Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Thursday, October 18, 2012

El Televisor

¿Es la televisión una mala maestra, como dice Karl R. Popper y otros? ¿Se dirá ahora lo mismo de Internet, de los videojuegos, los celulares, las computadoras, las tabletas, y de la tecnología novedosa en general? Y si todo eso tuviera efectos negativos para el aprendizaje, ¿en qué consisten esos efectos negativos?

Por supuesto, en la manera en que usamos o abusamos de las herramientas tecnológicas está el problema en potencia. Hoy en día, un problema potencial es la infoadicción, y un grave problema subyacente es la enajenación, entendida como aquello que arroba nuestra atención de una manera desproporcionada tal que otros aspectos de nuestra vida quedan desatendidos o del todo olvidados. Ahí donde ocurre un desenfreno o un frenesí excesivo por lo que está afuera de uno, una hubris, y que termina poseyendo nuestra subjetividad y nuestro pensamiento independiente, ahí ocurre un vicio y no una virtud. Puede ser un objeto, como el modelo más reciente de un automóvil, o una percepción socioeconómica que degenere en un consumismo o un mercantilismo; o puede ser una persona, el novio o la novia, un líder carismático o un cantante de moda; una religión o una posición laboral, etc.

La enajenación puede ocurrir tras la percepción distorsionada y estrecha de cualquier aspecto de la vida mientras que la vida es mucho más grande de lo que se nos dice o de lo que nosotros interpretamos, mucho más. Por eso, representa un mal maestro aquello que detenga el aprendizaje, que estorbe a la exploración, que impida el descubrimiento por el individuo mismo de esa amplitud de la existencia. Pues esa búsqueda nos ayuda a expandir nuestro estado de conciencia, y a no quedarnos con versiones estrechas y miopes de la realidad.

Hice unas reflexiones adicionales sobre la educación y la televisión aquí: T.V. y Educación.

Por último, recién encontré una dramatización de la enajenación por causa de una interpretación indebida de la televisión. Es un episodio de una serie en la televisión española de hace muchos años, pero que aún puede provocar la reflexión:

Episodio completo: El Televisor.

Historias Para No Dormir: El Televisor (1 de 5)

Monday, October 15, 2012

¿Cristianismos?

HUGO:

Ya te escuché Paco, veo que vuelves a insistir con eso de la teología, pero te voy a repetir que Dios no está con los sabios ni con los entendidos de este mundo, sino con la gente sin cultura como yo, quienes tenemos nuestra fe y nuestras buenas obras. Dios dice que con eso tengo más que suficiente, y por lo tanto no hay necesidad de esos estudios teológicos que tú reclamas. Por favor ten cuidado, no puedes ir en contra de la voluntad de Dios. ¡Conócela antes de hablar!

PACO:

Mira Hugo, lo que recién dices me servirá para darte un ejemplo de la importancia del ejercicio teológico independiente, en contraste con el hábito de adoptar opiniones de otros sin antes pensarlo más de dos veces.

HUGO:

Lo que te dije está escrito en la Biblia, que es la Palabra de Dios, no puedo estar equivocado. ¿Cómo podrías contradecirla y pretender tener la razón?

PACO:

Lo que yo leo en la Biblia es que tanto a los sabios como a los entendidos les falta mucho para llegar a conocer la voluntad de Dios. Por lo que te pregunto: ¿quién es un sabio o un entendido?, ¿acaso será aquel que afirma saber algo sin tener ninguna duda? Entonces, mi estimado amigo Hugo, ¿qué es lo que recién estás haciendo? ¿No es acaso afirmar, sin asomo de duda, que conoces la voluntad de Dios y aseguras saber lo que Él dice? Y enseguida afirmas con quién está y con quién no está. ¿No serías tú quien deba tener cuidado y estudiar con profundidad antes de hablar?

HUGO:

Estás tergiversando el significado bíblico, ¡me preocupa mucho tu alma Paco! Ten mucho cuidado pues así es como el demonio utiliza la inteligencia humana para desviar a la gente del camino recto. El castigo será muy duro para ti, más te valdría que te hundieras en lo profundo del mar con una gran piedra de molino atada al cuello.

