Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Friday, April 30, 2010

El tercer cielo

Una buena pregunta —como suelen serlo la mayoría de las preguntas— llegó a mi atención: ¿Qué es el tercer cielo, del que habla el texto bíblico nuevo-testamentario en la 2ª carta a los Corintios, capítulo 12, verso 2?

Un frecuentado planteamiento consiste en explicar que en aquella época no se conocían los términos que hoy la ciencia nos ha informado.

Hoy usamos términos como atmósfera, espacio exterior, espacio interplanetario, espacio intergaláctico, etc., para nombrar diferentes lugares de las vastísimas distancias en el universo conocido.

Cuando fue escrito dicho texto existían cosmogonías míticas y alegóricas que concebían a lo que está físicamente por encima de nuestras cabezas en diferentes niveles o capas concéntricas. Una de esas cosmogonías dice que el primer cielo se refiere al cielo visible, el segundo cielo se refiere a donde están las estrellas visibles, el tercer cielo se refiere al lugar donde está el dios judío, y al parecer también el paraíso, el árbol de la vida, y otros lugares y objetos propios de las concepciones mítico-mágico-místico-religiosas de la naturaleza. El planteamiento, además, dice que ahí reside el cuerpo del primer hombre judío –Adán– en espera de resurrección, lo cual es curioso pues no todos los judíos de aquella época tenían la idea de que hubiese vida después de la muerte, sólo los judíos de ciertos grupos que se han identificado por medio del estudio histórico-crítico de la biblia hebrea y de la biblia cristiana.

La mayoría de las culturas del mundo antiguo tenían cada una su propia cosmogonía y teogonía, algunas veces con rasgos similares que se copiaban entre ellas o se imponían, debido a las conquistas. Las cosmogonías, como la helénica, la egipcia, la judía, la árabe, representan algunas de las que bien se puede rastrear su influencia en el mundo como lo conocemos hoy. La cosmogonía del pueblo mexica, por ejemplo, es particularmente interesante culturalmente hablando. Pero, desafortunadamente, no es muy conocida pues la atención de la mayoría de la población mexicana parece que está más dispuesta a escuchar lo que proviene de Walt Disney que en entender cómo y por qué estamos aquí como pueblo o como humanidad.

Thursday, April 29, 2010

¿Predicar a un sólo Jesús?

En este texto reflexiono acerca de la decisión, por parte de las iglesias cristianas, de predicar a un único y bien determinado Jesucristo, uno para cada denominación o partido religioso. Para mayor contexto, sugiero revisar la amplia exposición que hace Hans Küng en su intento de responder a la pregunta ¿Cuál Jesús?, y de la diversidad de perspectivas en las posibles respuestas, en su obra Ser cristiano.

A decir de lo observable, los representantes de las iglesias han tomado su decisión por una fe particular, y sí, definitivamente con base en sus intereses, también muy particulares. Ese es precisamente el problema pues esos intereses sirven tan sólo a unos cuantos en la cúpula eclesial, cuyo objetivo es preservar su institución por encima de los intereses de los individuos. ¿Y, entonces, el desarrollo de los individuos? Me parece más que triste que las acciones de los prelados, en los hechos, signifique: “¡Primero lo primero, que las personas sirvan principalmente a nuestros intereses particulares, y luego veremos!

Es decir, las personas que se acercan a las iglesias podrán estar buscando algo espiritual, pero muy probablemente no tengan manera de contrastar y distinguir entre lo que es para su desarrollo espiritual1 —todo lo que implica la vida interior del ser humano— y lo que es para su enajenación2 y explotación a manos de sus supuestos benefactores. Por lo que están inermes ante la exposición propagandista3 de tan sólo una interpretación particular que se presenta, paternalistamente, como “la mejor”, pero sin sustento y sin apertura al debate y a la argumentación4.

Al considerar la percepción5 y la teoría de la materia y la forma del conocimiento, no hay manera de permanecer neutral en relación a ninguna creencia. La consciencia se forma inevitablemente con base en interpretaciones6. Pero, ¿cuál es la justificación que presentan los así mismos llamados “maestros en religión”7 para diseminar su interpretación como “la mejor”? ¿Acaso es: “Las personas se van a equivocar, pues no pueden por sí mismas”? ¿No te parece que su labor debiera ser otra, diferente a la de preservar los diversos niveles de analfabetismo8 en su feligresía, que tanto dicen amar?

Referencias:

  1. ¿Qué significa crecer espiritualmente?

  2. Ética y el estado de enajenación

  3. Apologética o persuasión por propaganda

  4. Maestros y aprendices

  5. El conserje de la percepción

  6. Sobre ser adulto

  7. Lobos, pastores e integridad científica

  8. Niveles de analfabetismo

Tuesday, April 27, 2010

¿A qué grado llega mi ignorancia?

