Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, November 28, 2010

¿La fe ciega es un estado enajenado?

¿Por qué es común que los clérigos o ministros de culto cristiano no digan claramente desde el púlpito a su feligresía que, hoy 2010, no hay justificación para una fe ciega e ignorante, tan sólo basada en la sinceridad, en el entusiasmo y en las emociones? ¿Por qué alientan entre su feligresía la enajenación y la ignorancia basados en el más ingenuo biblicismo —literalismo bíblico— de la Edad Media? ¿Son perversos, estúpidos, o tienen una agenda sadomasoquista por la cual se placen al someterse y someter a otros jerárquicamente?

Para ejercer como un clérigo o ministro de culto de profesión es indispensable el estudio responsable del estado en el que nos llega el cristianismo hasta nuestros días. Estos estudios incluyen el análisis de la amplitud y diversidad de perspectivas por las que es justificable acercarse hoy en día a lo que se pueda llamar cristianismo propiamente, y así evitar fatales errores que se han presentado en el pensamiento religioso durante la Historia. Errores como el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición —antecedente de la actual y vigente Congregación para la Doctrina de la Fe—, la quema de brujas, el fanatismo radical, la misoginia bíblica, el soporte a la esclavitud, etc. El método histórico-crítico, también llamado criticismo alto, es una parte indispensable para el estudio bíblico en tal preparación profesional.

Los estudios profesionales de los clérigos y ministros de culto típicamente son auspiciados por las aportaciones económicas de la misma feligresía a la que posteriormente “servirán”. Por lo cual es sorprendente que, en respuesta, casi nada de esa vasta preparación sea compartida por los clérigos con quienes les financiaron su carrera profesional. ¿Para qué creen que los mandaron a estudiar? ¿Para que al regresar sólo dijeran lo que la feligresía quiere escuchar? A decir de la conducta de muchos en tales feligresías, sí, precisamente eso es lo que esperan de sus ministros de culto. Pero no todos los que se acercan al cristianismo opinan así. Muchos al enterarse, por terceros, de los vigentes debates entre eruditos acerca de todas sus creencias, preguntan justificadamente: “¿Por qué no se me ha informado claramente de todo esto?”

Las explicaciones al respecto, por parte de esos clérigos y ministros de culto, típicamente parten de premisas absurdas que sirven principalmente para los intereses de unos pocos y no para la divulgación amplia del conocimiento sostenible acerca del cristianismo. Asumen que sus feligresías no están interesadas en tales temas o que no tienen la capacidad para entenderlos debidamente, pero los clérigos que suponen eso sólo reflejan su favoritismo por sus propias agendas clericales, por sus cruzadas personales, sus prioridades institucionales, su posición de poder e influencia, pero rara vez por el desarrollo integral de las personas en lo individual. A decir de su silencio, o desperdiciaron sus estudios al no entender a cabalidad lo que se les enseñó y, por lo tanto, no tienen la capacidad de explicarlo con claridad a sus feligresías, o tienen un exagerado interés en mantener el control de la información y sólo dar a conocer lo que les convenga a ellos y a su elite o prelado jerárquico.

El tipo de conclusiones a las que se puede llegar por medio del ejercicio teológico no son del mismo tipo de las que se puede llegar con el ejercicio científico. Los resultados en ambos ejercicios tienen un carácter especulativo y, a la vez, buscan ofrecer una perspectiva desde la cual sea posible describir y explicar consistentemente el mayor número posible de casos o conceptos contenidos en la información disponible sobre un tema dado. Los resultados suelen llevar el nombre de teoría —la cual ha sido propuesta por la filosofía de la Ciencia como la unidad epistemológica mínima para formar conocimiento nuevo—. Una de las diferencias principales entre ambos ejercicios consiste en que una teoría científica puede ser contrastada con la Naturaleza mientras que una teoría teológica no puede ser contrastada con nada similar a la Naturaleza. Ahí reside un rasgo de demarcación entre el idealismo y el realismo filosófico; es decir, mientras que las ideas científicas pueden referir algo fuera del pensamiento, las ideas teológicas se quedan necesariamente en el pensamiento. Si una teoría científica describe adecuadamente a la Naturaleza entonces puede llegar a ser conocimiento confiable o, de otro modo, debe descartarse cuando la Naturaleza no se comporte como dice tal teoría. En cambio, una teoría teológica no puede ser contrastada pues no hay una justificación epistemológica para afirmar que se conoce lo que Dios piensa, siente o quiere, y entonces no es posible contrastar tales teorías contra un marco de referencia realista e imparcial (ver: ¿Qué quiere Yahvé?). Por supuesto, hay posiciones gnoseológicas que afirman saber lo que Dios piensa, siente o quiere pero tales posiciones no afirman que sus pronunciamientos tengan referencia en el campo del realismo. De tal manera que el esfuerzo teológico permanece, esencialmente, como una reflexión especulativa en el ámbito de lo sociocultural y de lo psicológico. Lo cual por ningún motivo representa algo trivial o inferior, por el contrario, su ejercicio requiere mucha preparación pues es un ámbito mucho más resbaladizo que el ámbito científico.