PACO:

Sugiero que lo tomes con calma Hugo, de pronto tu reacción no parece ser consistente con aquello que dijiste de tus “buenas obras”. Tan sólo quisiera que reflexionaras sobre tus afirmaciones, aseguras conocer lo que significa el texto bíblico, y además, al parecer, afirmas que los sujetos mencionados en el texto tienen por referentes, hoy en día, a las personas que estudian teología. ¿No te parece que eso es pretender saber demasiado? ¿No te parece que te estás colocando justo en el lugar de un sabio y entendido?

HUGO:

Tú sabes, Paco, que mi invitación siempre estará ahí para estudiar la Biblia contigo, y para que te acerques a Dios por medio del arrepentimiento. Yo, y mis hermanos en la iglesia, estamos con los brazos abiertos para ayudarte a reconocer lo monstruoso de tu orgullo. Recuerda que tu salvación es lo más importante.

PACO:

¿Dices que mi salvación es lo más importante? Pero, ¿acaso no dice Jesús que quien busque salvar su vida, la perderá? A mí me parece que quien necesita ayuda espiritual eres tú, pues tu doctrina no parece ser la correcta.

LUIS:

Saludos a ambos, los he estado escuchando desde hace rato, y me parece que ambos hacen lo mismo con el texto bíblico: afirman que el significado del texto apoya su punto de vista, pretenden poner al texto de su lado para que así puedan juzgar al otro como un hereje. Quizá desconocen que se puede justificar casi cualquier opinión con base en lo escrito en pasajes de la Biblia —de hecho así parece haber sucedido a lo largo de la historia del cristianismo. En el pasado, la tensión entre ortodoxia y heterodoxia ha llegado a grados desproporcionados. El tema es enorme, ¿no les gustaría revisar a fondo la historia de los cristianismos y de su enorme diversidad? Quizá eso pueda ayudarles a desaprender su religión, y para volver a formar sus opiniones pero con bases más amplias.

Thursday, October 11, 2012

Las preconcepciones

¿Cuál puede ser un grave problema con mi versión actual del mundo? Pues uno grave sería, quizá, vivir siempre encadenado a unas preconcepciones que no me orienten en el sentido de la realidad, y ser inconsciente de ello. ¿Cuál es el problema con eso? Pues, tal vez, que mis preconcepciones actuales sean un estorbo para seguir aprendiendo, para mejorar o cambiar mi opinión sobre la realidad de algún asunto relevante. Por ejemplo, si estoy muy convencido de haber entendido la idea de triunfo económico exclusivamente como libertad financiera entonces entre más fuerza tenga esa convicción menos estaré dispuesto a aprender algo nuevo o mejorado sobre dicha idea, precisamente la fuerza de esa convicción es lo que me impide mejorar la idea. Por lo que la siguiente vez que me encuentre muy seguro de mis opiniones quizá deba recordar que alguien sin escrúpulos es lo mismo que alguien sin dudas.

El conocer al estilo científico no es “la cúspide de la perfección humana” —lo cual es un disparate— sino uno de los esfuerzos más confiables para conocer justificadamente el mundo, no como quisiéramos que fuese sino como realmente es. Si bien es cierto que ese estilo de aprender no es perfecto, aún podemos apoyarnos en sus estrategias para tomar conciencia de nuestras preconcepciones y para no quedar encadenados a ellas por siempre.

Las preconcepciones están presentes todo el tiempo, es un efecto residual del consumo de la cultura a nuestro alrededor. Nosotros mismos hacemos ese consumo, nadie lo puede hacer por nosotros, y ocurre al realizar el acto de interpretación de los datos sensibles que percibimos o de las imágenes mentales en nuestra memoria. Por lo que las preconcepciones son residuos directamente relacionados con nuestra destreza para interpretar la realidad. Si no tenemos el hábito de mejorar nuestra capacidad interpretativa es posible entonces que nuestra destreza para interpretar no incluya tomar conciencia de nuestras preconcepciones, provocando que estemos por completo convencidos de haber entendido un concepto cuando en realidad nos mantenemos ignorantes de dicho concepto de manera inconsciente. Es decir, lo que nos impide aprender un concepto nuevo es el preconcepto que usurpa su lugar.