Phillip G. Armour, en su obra The Laws of Software Process: A New Model for the Production and Management of Software, nos propone que software es un medio de conservación de conocimiento, así como lo han sido el ácido desoxirribonucleico (ADN), el cerebro, las herramientas materiales (hardware) y los libros.

Para adquirir conocimiento, necesitamos primero estar al tanto de los grados de ignorancia en que estamos para luego adoptar un proceso de adquisición de dicho conocimiento:

Grado 0:

Ausencia de ignorancia. Tengo grado cero de ignorancia cuando he conseguido conocimiento acerca de algo, especialmente si este conocimiento es conocimiento confiable.

Grado 1:

Falta o ausencia de conocimiento. Tengo grado uno de ignorancia cuando desconozco algo.

Grado 2:

Falta de conciencia. Tengo grado dos de ignorancia cuando desconozco que ignoro algo; es decir, cuando no me doy cuenta que soy ignorante acerca de un tema dado.

Grado 3:

Ausencia de un proceso para adquirir conocimiento. Tengo grado tres de ignorancia cuando no cuento con una manera eficiente y adecuada para tomar conciencia de que desconozco, y por tanto no puedo explicar, en qué consiste mi ignorancia; es decir, no tengo manera para caer en cuenta que desconozco que no sé algo.

Grado 4:

Meta-ignorancia. Tengo grado cuatro de ignorancia cuando no sé nada acerca de los cinco grados de ignorancia.

Monday, April 12, 2010

Maestros y aprendices

Pienso que la argumentación y el debate son excelentes vehículos para una búsqueda cooperativa de la verdad, pues yo no soy el poseedor único de la verdad. Yo reconozco que la cantidad de conocimiento confiable que tengo de la Biblia es casi nulo, por lo que desde hace algún tiempo he estado buscando estudiar la Biblia como es propio estudiar ese tipo de textos antiguos. De hecho, ahora considero que cometí un grave error en el pasado al adoptar una visión paternalista y dogmática al “sentir que estaba en la verdad” o que “conocía la Biblia” y que estaba haciendo algo positivo al adoctrinar a personas en un sistema de creencias en particular.

Yo en realidad no conozco mucho de la Biblia, ni de otros temas fundamentales para el desarrollo de una persona en la vida contemporánea. Por lo cual, ahora trato de involucrarme, tanto con vivos como con muertos, en los debates en la Historia para irme poniendo al tanto de las argumentaciones y el estado del debate en muchos campos de los cuales he sido un completo analfabeta e ignorante. En lugar de estar diciendo que “sé” y puedo “enseñar” a otros, por el contrario, busco ser yo mismo un aprendiz que está intentando no recaer en mis errores del pasado, sino en otros, para seguir aprendiendo.

Definitivamente trato de identificar a quien —vivo o muerto— tenga esa actitud de aprendiz, de esos aprendo mucho. Una pauta de lectura de dos libros por mes, en los diversos temas indispensables para una persona viva en la actualidad, parece que ya no está siendo suficiente.

Las relaciones maestro-discípulo han sido una de las tradiciones en la Historia de la divulgación tanto de destreza como de conocimiento en las artes y en las ciencias, pero no veo cómo pueda florecer en un ambiente dogmático y paternalista. Por lo que busco mis maestros en los aprendices que mencioné en párrafos anteriores.

La devoción

Esa actitud que proviene de lo más íntimo de la persona, como una expresión del más profundo y sincero respeto, y admiración, personal por aquello que reconocemos como mucho más grande y superior a uno, cuando ese sentido interno del homenaje es real, representa una enorme fuente de motivación y de empuje en la vida. Saber si existe realmente o no esa devoción en una persona, es algo que sólo dicha persona lo puede determinar. Pues, ¿puedo asomarme al interior, a la intimidad mental, de otra persona? Nunca lo he podido hacer. ¿El lenguaje y la conducta, lo externo, son suficientemente fiables como para poder asegurarlo? Pienso que no, pues no he podido observar una pauta invariable de casos con la cual justifique tal creencia en el lenguaje y la conducta. No quiere decir que no la haya, sólo que yo no la he visto.

La pauta que sí me ha tocado ver es que alguien más se aproveche de esa enorme fuerza motivacional que nos puede provocar nuestra propia devoción, especialmente cuando tenemos una devoción intensa. Pienso que sucede como en el caso de la llamada inteligencia emocional, la cual deberá servir para que el propio individuo se impulse, con más de su propio ser, con pleno conocimiento de sus propias emociones, hacia los objetivos que dicho individuo busque en su vida personal, incluso si lo buscado es el servicio comunitario. Pero otros se han dado cuenta de lo que son capaces las emociones, y buscan hacer uso de las emociones de los demás para conseguir sus objetivos particulares. Por ejemplo el caso del miedo, no es difícil identificar a quien se afana en advertir a los demás por los peligros ilusorios acerca de algo, lo que sea, y luego busca cimentar su alegato precisamente sobre el miedo que recién provocó en su incauta audiencia. Por el contrario, el uso inteligente de mis emociones debe servir para mí mismo, y no para que se me manipule por medio de ellas para servir a intereses disimulados. Me parece que algo parecido se requiere reflexionar para el caso de la devoción.

