Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, October 19, 2014

Sobre «Dios» — El anzuelo del cristianismo: poder y dominio


Si la audiencia del cristianismo es lo dañado en la sociedad, entonces ¿qué es lo sano?, ¿quién no necesita cristianismo? Pero, quizá más importante, ¿quién determina, y con cuáles criterios, qué es lo sano y qué es lo enfermo en la sociedad? ¿Es acaso signo de enfermedad lo diferente, lo no estandarizado, lo no mayoritario? Por ejemplo, ¿acaso los pueblos originarios de América estaban enfermos, o requerían redención, como para imponerles una forma particular de cristianismo? ¿O quizá el cristianismo fue tan sólo un mecanismo para la colonización entonces y lo sigue siendo ahora para los procesos de neo-colonización?

Desconozco si esas preguntas tengan respuestas definitivas, lo que sí recelo, a decir de ciertos discursos alentados por facciones ultra-conservadoras del cristianismo, es que quienes se llaman “líderes” en la sociedad, tanto en grupos religiosos como en corporaciones privadas o estatales, parecen suponer que si han llegado a esa posición jerárquica es por voluntad divina, o por alguna suerte de misión auto-asignada, para así usar ese poder a favor de la preservación y expansión de sus ideologías religiosas cristianas, y para la redención de las masas sociales que “tanto les hace falta” pues “carecen” de la salud que el cristianismo provee por medio de su redención.

El control y dominio sobre la vida de otros ha sido un trágico abuso en la historia de la institucionalización del cristianismo. La religión, en general, como simbolismo de lo inefable, no puede y no debe ser institucionalizada. La religión es algo importante para la vida humana, tal como la fraternidad o la amnistía, pero nadie puede ni debe pretender poseer el monopolio de lo inefable.

Como en política, también en religión participa como cómplice aquella masa rebañega que se presta como plataforma de quienes padecen ansia de dominación y egolatría. Es una lección importante que no debe olvidarse: entregar algo que corresponde sólo al individuo, como su libertad de conciencia, en manos de otros, cualesquiera, implica otorgar un poder enorme. En la literatura del poder, desde Aristocles (Platón), se advierte la no poca dificultad para que alguien desarrolle una sensibilidad moral excepcional tal que pueda evitar la latente corrupción por el poder. Por lo que las formas de poder legítimo deben limitar lo que se pueda hacer con ese poder. Pero en el campo de la pulsión religiosa, como aspecto inherente del humano ante la perplejidad de habitar una brutal realidad natural, nadie debe ostentar el poder sobre una persona más que la persona misma.

Sobre «Dios» — El anzuelo del cristianismo: lo sobrenatural


El cristianismo es un muy importante conjunto de religiones. Entre más entendamos al cristianismo, más entenderemos la realidad de la cultura que nos rodea, al menos en las regiones del mundo donde el cristianismo ha tenido una influencia histórica notable.

El cristianismo es atractivo por muchas razones. El cristianismo ejerce una atracción por su mensaje de redención dirigido no a todos sino a quienes reconozcan su necesidad de redención. El cristianismo dirige ese mensaje a lo dañado de la sociedad, no a lo sano. Lo sano en la sociedad no necesita cristianismo, lo sano no necesita redención ni rescate alguno, lo sano sólo es y sólo necesita seguir siendo lo que ya es. Sólo aquellos que necesitan redención son los que necesitan cristianismo.

Si el humano es un animal cualquiera entre los demás, si sólo es un primate más, entonces no requiere mayor redención que la que necesitan las demás especies. Pero en el cristianismo el humano no es una especie cualquiera sino el pináculo de todo lo viviente, la especie hegemónica, suprema, ante la cual las demás especies permanecen sometidas y sujetas a la disposición que de ellas haga la especie suprema, la especie humana. Según el cristianismo, el humano está en una posición jerárquica, por encima de toda la naturaleza, y sólo debajo del ámbito sobrenatural paradisiaco. En el cristianismo el humano es un ser especial, es el consorte de un romance eterno sellado por el sacrificio divino realizado por un seductor omnipotente e irresistible.