Nuestro actuar concreto en la vida práctica está dado en el contexto de un esquema teórico-conceptual, por lo que es evidente que el problema de las preconcepciones no es un problema práctico, sino teórico. Para mejorar substancialmente la práctica, y al mundo concreto del momento presente, es requerido mejorar la teoría. Una teoría es una mirada hacia la realidad desde determinada perspectiva, hay teorías de todo tipo y alcance, y las que explican más hechos, es decir las más amplias, tienden a ser las mejores. Las teorías moldean, como anteojos de color, nuestras interpretaciones y pueden convertirse en herramientas para el ejercicio interpretativo si uno es consciente de dichas teorías. Por tanto, ampliar y profundizar nuestro conocimiento teórico es parte del proceso para adquirir destreza interpretativa. No podemos ver la realidad de manera directa, al parecer siempre necesitamos una teoría para guiar cada interpretación. Como nos dice Guy Claxton:

«La observación está continuamente dirigida por el interés y el pensamiento humanos, y cuanto menos evidente sea la mano controladora de nuestras preconcepciones, más importante será recordar que está ahí y reflexionar constantemente sobre de qué nos puede estar apartando o a qué nos puede estar acercando de una manera tácita. El hecho de que los datos estén “contaminados” con las creencias y las presuposiciones de los científicos es algo de lo que éstos deben tratar de ser conscientes y, en ocasiones, de lo que se deben guardar. Por ejemplo, uno de los grandes problemas experimentados por los antropólogos es cómo dejar a un lado sus propios hábitos culturales de pensamiento mientras tratan de comprender cómo ven el mundo personas muy distintas a ellos. Y no es que juzguemos a otras personas en función de nuestra propia visión del mundo; las teorías que suscribimos en un momento dado moldean —tanto si lo sabemos como si no— todas nuestras observaciones.»

Cuando no podemos interferir en el curso de un proceso y así experimentar para indagar qué es lo que pasa, «...todo lo que podemos hacer es utilizar teorías para dirigir nuestra atención a determinados tipos y localizaciones de sucesos, y para guiar nuestra interpretación de lo que vemos.» —Guy Claxton. Educar mentes curiosas. El reto de la ciencia en la escuela.

Las estrategias científico-filosóficas que contrarrestan los efectos de las preconcepciones pueden ayudarnos para mejorar la interpretación que hacemos de la realidad. Algunas son, entre otras, y como nos recuerda Derek Alexander Muller, el auto-cuestionamiento, el diálogo y la discusión: Khan Academy and the Effectiveness of Science Videos.


Thursday, October 04, 2012

El Odio

Por Gustavo Sassano:

«Me acordé de una frase de un famoso hombre de fe del primer siglo, que describía a su sociedad del momento diciendo que vivían odiando y siendo odiados. No sé porque pero no me la he podido sacar de la cabeza. Sentí que me hablaba a mí.

Después de repasar mis posts en Facebook y sin duda el de muchos otros, tomé la decisión de apartarme de pertenecer a un muy claro espiral de odio que invade todo este sistema de cosas y en general, los muros de Facebook.

Muchos se van a apresurar a decir que no hay odio, que sus reclamos son justos, sus denuncias son válidas y que en realidad, los que odian son otros. Sería bueno repasar lo que muchos escriben porque quizás con un café de por medio y un poco de reflexión, encontrarán que tal vez, en una de esas, quien sabe, haya mas odio del que estamos dispuestos a admitir. Lo que quieren llamar "una sana bronca necesaria y justa", va mucho mas allá de eso.

Otros directamente lo admitirán y se sentirán orgullosos de sentirlo. Soy de esos y sé como se siente. El odio es un tipo de pasión para nosotros, hasta una pasión válida y romántica, revolucionaria. Nos sentimos mejores soldados de nuestras causas por tener esta pasión, que parece linda y buena, poética, pero en el fondo, la llama, el piloto, es el odio.

El odio es algo que te corroe por adentro. Muchas veces puede ser iniciado y apoyado con todos los buenos fundamentos del mundo, lo cual no lo hace menos corrosivo. Puede servir para encender una llama contra una injusticia, pero no es un buen combustible a largo plazo. Destruye todo envase que lo contenga.

