Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, February 12, 2017

Sobre «Dios» — ¿De quién es la Biblia?


«En serio», es decir, como algo grave e importante, que demanda profunda consideración: estudiar «en serio» la historia de los textos de la Biblia permitiría al ciudadano en las culturas occidentalizadas —con o sin afiliación religiosa— tomar mayor conciencia de, por ejemplo, a quién pertenece la Biblia y quién está autorizado para interpretarla.

La importancia de dicha reflexión histórica no es menor si ese mismo ciudadano busca, además, tomar conciencia de que el espíritu de cada época, a través de los siglos, en esas culturas se puede definir en términos de cómo se ha entendido quién es Jesús, el así llamado Cristo. Tal interpretación ha sido distinta en cada época, y cada una ha pretendido ser la original o primitiva.

¿De quién es la Biblia?

“Tres señoras entran en una tienda de libros. Una es judía y las otras dos son cristianas —una católica y la otra protestante—. Las tres quieren regalar una Biblia en el cumpleaños de un familiar. El tendero, en cada ocasión, pregunta: ¿cuál Biblia quiere usted? Y en tres ocasiones recibe la misma respuesta: Quiero la Biblia, toda la Biblia, y nada más que la Biblia. El tendero, para evitar una reclamación posterior, con cautela pregunta la afiliación religiosa de cada una y a cada una ofrece una Biblia distinta que, en efecto, no coinciden en contenido —número de libros, para empezar: la Biblia católica tiene más libros que la Biblia protestante, y la Biblia hebrea contiene aún menos libros—.”

Repito: ¿De quién es la Biblia?

Sunday, January 29, 2017

Sobre «Dios» — ¿Inspiración divina?


El progreso en la comprensión de un tema a veces se logra al cuestionar las nociones populares sobre dicho tema. Por ejemplo, el tema de la inspiración divina de los textos de la Biblia. Alguien diría que eso no se puede entender e intentarlo es perder el tiempo de la manera más necia y torpe; por tanto, —según esa posición— se debe elegir una de dos posibles opciones mutuamente excluyentes: se debe aceptar como un dogma de fe o se debe rechazar como una patraña.

Por otro lado, desconfío de esas enérgicas dicotomías que pretenden forzar la total realidad de un tema complejo en tan sólo dos meras opiniones. Por tanto, me pregunto: ¿cómo puedo entender mejor la noción de la inspiración divina de los textos bíblicos? Pues un posible primer paso es imaginar tal noción como una mera suposición y no como algo cabalmente comprobado. De ahí la indagación personal puede continuar y desarrollarse por muchos posibles rumbos. Una posible siguiente pregunta: ¿hay indicios de esa noción en los propios textos?; es decir, ¿el escriba reconoce de alguna manera que le ocurrió tal inspiración?

El caso es que hay entre dos y tres milenios de distancia histórica entre nosotros y esos textos antiguos. Las dos opciones de la dicotomía menciona en el párrafo inicial simplemente no son las únicas que se han considerado en todo ese tiempo. Hay muchas, muchas, otras perspectivas alrededor de los criterios que formaron el canon tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. No contamos con evidencia de los criterios usados para tales cánones; lo que hay son teorías de varios tipos como aproximaciones a lo que pudieron haber sido dichos criterios. Lo curioso es que ninguna de las teorías que he indagado incluye el criterio de inspiración divina.

Por ejemplo, Marción, en el segundo siglo de la Era Común, propuso criterios para formar un canon judeocristiano. Para él, el Antiguo Testamento trata de un dios inferior y diferente del dios de su propuesta; la cual sólo incluía el evangelio de Lucas y algunas cartas de Pablo. El dios del canon de Marción era un dios diferente del dios del Antiguo Testamento. Aunque no parece que él siquiera hubiese escuchado nada acerca de la noción de una supuesta inspiración divina.

La noción de que los textos bíblicos son resultado de una inspiración divina está directamente relacionada con la noción de la infalibilidad de los relatos en dichos textos y con la noción de esos textos como «Palabra de Dios». Pero esas nociones son desarrollos históricos posteriores a la redacción de los textos mismos; es decir, esas nociones no se encuentran en esos textos, sino son conceptualizaciones añadidas encima de los textos. Tales adiciones son resultado de sistemas de interpretación utilizados en siglos posteriores por diversos intérpretes, cada uno con su agenda de intereses particulares.