Sin embargo, el humano comparte una misma realidad biológica con el resto de las especies y está sujeto a las mismas vicisitudes naturales, como el hambre, el frío, la intemperie, la enfermedad, la vejez y, finalmente, la muerte. Al enfrentar la posibilidad de tan sólo ser un animal más entre los demás, no pocos humanos quizá han considerado la atractiva oferta que les ofrece el cristianismo: ser parte de una especie suprema y especial con tan sólo aceptar una posición jerárquica por debajo de los designios divinos sobrenaturales; uno de los cuales es reconocer la necesidad de redención.

El atractivo del cristianismo, en parte, no es que ayude a vivir de manera tolerable en una brutal realidad natural —cosa que la filosofía moral, secular y laica, bien puede lograr— sino que ofrece al humano la posibilidad de verse a sí mismo por encima de todo lo natural.

El atractivo sobrenatural del cristianismo ha ejercido una irresistible atracción tal que grandes masas sociales a lo largo de la historia lo han no sólo aceptado sino, además, propagado e impuesto sobre adultos e infantes por igual a costa de lo que sea, aún si haya sido necesario derramar hasta la última gota de sangre para su preservación y expansión.

No es un secreto que la fuerza de atracción del cristianismo ha sido utilizada con frecuencia por pequeñas elites de poder para fines demagógicos, de política turbia y anfibológica, de doble o triple moral, cual anzuelo que muerden no pocos incautos que asumen acríticamente que están atrapando una vida eterna sobrenatural.

El conjunto de ideologías religiosas que son el cristianismo se encuentran por doquier en nuestra sociedad y, como con cualquiera otra ideología, es necesario que el individuo reflexivo ejerza sus facultades críticas para indagar la realidad de cada asunto y cada mensaje que se le presente con presunciones exageradas, como la realidad de un supuesto mundo sobrenatural.

Sunday, September 28, 2014

Sobre «Dios» — ¿Para qué teología filosófica?

Si al usar la palabra «Dios» se pretende referir algo de suma importancia y de primerísima prioridad personal, entonces el individuo hará bien en buscar por todos los medios a su alcance el esclarecimiento de eso referido. Uno de esos medios, entre varios, será la reflexión orientada por aquellos fieles asistentes de la indagación: qué, quién, cuándo, cómo, dónde, por qué y para qué. Por otro lado, si la palabra «Dios», o «Diosito», sólo es parte de un modo local de hablar, sólo una manera para expresar sentimientos ocasionales y creencias marginales, entonces no hay sentido en perder un solo minuto en una letanía de disparates intrascendentes.

Desde el inicio las cartas permanecen abiertas, al estilo de Hans Küng en su obra «¿Existe Dios?», pero a diferencia de él, aquí tal apertura no tiene forma de una respuesta última, rotunda y contundente, sino de preguntas abiertas cuyo propósito es, precisamente, abrir la discusión y el debate, y no pretender zanjar semejante tema con respuestas preconcebidas por ideologías anacrónicas, como muchas manifestaciones fanáticas de las tradiciones religiosas abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo). Dicho con claridad, lo que aquí ocurre es una invitación a la teología filosófica pues los rumbos del mundo actual no prescinden de la religión sino que la asumen como un aspecto inseparable de lo humano. Aspecto al cual no pocos se oponen y otros no menos lo apoyan, pero nunca lo ignoran; no obstante, la invitación aquí desarrollada no es para oponer o apoyar sino para entender tal aspecto a partir de la reflexión y el análisis histórico-crítico y antropológico.

¿Para qué teología filosófica? Si la inconmensurabilidad del universo, tal como la revelan hoy las ciencias naturales, como la astrofísica y la cosmología, alienta un inagotable asombro y una inevitable perplejidad, entonces un individuo que palpita como parte de este universo no puede orientar su pensamiento sobre la existencia tan sólo con preconcepciones ideológicas del pasado sino que necesita actualizar su propio pensamiento cosmogónico para desarrollar su propio sentido de existir hoy en día.

