Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Saturday, October 25, 2014

Sobre «Dios» — Anarquía y teología


La etapa actual en mi recorrido a través de la vivencia religiosa en general, tanto practicada como observada, es una en la que desarrollo una teoría teológica de corte anárquico en estas páginas «Sobre Dios». También la he referido como una teoría teológica liberal, libertaria y libertina. Un esquema conceptual por el cual un individuo reflexivo tenga más significaciones de apoyo para orientar su pensamiento religioso hacia una libertad de conciencia más amplia. Una estructura teórica que arrime el hombro al esfuerzo individual por indagar la pulsión religiosa propia, y que asista para constatar lo estrecho de la religiosidad institucionalizada y secuestrada por unos cuantos prelados jerárquicos y sus esbirros. Algunas fuentes contempladas en mi indagación, por supuesto, es el anarco-cristianismo de León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Jacques Ellul y otros, pero mi ejercicio teológico no se circunscribe sólo al cristianismo sino a los aspectos religiosos básicos de la condición humana en general.

Una objeción común ante tal prospecto de práctica teorética se expresa como una mezcla de preocupaciones sobre moralidad y sociopolítica, como si lo religioso fuese sinónimo de ética o política. Basta una introducción al pensamiento filosófico en general para identificar que tal objeción se basa en el descuido de confundir religión, ética y política. Tal confusión puede ser entendida si se considera que no pocos ponen a la religión como cimiento de su moralidad. Alguien, con plena conciencia de lo que hace, podría establecer esa relación entre religión y moralidad, y esa sería una decisión personal; sin embargo, tal decisión no justifica ni la confusión mencionada ni la presuposición de que todos han tomado la misma decisión.

Mi práctica teórica en teología no está relacionada directamente con moralidad ni con política, sino con antropología filosófica. Mi objeto material de estudio es el humano y el objeto formal es su expresión simbólica espiritual. No ha menguado el soporte que han desarrollado las ciencias naturales para ocuparse del estudio de la naturaleza física, así como a la ética no le falta justificación para ocuparse de la conducta personal, ni a la política para ocuparse de la vida en común. Así, sin confusiones descuidadas, es posible dejar que el pensamiento teológico-religioso, como forma simbólica de lo inefable, se ocupe de sus propios asuntos.

Sunday, October 19, 2014

Sobre «Dios» — El anzuelo del cristianismo: poder y dominio


Si la audiencia del cristianismo es lo dañado en la sociedad, entonces ¿qué es lo sano?, ¿quién no necesita cristianismo? Pero, quizá más importante, ¿quién determina, y con cuáles criterios, qué es lo sano y qué es lo enfermo en la sociedad? ¿Es acaso signo de enfermedad lo diferente, lo no estandarizado, lo no mayoritario? Por ejemplo, ¿acaso los pueblos originarios de América estaban enfermos, o requerían redención, como para imponerles una forma particular de cristianismo? ¿O quizá el cristianismo fue tan sólo un mecanismo para la colonización entonces y lo sigue siendo ahora para los procesos de neo-colonización?

Desconozco si esas preguntas tengan respuestas definitivas, lo que sí recelo, a decir de ciertos discursos alentados por facciones ultra-conservadoras del cristianismo, es que quienes se llaman “líderes” en la sociedad, tanto en grupos religiosos como en corporaciones privadas o estatales, parecen suponer que si han llegado a esa posición jerárquica es por voluntad divina, o por alguna suerte de misión auto-asignada, para así usar ese poder a favor de la preservación y expansión de sus ideologías religiosas cristianas, y para la redención de las masas sociales que “tanto les hace falta” pues “carecen” de la salud que el cristianismo provee por medio de su redención.

El control y dominio sobre la vida de otros ha sido un trágico abuso en la historia de la institucionalización del cristianismo. La religión, en general, como simbolismo de lo inefable, no puede y no debe ser institucionalizada. La religión es algo importante para la vida humana, tal como la fraternidad o la amnistía, pero nadie puede ni debe pretender poseer el monopolio de lo inefable.