Cada una de esas nociones —entre otras: inspiración divina, infalibilidad, «Palabra de Dios», tan sólo las mencionadas aquí—, ha sido objeto de estudio en indagaciones variadas; por ejemplo, de tipo teológico, literario, histórico, etc. Y existen volúmenes y volúmenes de publicaciones derivadas de tales indagaciones. Así que su sola mención impone aclarar de qué se habla. Por ejemplo, un planteamiento de la inspiración divina propone que tal inspiración sólo aplica al texto manuscrito autógrafo; es decir, el “texto original” redactado por la mano del autor. Por lo que no aplica para las copias manuscritas posteriores, ni para ninguna de las traducciones en otras lenguas distintas a ese “texto original”. En otras palabras, según ese planteamiento, la inspiración divina no aplica en el caso del texto de las ediciones en castellano actual pues tal inspiración no aplica para el traductor ni para el proceso de traducción al castellano actual.

Al parecer ese “texto original” fue redactado en griego koiné. Yo no sé leer griego koiné, mucho menos sé traducirlo al castellano actual, quizá nunca sea capaz de hacerlo en lo que me resta de vida pues no está a mi alcance por muchas razones. Entonces, según ese planteamiento, jamás leeré las palabras inspiradas y jamás me enteraré de ese mensaje original. Sin contar con el hecho histórico de que tal “texto original” hace muchos siglos que se perdió en las arenas del tiempo. Lo único que nos llegó en el presente son copias, las cuales no todas son iguales entre sí, y nos llegaron traducciones de esas copias que han hecho diversos traductores, cada uno con su propia agenda.

Esos planteamientos indican que la inspiración divina fue un acto sobrenatural, un milagro divino, cuyo resultado fueron escritos inspirados. Pero, al parecer, no ocurrió ningún milagro para preservar dichas composiciones escritas originales en griego koiné. “El mensaje” llegó al presente en forma de una compleja trama de interpretaciones y traducciones, como una mezcla de múltiples significados superpuestos en capas textuales acumuladas durante siglos. Quizá no hay tal cosa como “El mensaje bíblico unívoco”, sino una cacofonía heterogénea divergente que explica el rasgo de los judeocristianismos por el cual con frecuencia han tomado el camino de la escisión.

Saturday, January 28, 2017

Sobre «Dios» — Acerca de «Dios»


Poco a poco, muy lentamente, sospecho que se acerca el momento. Quizá no pase mucho tiempo más antes de que llegue la hora de hacer un “corte de caja” personal, un profundo examen de conciencia, un ajuste de cuentas para conocer mi “saldo” a la fecha; el día se acerca para expresar de manera directa mi mera opinión sobre un asunto de mucha importancia personal: «Dios».

Ocasionalmente he tocado temas sobre la historiografía de algunos textos antiguos, tanto religiosos como seculares. También sobre sistemas de interpretación de esos añejos relatos y sobre los efectos embriagantes que pueden tener algunos de esos sistemas interpretativos. Pero reflexionar sobre textos remotos no es lo mismo que reflexionar sobre «Dios».

¿Qué es «Dios»? No pregunto qué es «deidad», sino «Dios». ¿Será posible usar la palabra «Dios» en general y sin apegarse a una idea de «deidad» de alguna religión organizada, institucional y doctrinaria?

Pero mi sospecha del párrafo inicial se desvanece al recordar que «Dios» quizá es lo inefable y, por tanto, las palabras —el logos griego— no sirven para expresar aquello que quisiera expresar. Por fortuna hay más que palabras para poder expresarse; por fortuna, también contamos con el ethos y el pathos, desde la antigüedad clásica, para poder cultivar la expresión humana sobre los asuntos de importancia personal.

Saturday, January 21, 2017

Sobre «Dios» — Interpretar la Biblia hebrea


El Antiguo Testamento es la biblia hebrea. El Antiguo Testamento son las Escrituras sagradas del judaísmo; más de mil años más viejo que el Nuevo Testamento judeocristiano. Dos mil años nos separan de lo que relata el Nuevo Testamento, grosso modo, y tres mil años de lo que relata el Antiguo Testamento.