De ahí se explica que también hoy en día se mantengan acérrimos debates, entre eruditos de la Biblia, acerca de todo tipo de creencias en el cristianismo, aun acerca de las creencias que algunos consideran más básicas. Esos debates han ocurrido desde los primeros siglos del cristianismo, como lo registra su historia. ¿Crees que la principal oposición proviene del exterior? Por el contrario, los más acérrimos debatientes han sido y son los creyentes, la mayor pugna sucede en el interior del cristianismo. Pero es importante identificar el soporte a su posición que presentan los concienzudos debatientes. Los debates doctrinales llegan a reflejar callejones sin salida pues los contendientes defienden su perspectiva no con trivialidades, sino con muy buenas razones. Por supuesto aquí me refiero a teólogos de profesión, quienes suelen tener acceso a información muy relevante, y no a personas como el resto de nosotros que tan sólo llegamos a saber lo que se deriva del trabajo teológico de otros.

Ni siquiera necesito mencionar, amable lector, que usted mismo podría corroborar lo siguiente: que a lo que se puede llegar con el trabajo teológico es a posiciones basadas en una selección particular de premisas, cuya verdad se asume en diferentes grados, para lograr perspectivas consistentes con ciertos conceptos o dogmas seleccionados con antelación. Pero es extremadamente difícil llegar a posiciones que clamen superioridad absoluta sobre otras posibles posiciones. Un ejemplo de teoría teológica es la que podría proponer una manera de pensar acerca del significado que tendrían los resultados del trabajo arqueológico sobre el Jesús histórico, ya que los datos arqueológicos por sí mismos no ofrecen ninguna conclusión es necesario ejercer la Teología para derivar un entendimiento a partir de esos datos dispersos.

De lo anterior se puede ver que los clérigos y ministros de culto que sólo predican una perspectiva teológica, la que más acomode a sus preconcepciones, en realidad están cometiendo un abuso en contra de su feligresía. Es un abuso pues asumen que sólo tal perspectiva sirve para las necesidades de todos, como si las necesidades personales debiesen ajustarse forzosamente a esa perspectiva teológica. A decir de su conducta, consienten su pereza mental y obstaculizan el ejercicio teológico al no ejercerlo ellos mismos ni tampoco informan con claridad a su feligresía para que los individuos persigan su propia preparación teológica, ya que la riqueza de la Teología da para muchas más necesidades personales y circunstancias particulares. Peor aún, estos clérigos y ministros de culto declaran, frente a adultos e infantes por igual, que llegar a ser un erudito de la Biblia es opcional aun al adoptar y defender los dogmas locales establecidos. Aquí radica otra de las formas de abuso espiritual en contra de las defraudadas feligresías: se les dice que tienen que promover y defender posiciones teológicas a partir de dogmas que ni siquiera entienden y que, en plena confusión, ponen al mismo nivel del conocimiento confiable de la Ciencia.

Un efecto de tal abuso se puede constatar al escuchar a creyentes enajenados que no han sido debidamente informados de todo lo anterior por parte de sus clérigos y ministros de culto. Un ejemplo se puede observar en el inicio, durante los primeros 2:15 minutos, del siguiente video: mujer tal vez entusiasta, pero desinformada — quizá esa mujer del público presente en ese video, quien pasó al micrófono a hacer preguntas sin sentido, cuenta con las ganas de divulgar un mensaje acerca de la teoría teológica que incluye una salvación por medio de Jesucristo, pero ha sido defraudada por sus clérigos y ministros de culto que la han dejado en un estado enajenado y desinformado.

El abuso espiritual sobre los creyentes de determinados grupos religiosos cristianos, de corte ortodoxo, donde se propone una jerarquía en la que los clérigos y ministros de culto sirven como intermediarios entre Dios y el resto de la feligresía, representa un argumento más en contra del teísmo. Los argumentos más fuertes en contra del teísmo no provienen de los ateos sino de la propia historia del cristianismo, el devenir del grueso del cristianismo es el principal argumento en contra del teísmo. Por mucho que las emociones estén involucradas y queramos que no sea ese el caso.