Algunos dirán que hay quienes deben ser odiados, que hay razones para odiar y asuntos que odiar. No lo niego, hay gente, sucesos y situaciones en el mundo de hoy, que merecen todo nuestro odio. Pero quizas deberíamos cambiarlo por un sincero dolor. Muchas veces odiamos porque es más fácil. Sentir dolor no le gusta a nadie. La violencia verbal, los ataques, el extremo sarcasmo, son vías mas fáciles de tomar. El odio es mas fácil.

El odio es contagioso. Se transmite muy rápidamente. Algunos piensan que es Facebook o Twitter, las redes sociales, las que están sirviendo para hacer convocatorias, para que la gente se una y proteste. Eso es como negar la historia del mundo. Siempre ha habido convocatorias, marchas y protestas en todo el mundo, en toda su historia, desde antes de internet, desde antes del teléfono. Lo que mueve al hombre no es internet, sino lo que hay dentro de su corazón. Y lamentablemente, uno de los conectores que mas une ultimamente, es el odio. El odio une y convoca.

El odio es fomentado, fogoneado, despertado, desde muchos lados. Hay personas que lo promueven, que lo incitan, que lo llaman, que lo necesitan, incluso, para sus negocios. Lo que hace a sus negocios marchar viento en popa, es el odio. Aún en los medios actualmente hay muchos periodistas que son fomentadores del odio. No entienden la responsabilidad que tienen como comunicadores de ser vehículos de la paz y el entendimiento. Pero el odio vende, el odio es comprado y el odio termina siendo indispensable para la vida de mucha gente. Entonces el odio sale en la tapa de los diarios y en los editoriales gráficos y radiales.

Vuelvo a repetirte a vos que lees y te decís a vos mismo que vos no odias. Hay que ser mas profundos y autocríticos, porque es muy fácil decir quien está errado allá afuera, sin pensar en quién y cómo es realmente uno mismo y qué siente en el fondo.

La hipocresía es una gran aliada del odio. Es muy claro esto cuando queremos condenar el odio, con más odio!!. Combatir fuego con mas fuego. El grito con mas grito. Es paradógico y triste. Es patético. Vemos que alguien odia, y todas las herramientas que usamos para denunciarlo y combatirlo, están teñidas de odio. La catarata de insultos que usamos, denotan que estamos usando el odio como la fuerza contra el supuesto mal que decimos combatir.

Argentina hoy, por las razones que sean, se ha convertido en un lugar de muchísimo odio. Y recién estamos empezando. Lo que veo es que si no nos decidimos a parar este odio, algunas cosas que no queremos que pasen, pueden llegar a pasar. Tenemos un pasado que nos puede mostrar lo que el odio puede hacer. A veces nos preguntamos cómo se llegó a tanto. Pues fue el odio.

El odio está en todos lados, es el autor de la violencia en las calles, en las canchas, en los trabajos, en los sindicatos, en el gobierno y hacia el gobierno, en los diarios, en los periodistas y en las radios, y también en nosotros, en Facebook, en Twitter, en los comentarios bajo las notas en los diarios de todo el país. El odio no debe ser subestimado. Y lo está siendo. Pueden decir que no existe, pero yo tengo cientos de miles de pruebas, porque ahora que todo el mundo escribe en algún lado, las pruebas me sobran.

Hay vida mas allá del odio. Muchas veces cuando uno se queda sin odio, parece que se quedase sin combustible. Es como un gran “¿Y ahora qué?. Pareciera que no hay otra posible fuerza para empujar nuestras demandas y denuncias. Pero Argentina tiene muchos ejemplos de personas que han luchado en toda clase de causas, sin odio. Y por eso han llegado hasta hoy con sus luchas y han obtenido muchas victorias. La principal, en ellos mismos. No han sido conquistados por el odio. Es notorio el hecho que muchos de nosotros admiramos a algunas de esas personas, pero para nada los imitamos.

Bueno, espero no haberlos aburrido mucho. Dice una canción que si uno quiere cambiar el mundo, debería mirarse en el espejo y cambiar primero a sí mismo. Si yo no quiero ver odio en el mundo, el primer lugar para sacarlo, es de adentro mío. Eso es lo que he estado tratando de hacer. No es fácil. El bombardeo y la incitación al odio en este país, y en el mundo, es constante. La mas mínima de las diferencias es exaltada y fomentada hasta el infinito, como una excusa mas para separarnos y terminar como la sociedad que describí al principio, esa en la que su gente vive odiando y siendo odiada.

