positiva que hace Erich Fromm en su obra «El miedo a la libertad».

«¡Atrévete a pensar!» como lema primordial del pensamiento ilustrado sigue siendo para mí el llamado más prudente.

Sunday, July 05, 2015

Sobre «Dios» — La teología libera


La teología libera. La práctica teológica personal ayuda al desarrollo de la conciencia crítica, y viceversa: una conciencia crítica ayuda al desarrollo de la práctica teológica personal. Quizá esto sea el meollo de hacer teología: examinar y cuestionar los supuestos legados por la cultura alrededor y llegar a pensar lo inefable por uno mismo.

El ejercicio teológico personal es posible en la medida en que se pongan bajo examen crítico a los dogmas e inercias socioculturales imperantes alrededor de uno. Hacer teología como individuo es distinto a someterse a teologías institucionales o colectivas. Un individuo en busca de madurez espiritual necesita lograr su propia expresión teológica, su propio sistema teórico para concebir lo inefable: una estructura conceptual o una familia de esquemas de pensamiento que le ayuden a interpretar la realidad de la brutal condición humana.

Un rasgo de un ejercicio teológico libre y maduro está en abandonar el miedo a pensar diferente y lograr una opinión distinta a lo establecido. Una teología personal madura no trata de lo correcto o incorrecto, o de lo verdadero o falso, sino de lograr una expresión teológica realmente propia y sin servidumbres ortodoxas institucionales.

Una expresión teológica desarrollada, a diferencia de una insipiente e incipiente, no se relaciona de manera directa con ninguna moralidad ni con la ética (filosofía moral), sino con poesía, con arte arquitectónico y con el arte de pensar con libertad.

Una teología personal, entonces, suele verse involucrada en disputas entre ortodoxias institucionales y heterodoxias individuales. Por ejemplo, el sacerdote parroquial y doctor en teología John Wycliffe (1330?-1384) rechazó el dogma institucional católico de la transubstanciación. Ese acto de libertad teológica, históricamente, resultó ser una de las semillas de las que brotaron muchos movimientos cristianos protestantes, como el de Martín Lutero –como él mismo lo reconoció por escrito– y muchos otros movimientos desde entonces hasta la época contemporánea.

Por supuesto, una ortodoxia institucional empieza como una heterodoxia individual; es decir, un ejercicio teológico individual puede convertirse en una nueva ortodoxia institucional si muchos abandonan su propia facultad para hacer teología y en lugar de eso prefieren la cómoda y segura ruta de la servidumbre y de la esclavitud de no pensar por sí mismos.

Ya sea la transubstanciación o la consubstanciación, la transfinalización o la transignificación, la trinidad, la divinidad de Cristo, la virginidad de María, la autoridad eclesial, la creación, el cielo, el limbo, el purgatorio, el infierno, la inspiración bíblica, los monoteísmos, los politeísmos, la inmaculada concepción, la resurrección, la infalibilidad papal, la expiación de pecados por gracia, la revelación divina, el pecado original, la salvación bautismal, el alma, la vida eterna, la omnipotencia, la omnipresencia, la omnibenevolencia, etc., todos son dogmas que sostienen a una u otra ortodoxia institucional y están ahí, disponibles, como materia de examen crítico en ejercicios teológicos personales por parte de librepensadores.