Tuesday, July 15, 2014

Sobre «Dios» — No mentir con el literalismo textual

Por fortuna, algunos teólogos contemporáneos sí hacen un intento por divulgar su trabajo con claridad. Por fortuna, algunos de ellos no son del corte fanático que pretende apropiarse de toda la verdad y de toda la razón para el exclusivo uso de algún partido religioso, sino que realizan estudios en religión comparada. Por fortuna hay teólogos como William Willimon, en las ramas del protestantismo, o Karen Armstrong, o Albert Biesinger, en las ramas del catolicismo, que divulgan perspectivas distintas a aquellas perspectivas propias de la primera infancia de no pocos de nosotros adultos.

Como algunos saben, uno de mis proyectos personales de indagación es desarrollar una teoría teológica liberal, libertaria y libertina, así que no reparo en consultar fuentes diversas. Hace algunos días, en la librería de la Parroquia Emperatriz de América, de corte católico conservador, me topé con este libro de Albert Biesinger, teólogo católico egresado de Tubinga y Friburgo, Alemania. En este libro, entre otros similares, se puede constatar la riqueza de teologías basadas en interpretaciones no literalistas de textos antiguos veterotestamentarios y neotestamentarios.

Pero se hace necesaria la pregunta: ¿en qué medida se relacionan la teología y la ética? Por fortuna no todas las respuestas asumen una relación tan estrecha como en algunas nociones populares según las cuales una teoría teológica liberal, libertaria o libertina implica una ética liberal, libertaria o libertina; tal implicación representa un exceso. La explicación de semejante tropiezo habrá que buscarla, en parte, en la poca destreza de muchos teólogos para divulgar con claridad de qué va un ejercicio teológico reflexivo. Una asistencia más frecuente a la biblioteca pública en lugar de al templo religioso o a la parroquia preferida podría esclarecer que teología y ética, religión y moralidad, son campos de indagación por completo distintos.

Sobre «Dios» — Catolicismos

Desde una perspectiva histórico-crítica, ¡el estudio de la diversidad de cristianismos es fascinante! Encuentro una enorme variedad de estrategias y técnicas de cultivo humano (cultura), incluso en las tradiciones judeo-romanas –que torpemente supuse que era algo monolítico– encuentro una enorme variedad de catolicismos. Basta con ganas de aprender y con un par de visitas a la biblioteca pública para empezar a comprobarlo.

Por muchos años me limité al método devocional para el estudio de textos religiosos y para la práctica interpretativa tradicional protestante. Ahora, habiendo dejado atrás todo cristianismo institucional y sectario, puedo continuar con la indagación de este intrigante fenómeno sociocultural que es el cristianismo, y reflexionar sobre su papel en el estado de la sociedad actual.

Saturday, July 12, 2014

Sobre «Dios» — Lo religioso

El maremágnum de la religión: mucho, muchísimo, por entender antes de siquiera arriesgar una conclusión general. Los fenómenos socioculturales de la religiosidad humana son hechos históricos palpables tan arraigados y presentes en la vida social que la imparcialidad total resulta una posición muy difícil de lograr; así, indagar la orientación propia en un mapa ideológico global, e inquirir las razones detrás del porqué esa ubicación, y no otra, es parte de conocerse a uno mismo.

Lo religioso es un tema inagotable, ni siquiera las religiones institucionalizadas lo agotan.

La religiosidad, entendida de manera provisional como una pulsión por aceptar y defender alguna ideología en particular, puede ser una dimensión humana útil para un proceso edificante de la subjetividad, una dimensión cercana a la dimensión de las emociones intensas.

Por otro lado, lo fanático, o el pensamiento sectario, que de inmediato salta a proteger y promover algún partido o ideología religiosa en particular, como si fuera “la mejor” intersubjetivamente, no deja de ser un aspecto muy torpe de la religiosidad.

Sunday, June 29, 2014

Sobre «Dios» — Un cristianismo culto

Esta obra de Michel Henry es una muestra de un cristianismo auto-cultivado, uno que no presume tener conocimientos sobre un supuesto mundo sobrenatural sino que aporta una interpretación subversiva de los textos bíblicos. Una interpretación proveniente de un ejercicio estético individual, de un desarrollo de la subjetividad propia, y que ofrece vías edificantes para deconstruir y reconstruir los desconcertantes asertos de la religiosidad del cristianismo, por ejemplo: “Yo soy la verdad y la vida”.