Odiar es mas fácil. Por eso es la primera y mas aceptada reacción.

La supuesta sana y justa bronca que sentimos, la indignación que es esa alarma que nos ayuda y nos empuja a pelear contra las injusticias, se convierte muy rápido en odio. En especial si seguimos y seguimos fomentando el mismo tema y no le damos un cierre.

Este medio se ha convertido en una plataforma para el odio. Y pocos van a reconocerlo, porque hay otra cosa que es aún mas fácil que odiar, apuntar a los demás. "Ellos provocan el odio, ellos hacen cosas que ME lo provocan". Pero la verdad es que nosotros somos responsables de NUESTRAS reacciones. Yo reacciono porque quiero yo, no por lo que hacen los demás. Y se trata de mí, soy yo el que no quiere mas odio ni tanta sana bronca disfrazada.

Y te digo mas, cuando se termine o se vaya la persona que tanto odiamos, vamos a buscar otra cosa u otra persona para odiar. NO se termina nunca!. Además, nunca vamos a vivir en un lugar donde todo esta perfecto, todo es como nosotros queremos. Ultimamente veo que en realidad, a veces somos como chicos caprichosos que patalean porque las cosas no son como queremos. Ojo, porque entre lo que realmente queremos y las supuestas utopías tan lindas que nos impulsan, hay una gran diferencia.

Esta nota sobre el odio les va a caer a muchos como un aviso contra el cigarrillo, todos sabemos que hace mal, pero nos gusta fumar igual.»

El texto anterior de mi amigo Gustavo Sassano, desde Argentina, me hizo reflexionar, entre otras cosas, acerca de la importancia de la autocrítica; de lo pertinente en el hábito de detenerse, de tomarse un espacio consigo mismo, para verse en el espejo e intentar sopesar y juzgar lo que ahí se contemple, lo cual es la clave para entender nuestra más íntima realidad: uno mismo.

En el punto donde yo me encuentro en mi propio recorrido aún no alcanzo a justificar una generalización sobre lo que la Humanidad es, o no es. Mis intentos anteriores para caracterizar al ser humano en general han fracasado ante lo ya no tan insólito de su diversidad. Encuentro que mis filias y fobias provienen en gran parte de la cultura local a mi alrededor, la cual ya me parece estrecha y miope. Quizá amamos y odiamos cosas más o menos similares, pero a la vez sigo sorprendido por las miras e intereses tan disímiles que encuentro en la siguiente persona que conozco o con quien de nuevo tengo oportunidad de platicar, aun dentro de un círculo reducido en la sociedad.

La realidad que nos presenta nuestra cultura local constituye un límite tanto para nuestra concepción del mundo como para nuestro propio auto-concepto. Las categorías mentales impuestas por nuestro ambiente quizá han hecho ya surcos proteínicos en nuestro cerebro y entonces acaso pensar a manera de círculos infinitos sea nuestro porvenir. Sin embargo, una posible alternativa permanece latente en el hábito de mejorar nuestra destreza para interpretar dicha realidad.

Cuando intento dialogar acerca del ejercicio de la reflexión filosófica, como herramienta para la auto-transformación, no deja de sorprenderme la seguridad con la que se expresan opiniones que afirman su inutilidad. Pero quizá sea esa misma seguridad en la opinión propia, una seguridad que aplasta toda duda, un ingrediente más en el caldo de cultivo de las emociones a las que nos dejamos saltar apresuradamente; el odio como un ejemplo de esas emociones; otro ejemplo es el gozo que ofrece la autocomplacencia por sentirse dueño de la razón o de la verdad.

Hay un conjunto enorme de opiniones propias listas para el examen crítico, por eso para mí la búsqueda es la acción relevante, no el arribo a una conclusión definitiva. De ahí que valoro mucho saber que haya personas como mi amigo Gustavo, que practican el auto-examen, de quien puedo seguir aprendiendo.

La bioética

Habría un punto en la vida donde uno piense seriamente en los debates de la bioética. Por ejemplo la experimentación con células madre, la interrupción voluntaria del embarazo, la eutanasia o la pastilla del día después. Y estaría claro que la acción derivada de nuestra muy personal opinión podría contradecir lo establecido en ese momento como legal, con las posibles consecuencias penales.