Cuando los creyentes se enfocan en lo mejor del cristianismo: el amor, la compasión, el mantenerse como aprendiz, el perdón, el cambio periódico de mentalidad —también llamado arrepentimiento—, la solidaridad, la libertad, la congruencia entre el discurso y la vida personal, etc., pues no queda más que decir ¡adelante! Pero cuando los creyentes abusan del texto bíblico y derivan conclusiones discriminatorias, misóginas, despóticas, partidistas, xenofóbicas, elitistas, autoritarias, etc., basados en dogmas que ni siquiera entienden, entonces estamos ante lo peor del cristianismo.

Saturday, November 27, 2010

¿El maligno posmoderno?

Al escribir estas líneas acontece el año 2010 de la Era Común. Después del año 9999 podría tener sentido práctico reiniciar la cuenta y tal vez proponer agrupaciones en eras por cada diez milenios. O tal vez para entonces hayan ya ocurrido eventos significativos que justifiquen un reinició en la cuenta de los años calendario. Imposible afirmar que la Humanidad estará presente. Además, considerando la insignificante partícula que es nuestro planeta, imposible afirmar que la Tierra estará presente. Pero, considerando el tiempo que ha estado presente la Tierra, hay buenas razones por las cuales pensar que la Tierra sí estará presente para ese efímero plazo —efímero si consideramos el tiempo astronómico. Sin embargo, el planeta Tierra sí tiene un plazo determinado por las leyes físicas: cinco mil millones de años más. Es el tiempo que a nuestro Sol le tomará convertirse en una gigante roja y vaporizar a la Tierra, engulléndola y desintegrándola. Es el tiempo que la Humanidad tiene para mudarse a otro lugar, para transferir la biosfera a la Tierra 2.0, si queremos evitar desaparecer como especie. Por eso, y por muchísimas razones más, uno de los mejores legados para la niñez de hoy y del mañana consiste en una educación científica.

Asumamos entonces un continuo de humanos que seguirán pensando, pues eso se les da a los humanos. Entonces, al permanecer constante la flecha del tiempo, y aun si la Humanidad enfrentara uno o varios reinicios hasta la Edad de Piedra, el ser humano encontraría la manera de cuestionarse, de negarse a dar por sentado las respuestas establecidas de cada época. Aun si esas respuestas tuvieran la apariencia de: “¡La verdad es esta!” para una época, o si tuvieran el tufo de: “¡No hay verdad!” para otra época.

Al considerar el devenir histórico del pensamiento humano no hay buenas razones por las cuales ser tan arrogantes y afirmar que ya hemos alcanzado la cumbre del pensamiento, que nuestro hoy es la cima y que las personas en los milenios por venir no tendrán nada por agregar —esto sería una interpretación ingenua del pensamiento de la modernidad—. De hecho, así pensaron algunos físicos en los inicios del siglo XX. Pensaron que Newton era inmutable e incorregible. Pero no contaron con la astucia de Einstein. Esta es una constante: los muy seguros no cuentan con la astucia de quienes les suceden. Claro que no es pura astucia, sino que los sucesores suelen contar con más información y estarían ubicados en mejor posición en la flecha del tiempo. Por eso el conocimiento científico es mutable y es corregible. No podemos presumir que la Naturaleza esté obligada, en adelante, a obedecer la Teoría de la Relatividad y el Modelo Estándar de la física de partículas. Un continuo de sorpresas es lo más probable si mantenemos el interés en descubrir más acerca de la Naturaleza.

Por otro lado, el conocimiento especulativo —como lo es el ejercicio teológico o el cristológico— no carece de sus supuestos “paladines” que se atreven a afirmar que determinada posición representa una cima y que más allá no hay nada. Por ejemplo los dogmas acerca del significado de términos como: la palabra de Dios, la trinidad, la divinidad de Jesucristo, la infalibilidad bíblica, la justificación de los aparatos eclesiásticos, la milagrosa inspiración bíblica, etc. Tales afirmaciones las hacen a partir de un dogmatismo exagerado que típicamente refleja lo peor del pensamiento religioso. Dicha posición resulta ser una indistinguible mezcla entre confianza excesiva y disfrazada soberbia. Por el contrario, una posición que reconozca la imposibilidad de alcanzar una certeza articulada tendería a aceptar que el asunto exige más investigación y cuestionamiento, no menos. De otro modo, si esos “paladines” tan sólo exigen una certeza desarticulada —una fe simple e ignorante—, entonces cabe la duda de si el asunto en realidad apunta a una posible mejor posición en forma de una incertidumbre articulada.