Hasta donde he checado, todas las personas que están por mí, como persona, prefieren verme como dueño de mí mismo y no como un engrane despersonalizado en el esquema social, cuya única manera de ser está en función de su integración en dicho esquema social.

Esto se hace relevante en la dinámica de cualquier grupo social, donde es fácil ver que suele hacerse una distinción artificial entre el conjunto y el individuo. Es decir, por un lado, que el conjunto existe y tiene vida por sí mismo, independiente de los individuos; y por el otro lado, que el individuo por sí mismo no puede ser el conjunto mismo, que el individuo no puede ser sin el conjunto.

La posición entre dichas perspectivas ha determinado en la Historia diversos sistemas de convivencia social. El efecto neto de dichas posiciones da para la reflexión sobre cuál saldo preferir, ¿favorecer la conservación del ente abstracto, la idea del grupo, o favorecer el desarrollo de los individuos que componen dicho grupo?

Para ir sabiendo cuál posición se ha preferido en un grupo dado, habría que preguntar a los individuos, por ejemplo: ¿Eres tú la iglesia? ¿Si te encuentras solo en la calle, está ahí la iglesia? ¿Si desarrollas tus facultades como persona, estás desarrollando a la iglesia?

¿Qué tipo de responsabilidad implica para el individuo creer que, en sí mismo, es el conjunto? ¿Qué clase de cuentas podría dar el individuo que cree que, por sí mismo, no es el conjunto? ¿Cuáles perspectivas se abren ante tales preguntas al pensar en el objeto y sujeto de mi devoción?

Sunday, April 11, 2010

Una causa de la evolución en mi pensamiento

No es posible explicar con todo detalle, en una sola ocasión, mi punto de vista acerca de un tema tan amplio, como es el cristianismo. Necesariamente tomará algún tiempo. El debate y la argumentación son buenas maneras para poner las cosas en claro. Así, no sólo me veo impulsado a ordenar mis ideas, sino que aprendo del pensamiento ordenado de los demás.

La evolución de mi pensamiento se debe a que he buscado seguir esas directrices que coinciden con mi ser y han llamado mi atención desde el principio de mi vida cristiana. Son las directrices que menciono en: Introspecciones religiosas – Parte I. En mis textos hablo por cuenta propia, es decir, no escribo en nombre de nadie más. Mis textos son resultado de mis propias vivencias y de mis propias observaciones y reflexiones. Además, estoy consciente que el punto en el recorrido donde yo estoy no necesariamente es el mismo punto donde usted está, amable lector. Por lo que —por supuesto— le corresponde pensar por sí mismo y sopesar mis reflexiones para ver si hay algo ahí que le sirva.

Quiero sugerir que antes de llegar a conclusiones acerca de lo que pienso ahora, primero haga usted un mínimo de corroboración conmigo, en cualquier forma a nuestro alcance —por ejemplo, a través de dejar comentarios en este blog o por correo electrónico—, para tener la oportunidad de enmendar mis errores de expresión. Pues hay algunas ideas de mi pasado que aún permanecen, pero otras definitivamente han cambiado por completo. Por ejemplo, antes estaba convencido de que todo lo que hacíamos como iglesia era positivo, que había cosas que podíamos mejorar pero, en esencia, era absolutamente positivo, que no había un bien superior que un ser humano podía hacer por su prójimo que adoctrinarlo en un sistema de creencias en particular. Ahora, pienso que malentendí muchas cosas y cometí muy graves errores, dejándome llevar tan sólo por "la buena intención". Mi cambio de opinión proviene, principalmente, de observar las consecuencias reales sin importar las intenciones. El efecto neto no parece ayudar al desarrollo integral del individuo, por el contrario, sólo contribuye a mantener un estado de enajenación, a la exaltación de la ignorancia, del analfabetismo filosófico, y del prejuicio como si se tratasen de virtudes. Entonces, no sólo no es algo positivo, ni siquiera algo inofensivo, sino que termina siendo algo muy negativo y perverso. Más de esto lo expreso en: De "apóstol" a "apóstata".

Lo que ahora estoy procurando divulgar, y espero llegar a las personas que conocieron mis posiciones dogmáticas del pasado, lo he estado publicando en este blog, por ejemplo en Urgente e importante: seguidor acrítico. Ahora, el horizonte de mis proyectos filosóficos personales incluye la pregunta ¿Qué significa crecer espiritualmente?