Como en política, también en religión participa como cómplice aquella masa rebañega que se presta como plataforma de quienes padecen ansia de dominación y egolatría. Es una lección importante que no debe olvidarse: entregar algo que corresponde sólo al individuo, como su libertad de conciencia, en manos de otros, cualesquiera, implica otorgar un poder enorme. En la literatura del poder, desde Aristocles (Platón), se advierte la no poca dificultad para que alguien desarrolle una sensibilidad moral excepcional tal que pueda evitar la latente corrupción por el poder. Por lo que las formas de poder legítimo deben limitar lo que se pueda hacer con ese poder. Pero en el campo de la pulsión religiosa, como aspecto inherente del humano ante la perplejidad de habitar una brutal realidad natural, nadie debe ostentar el poder sobre una persona más que la persona misma.

Sobre «Dios» — El anzuelo del cristianismo: lo sobrenatural


El cristianismo es un muy importante conjunto de religiones. Entre más entendamos al cristianismo, más entenderemos la realidad de la cultura que nos rodea, al menos en las regiones del mundo donde el cristianismo ha tenido una influencia histórica notable.

El cristianismo es atractivo por muchas razones. El cristianismo ejerce una atracción por su mensaje de redención dirigido no a todos sino a quienes reconozcan su necesidad de redención. El cristianismo dirige ese mensaje a lo dañado de la sociedad, no a lo sano. Lo sano en la sociedad no necesita cristianismo, lo sano no necesita redención ni rescate alguno, lo sano sólo es y sólo necesita seguir siendo lo que ya es. Sólo aquellos que necesitan redención son los que necesitan cristianismo.

Si el humano es un animal cualquiera entre los demás, si sólo es un primate más, entonces no requiere mayor redención que la que necesitan las demás especies. Pero en el cristianismo el humano no es una especie cualquiera sino el pináculo de todo lo viviente, la especie hegemónica, suprema, ante la cual las demás especies permanecen sometidas y sujetas a la disposición que de ellas haga la especie suprema, la especie humana. Según el cristianismo, el humano está en una posición jerárquica, por encima de toda la naturaleza, y sólo debajo del ámbito sobrenatural paradisiaco. En el cristianismo el humano es un ser especial, es el consorte de un romance eterno sellado por el sacrificio divino realizado por un seductor omnipotente e irresistible.

Sin embargo, el humano comparte una misma realidad biológica con el resto de las especies y está sujeto a las mismas vicisitudes naturales, como el hambre, el frío, la intemperie, la enfermedad, la vejez y, finalmente, la muerte. Al enfrentar la posibilidad de tan sólo ser un animal más entre los demás, no pocos humanos quizá han considerado la atractiva oferta que les ofrece el cristianismo: ser parte de una especie suprema y especial con tan sólo aceptar una posición jerárquica por debajo de los designios divinos sobrenaturales; uno de los cuales es reconocer la necesidad de redención.

El atractivo del cristianismo, en parte, no es que ayude a vivir de manera tolerable en una brutal realidad natural —cosa que la filosofía moral, secular y laica, bien puede lograr— sino que ofrece al humano la posibilidad de verse a sí mismo por encima de todo lo natural.

El atractivo sobrenatural del cristianismo ha ejercido una irresistible atracción tal que grandes masas sociales a lo largo de la historia lo han no sólo aceptado sino, además, propagado e impuesto sobre adultos e infantes por igual a costa de lo que sea, aún si haya sido necesario derramar hasta la última gota de sangre para su preservación y expansión.

No es un secreto que la fuerza de atracción del cristianismo ha sido utilizada con frecuencia por pequeñas elites de poder para fines demagógicos, de política turbia y anfibológica, de doble o triple moral, cual anzuelo que muerden no pocos incautos que asumen acríticamente que están atrapando una vida eterna sobrenatural.

El conjunto de ideologías religiosas que son el cristianismo se encuentran por doquier en nuestra sociedad y, como con cualquiera otra ideología, es necesario que el individuo reflexivo ejerza sus facultades críticas para indagar la realidad de cada asunto y cada mensaje que se le presente con presunciones exageradas, como la realidad de un supuesto mundo sobrenatural.