No coincido con muchos puntos del autor; por ejemplo, que la existencia del cristianismo depende de una sola afirmación: Jesús es el Cristo. Si en los textos neo-testamentarios no hubiese una multiplicidad de personalidades representadas con un mismo nombre: Jesús, entonces quizá coincidiría con lo que dice Michel Henry, pero el hecho es que esa multiplicidad existe en esos textos, y la adjudicación exclusiva de la idea de Cristo a la sola persona de Jesús se torna injustificable, precisamente porque no hay en los textos una sola persona llamada Jesús, sino muchas.

De cualquier modo, Michel Henry crea una excelente obra que es para mí una muestra de lo que significa un cristianismo culto, edificante, subversivo y filosófico.

Sunday, February 02, 2014

Sobre «Dios» — Primera incorreción

 

¿De qué manera discutir sobre el tema «Dios» puede representar una aportación constructiva en sociedad?

Ludwig Wittgenstein sugirió que usar palabras de forma descuidada genera enredos en la mente, y que esos nudos especulativos no tienen referente alguno afuera de lo mental. Si eso es cierto entonces, concluye Wittgenstein, la forma para escapar de esos círculos mentales infinitos es enmudecer al respecto y así evitar el uso descuidado del lenguaje. La elección de enmudecer sobre el tema «Dios», entonces, resolvería un enredo mental pero no resuelve los enredos morales y políticos que han sido causa de muchos conflictos en la historia del tema. Por eso, permanecer enmudecido no está justificado ante tales conflictos y discutirlos se hace imperativo si elegimos aproximarnos a posibles concordias.

Por ejemplo, si en el fondo de la misoginia o de la homofobia está una noción de «Dios» como la elevación exclusivista de lo masculino a estatus divino entonces tal desproporción sale del ámbito de la mera creencia personal y toma terreno de forma injustificada en el ámbito de la vida en sociedad, en la cual no sólo una versión de lo masculino impera para todos. Asimismo, si la xenofobia, el chovinismo, el pochismo, el malinchismo o el europeísmo, como ejemplos, son alentados de fondo por una noción antropomórfica de «Dios» con exclusivos rasgos faciales, genitales, raciales o geo-culturales entonces ya no es posible aceptar que cada quien crea lo que le plazca pues tales exageraciones representan severas perturbaciones en la raíz de los conflictos; los cuales se propagan y perpetúan culturalmente en tanto no se discutan y se aclaren tales perturbaciones.

Otras posiciones ante el tema «Dios» también alientan su parte de conflictos; por ejemplo, las que desdeñan el tema pues lo consideran tan sólo para gente ruda e incivilizada que no ha logrado superar sus pulsiones primitivas o sus miedos infantiles. Tales posiciones incluso llaman “modernidad” al pisoteo de otras culturas diferentes a la propia en nombre, según dicen, de la ciencia y del progreso.

Hay muchos otros conflictos socioculturales relacionados con el tema «Dios» y que surgen al interpretar el tema de manera descuidada como algo supra-humano o como algo infra-humano; es decir, como algo superior e inalcanzable o como algo primitivo y prehistórico. La discusión pausada, amplia y atenta se hace indispensable para no resbalar y caer por las tan concurridas vías del error. Así, la primera incorrección sobre el tema «Dios» es que cada uno puede creer lo que le plazca y a la vez trasladar tales creencias al terreno de la convivencia pública, es decir a lo político. Tal incorrección suele acompañarse de otra: aceptar que el tema no se debe discutir.

Friday, January 10, 2014

Sobre «Dios» — Más aclaraciones

La reflexión teológica es inagotable y resulta problemático intentar despachar el tema de un solo plumazo. Las narrativas al respecto, en la historia, han producido ríos de tinta, y ahora torrentes de bits, pues las ramificaciones son muchas. Estimo que tales ríos y torrentes no están cerca de disminuir, quizá lo contrario es más probable. Considero constructivo aportar a tales narrativas en tanto tales aportaciones impulsen a reexaminar las opiniones propias. Lo relevante sería mejorar o cambiar de opinión como signo de auto-reeducación.