Entre más investigo sobre estas añejísimas colecciones de textos, más conozco su historia, pero a la vez más me doy cuenta de que yo –como aspirante a cosmopolita– tengo muy poca relación directa con esas tradiciones y sistemas de creencias religiosas. Es decir, yo no le debo reverencia alguna ni devoción a ninguna forma de judaísmo, incluyendo sus formas tardías judeocristianas.

Mis principales intereses a la fecha sobre esas colecciones de textos antiguos, entre otros, está (a) el análisis histórico-crítico en las disciplinas historiográficas, y (b) las interpretaciones no-devocionales como ejercicio hermenéutico nutrido por el análisis del punto (a) anterior.

Una interpretación literal de lo que leemos hoy en día, en castellano actual, en el Antiguo Testamento menosprecia lo escrito por los narradores y poetas israelitas de hace dos o tres milenios. Hace seis años reflexioné un poco sobre algunos aspectos del Antiguo Testamento y sobre que algunas interpretaciones dicen más de quien interpreta que dice del texto antiguo: La amenaza del pensamiento religioso.

Wednesday, January 11, 2017

Sobre «Dios» — ¿Interpretar “espiritualmente”?


He preguntado a muchos “maestros” de la Biblia por el significado de algún pasaje bíblico difícil de entender y algunos han contestado que sólo se puede entender “espiritualmente”. Al preguntar por el significado “espiritual” de alguno de esos pasajes he recibido respuestas diferentes, algunas del todo discrepantes entre sí. Incluso, en ocasiones distintas, he escuchado respuestas desiguales del mismo “maestro” sobre el mismo pasaje bíblico. Está claro que cada cual ha interpretado el pasaje como mejor le acomodó al momento.

¿Qué es interpretar “espiritualmente”?

Si una interpretación literal no es “espiritual”, entonces quizá interpretar “espiritualmente” se encuentre cerca de interpretar «metafóricamente». Eso explicaría la diversidad de significados “espirituales” a un mismo pasaje, incluso por la misma persona en ocasiones diferentes, al usar metáforas diferentes en cada ocasión.

Si esto es así, entonces un “maestro espiritual” de la Biblia se cultiva al indagar sobre las así llamadas «ciencias del espíritu» —en el contexto del conjunto de disciplinas llamadas ‘Humanidades’; por ejemplo, literatura, antropología, teología, religión comparada, historia, etc.

Por supuesto, la metáfora tan sólo sería uno entre muchos otros recursos disponibles para interpretar “espiritualmente” los textos bíblicos. Los siguientes tropos son otros recursos para una exégesis bíblica distinta de aquella imperante tendencia de siempre interpretar moralmente los pasajes de la Biblia. Es cierto, no hay ningún problema si alguien los interpreta moralmente para sí mismo; por otro lado, una interpretación moral se hace problemática si se impone sobre los demás bajo la insulsa idea de que “es Palabra de Dios”.

Un maestro de la Biblia, como cualquier otro maestro que esté más interesado en el aprendizaje que en la enseñanza, busca hacer pensar a los neófitos. No les dicta qué deben pensar, sino les da ejemplos de cómo pensar por sí mismos el tema en cuestión. Los otros “maestros”, quienes gustan de adoctrinar a sus audiencias con su implícito grito de batalla: “piensa como yo, o condénate”, tan sólo ejercen una prepotencia* a la que grotescamente llaman “espiritual”.

*prepotente: que abusa de su poder o hace alarde de él.

alegoría = Ficción en virtud de la cual un relato o una imagen representan o significan otra cosa diferente. Plasmación en el discurso de un sentido recto y otro figurado, ambos completos, por medio de varias metáforas consecutivas, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente.

metáfora = Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones.

metonimia = Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.; p. ej., las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.

sinécdoque = Designación de una cosa con el nombre de otra, de manera similar a la metonimia, aplicando a un todo el nombre de una de sus partes, o viceversa, a un género el de una especie, o al contrario, a una cosa el de la materia de que está formada, etc., como en cien cabezas por cien reses, en los mortales por los seres humanos, en el acero por la espada, etc.