Como quizá muchas de nuestras opiniones son producto de nuestra cultura local, cabe la pregunta: ¿de quiénes heredamos nuestra “muy personal opinión”?, ¿acaso nos dimos la oportunidad de cuestionar nuestra interpretación inicial de dicha herencia?

Además, no se puede perder de vista la intrincada relación entre lo ético, lo moral y lo legal. Y muchas preguntas de no poca pertinencia están ahí para pensarse y discutirse. Por ejemplo: ¿por qué los debates en bioética tendrían que quedar zanjados unilateralmente por el gobierno de un Estado o de una religión institucionalizada?

Del blog El árbol de la vida:

«Decía Voltaire que es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado, y esta frase tendría que hacernos reflexionar sobre un hecho; el gobierno siempre quiere tener la exclusividad de patente sobre la ley, la verdad y la ética.»

«...y a lo que me niego rotundamente es a que cuestiones sin base científica sean discutidas junto a realidades consolidadas.»

Bioética: Cuanto el gobierno lo gobierna todo, hasta lo que está bien y está mal.

Tuesday, October 02, 2012

¿Teología para todos?

¿Se pueden conocer los pensamientos y las intenciones de las deidades judeocristianas?

Es una muy buena pregunta. Habrá teorías psicológicas que puedan ofrecer algunas perspectivas. Por otro lado, hay otro tipo de teorías, las teorías teológicas, que establecen a la «revelación» como el pilar del conocimiento teológico; sin embargo, necesitaremos ayuda de otro grupo de teorías, inclusive antropológicas y también filosóficas, para dilucidar el alcance de nuestra interpretación de lo «revelado».

Dado que el estado del mundo religioso se debe, en parte, a las interpretaciones históricas de lo «revelado», entonces entiendo la pertinencia del grupo de teorías teológicas que ya no consideran a lo «revelado» o lo sobrenatural como algo de relevancia para el ejercicio teológico. Como dijo Feuerbach y otros: la teología es antropología.

Pero el conocimiento es poder, y si se tiene el control del conocimiento —aunque este supuesto conocimiento sea tan sólo aparente— entonces se tiene el control sobre los que no lo tienen.

No es raro entonces encontrar jerarquías, cual pirámides, donde el conocimiento se controla desde la cúspide y desde la cual se controla al resto de la estructura.

¿En dónde se observa esa manera de proceder y de organizarse? Pues, por ejemplo, en la religión institucionalizada. Quizá es la manera más popularmente conocida y por eso se llevan esos patrones organizacionales a todos lados, gobierno, escuela, y muchos tipos de corporaciones: un prelado jerárquico compuesto de ministros de culto o clero regular que dictaminan el qué y el cómo para todo el clero secular o feligresía.

Sospecho que para no pocos casos la secuencia histórica ocurre así: primero, algún prelado de muy alta jerarquía se asigna la encomienda de pensar teológicamente, y se aprovisiona del tiempo y de los recursos para abordar el ejercicio teológico. Luego, al constatar de qué va el pensamiento teológico, y por alguna curiosa y muy conveniente razón, ese prelado decide que el resto de la feligresía no podrá afrontar directamente una materia de estudio como la teología, o que no deberá permitírsele exponerse a esa materia de estudio pues no tendría la capacidad para entenderla y fácilmente podría malinterpretarla para su propio menoscabo espiritual. Entonces resulta que los pocos en ese diminuto prelado —diminuto en comparación con el resto de la feligresía— se presentan a sí mismos como los benefactores de todos los demás, pues hacen por ellos el arduo trabajo de pensar teológicamente. Lo único que la feligresía tiene que hacer es aceptar y acatar todo lo que se les diga, por su propio bien.

Sin embargo, como es el caso del pensamiento científico, el pensamiento filosófico, y otros, también el pensamiento teológico es para todo aquel interesado, y no se necesita permiso de nadie para ejercerlo, tan sólo el permiso de la propia conciencia que nos impide vociferar meras opiniones sobre un tema sobre el cual no hayamos primero investigado a fondo y con amplitud de miras.

Reflexiones adicionales en la siguiente página: ¿Erudición cristiana?