En particular, encuentro para mi persona muy difícil decir algo, cualquier cosa, sobre el mundo sobrenatural y al mismo tiempo permanecer a cargo de mis palabras. Del mundo sobrenatural yo no tengo nada por decir; simplemente no puedo pues no sé nada al respecto. Encuentro a las narrativas religiosas de la infancia y de la juventud como malinterpretaciones mías, yo quise entenderlas de una manera en particular y ahora, como adulto, eso que me ocurrió me lo explico como un proceso cultural y no como un proceso para desarrollar conocimiento.

Entiendo al ejercicio teológico como parte de la antropología, y como indagación de esa pulsión religiosa primordial en el animal humano. La ignorancia y el miedo son parte perenne de los graves problemas en la sociedad relacionados con la religión, y se requiere menos ignorancia y menos miedo hacia esa pulsión religiosa. Por eso tiene sentido el ejercicio teológico personal. Mi teoría teológica pretende explicar que la pulsión religiosa pueda ser desarrollada a través del estudio de las grandes obras de la literatura, la investigación científica del mundo natural, y por medio del ejercicio estético. Así, de ser una pulsión pre-científica puede transformarse en un tipo más de emoción para uso del individuo auto-cultivado.

Parafraseando a Groucho Marx: esta es mi primera e incipiente teología; si no le gusta, tengo otras aún en el tintero. Es decir, yo no me tomo muy a pecho lo que estoy diciendo en estas exiguas publicaciones mías sobre teología pues puedo estar muy equivocado; creo haberlo ya aclarado. En posteriores publicaciones podría expresar mi cambio de opinión en el tema.

Publico pues busco valoraciones críticas de las cuales aprender, ya que creo poder aprender algo de casi cualquier persona. Toda crítica que me haga reflexionar es para mí un beneficio. Lo que hago con mis publicaciones sobre teología es ensayar —en un sentido lato y en relación con el espíritu de los Ensayos, de Michel de Montaigne. Mis publicaciones no representan una exposición formal, no es una tesis, ni una disertación ni un tratado cumbre de la teología sino un intento de invitación al diálogo o una provocación para que otros piensen al respecto y expresen sus perspectivas.

La teología, según he constatado, sufre de graves malinterpretaciones como con frecuencia le sucede a la filosofía, a la historia o a las ciencias. La constatación más fehaciente es el patente hecho de mi propio y perenne analfabetismo científico-filosófico, histórico y también teológico. Por ejemplo, tenía la torpe creencia en la existencia del método científico, o creía que la historia era sobre lo ocurrido en el pasado, o creía que la teología trataba principalmente sobre religión.

Mi elección del tema, o la manera de abordarlo, puede resultar una elección muy ingrata, pues hurga fibras muy sensibles de las personas y suele avivar grandes pasiones y enraizados enconos. Pero quizá sea ese un punto clave en la indagación: hacer explícito lo que permanece tácito o en el disimulo, sacar a la luz las hondas y diversas implicaciones que conlleva el tema, y así, con autocrítica, la discusión pueda servir para conocerse más uno mismo al converger hacia una atropellada exploración de los enigmas de nuestra condición, en nuestra pedantería, en nuestra contradicción, en nuestra miseria, pero también en nuestra sobriedad.

En teología cada quien debe ser libre de creer lo que quiera, pero un problema es que precisamente no solemos tener la preparación para ejercer esa libertad de conciencia; por el contrario, podemos con facilidad permanecer presos de los procesos socioculturales impuestos por unas pocas supuestas autoridades. Con mis ensayos teológicos pretendo explicar cómo lo positivo de la teología es similar a ejercer la reflexión estética ya que ambas investigan cuestiones de gusto, no cuestiones de hecho. En otras palabras, el individuo interesado en autocultivar su pulsión religiosa no está obligado a engullir acríticamente lo que provenga de algún prelado jerárquico o ministro de culto eclesiástico; de ninguno, ni del pasado, ni del presente, ni del futuro. La teoría teológica propuesta es, pues, anti-clerical y anti-eclesiástica.