Sunday, November 27, 2016

Sobre «Dios» — Estudiar la Biblia


Los años pasan y mi interés por el estudio de la Biblia y por la persona histórica de Jesús, el Cristo, no disminuye. Una especie de asombro, interés o curiosidad simplemente está ahí y no se va a ningún lado sino que, por el contrario, aumenta cada vez más. Sin embargo, habría que estar muy perturbado para esperar que dicho empeño se mantuviera exactamente igual, con las mismas miras, que en mi adolescencia y juventud temprana.

Una diferencia notable con esa época es que ahora no tengo perspectivas devocionales o confesionales en el asunto. Ya no estoy interesado en un sistema de creencias o una fe doctrinaria en particular, mucho menos me importa ninguna membresía dentro de partido o secta judeocristiana alguna. Tampoco me atañe la adopción de ninguno de los distintos sistemas morales judeocristianos; más bien me interesa evaluar tales esquemas morales dentro de un análisis de dichos fenómenos socioculturales —los judeocristianismos— como parte de una extensa reflexión ética.

Para mí, “estudiar la Biblia” ahora significa hacer indagaciones en el material histórico disponible, reflexionar sobre las perspectivas y examinar las pruebas, demostraciones, argumentos y conclusiones de los eruditos que dedican su vida profesional al estudio del Nuevo Testamento y a la historia de los judeocristianismos primitivos. Entre tantos posibles ejemplos de dicho material, menciono dos obras más o menos recientes.

The Historical Jesus of the Gospels.

Biographies and Jesus: What Does It Mean for the Gospels to Be Biographies?

Thursday, November 24, 2016

Sobre «Dios» — Hacer teología – Parte III


Al hacer teología (Ver: Generalizar la teología) será muy prudente no olvidar los delirios megalómanos del fanatismo:

«La actitud de quienes persiguen la afirmación de los propios principios morales dejando que éstos prevalezcan sobre los intereses reales de las personas de carne y hueso.» —Richard Hare.

Uno de esos delirios proviene de aceptar la idea de que lo divino es antropomórfico y sobrenatural y que esto toma algún partido; por ejemplo, que lo divino pertenece, de manera exclusiva, a un sector jerárquico socioeconómico, moral, racial, nacional o político particular.

Ahora que está de moda el eufemismo “supremacista” –en referencia a fanáticos racistas partidarios de una supuesta “supremacía blanca”–, diré que ese tipo de fanatismo es similar –en estructura ideológica– a la posición que defendí en una época pasada de ardiente fervor judeocristiano. La insulsa idea de un “cristianismo puro” me impulsó a intentar imponer a los demás una torpe moralina por encima de las necesidades reales de las personas. Eso fue propio de un joven menso: inconsciente de su colosal analfabetismo científico-filosófico.

Otra quimera del fanatismo –relacionada con la anterior– resulta de aceptar la idea de que es posible una “pureza moral” y que un prelado jerárquico de sacerdotes o ministros de culto religioso son los encargados de medir la “pureza moral” de los demás. Ver: ¿Pureza moral?

Otro espejismo del fanatismo proviene de aceptar la idea de que lo divino tiene voluntad y que tal voluntad se puede conocer de manera clara y precisa. Y que, además, ese “conocer” serviría como base para justificar alguna moral general y atemporal, sin tomar en cuenta contexto histórico local alguno.

He escuchado a no pocos esbirros adoctrinados en ideas como esas expresarse con la siguiente lógica:

“Si he llegado a esta alta posición socioeconómica –o de jerarquía eclesial– es por alguna razón, y esa razón es la voluntad de Dios. Para que yo cumpla su misión divina: hacer que predomine la verdad por encima de los mentirosos que están en contra de nuestra sana enseñanza.”

De tal manera justifican la búsqueda de una supremacía de un supuesto mundo sobrenatural sobre los asuntos de las sociedades aquí y ahora.

El fanatismo produce complejos sistemas de desvaríos tan entrelazados entre sí que no son fácilmente identificables, a menos que los individuos desarrollen su sentido crítico por cuenta propia. Y aun así, no se puede estar por completo seguro de que se han identificado todos.