Por esa exigencia, por parte de los así mismos llamados “paladines” del teísmo, para que las personas se mantengan en una fe ciega y desinformada es que se puede reconocer a esos farsantes. Por el contrario, los que mantienen su compromiso con el pensamiento, los que abordan con seriedad el esfuerzo teológico y cristológico —a quienes sería justificado llamarles paladines del teísmo— suelen desarrollar una justificación para una posición desde la cual tenga sentido utilizar determinado lenguaje, por ejemplo palabras como “cielo”, “dios”, “demonio”, “milagro”, “alma”, “pecado”, etc. Pero, al considerar el nivel teológico-filosófico necesario para fundamentar la confianza en tal posición, se impone aquí una observación importante: los que estudian estas disciplinas de conocimiento especulativo, al parecer, no han dejado lugar para la “fe simple” que ostenta mi vecino —a decir de cómo se expresa mi vecino al respecto— y no parece que el siguiente domingo se lo vayan a aclarar desde el púlpito.

En 1979 Jean-François Lyotard propuso un término para referirse a lo que pudiera seguir al pensamiento de la modernidad: posmodernismo. Pues, basta una mirada al mundo —y a nuestro pensamiento personal a la fecha— para distinguir enormes lagunas en muchos campos de nuestro entendimiento, de nuestra conducta, y de un bienestar más generalizado para las especies de seres vivos en este diminuto —y quizá único en su clase— planeta.

El posmodernismo tiene algunos rasgos bien definidos pero es una corriente de pensamiento que continua en elaboración. Los historiadores, filósofos de la ciencia, teólogos, etc., en los siglos por venir estarán en mejor posición para demarcar más definitivamente los límites de lo que hoy se ha estado gestando. Mientras tanto, estar presente hoy como ser pensante exige participar en los debates y analizar seriamente los cuestionamientos que reclaman nuestra atención pues podrían tener el potencial para impulsarnos hacia adelante en la flecha del tiempo.

Por supuesto que hay razones para considerar desproporcionadas a las facciones del posmodernismo que afirman que no hay verdad, y que no hay caso en buscarla. Pero hay otras facciones que proponen avanzar en el proyecto inacabado de la Ilustración, ante lo cual me parecería una absoluta ceguera no concederle mucha razón pues hay suficiente evidencia que da soporte a tal propuesta. Pues las creencias y la conducta del grueso de la población mundial parecen pertenecer a lo peor de la Edad Media, ejemplos: ¿Cómo lo sabe?, La infamia del pensamiento débil, SionToday.com, ¿La fe ciega es un estado enajenado?, Milagros físicos, entre muchos otros ejemplos.

Denostar el posmodernismo como algo “diabólico” es simplemente no entender nuestro presente, es permanecer en un dogma exagerado, en una ignorancia voluntaria y arrogante. No todo lo posmoderno puede ser descalificado como negativo automáticamente. Pues, por ejemplo, el movimiento posmoderno ya ha servido para que cada vez más científicos reconozcan su descuido debido a su desinterés por los aspectos sociales de la investigación científica. En particular: la exclusión y la actitud de pisotear el pensamiento de la diversidad cultural en nuestras sociedades.

Friday, November 26, 2010

Milagros físicos

Ya en otras ocasiones he observado que al abusar del texto bíblico se ha justificado, y se puede justificar, todo tipo de creencias absurdas. Por ejemplo en mis textos: Ética y el estado de enajenación, o en ¿Uso o abuso bíblico?

Un caso más de abuso bíblico —o biblicismo— consiste en tratar de justificar la afirmación de la realidad de los milagros físicos hoy en día. No es para sorprenderse que las personas que sostienen tal afirmación se reúnan y se alienten en su creencia. Al parecer, inclusive consideran positivo que niñas pequeñas estén presentes durante esas reuniones, observando el comportamiento de los “adultos”, como se puede ver en algunos de los videos en la siguiente página: Lie #8: “Miracles ceased with the disciples.” Esa página presenta una serie de casos entre los cuales no puedo encontrar diferencia con casos que he visto en el pasado, muchos de los cuales son casos confirmados de vergonzosas estafas.

Hay multitud de posibles explicaciones para cada caso mencionado. La explicación de un milagro físico está entre las explicaciones con el soporte más débil. Un milagro físico es una explicación extraordinaria, por lo que con el fin de alcanzar una certeza articulada sobre tal explicación sería indispensable primero asentar un soporte extraordinario. De lo contrario, si tan sólo exigimos una certeza desarticulada —una “fe simple”—, entonces mejor elijo tener una incertidumbre articulada al respecto.

Tuesday, November 23, 2010

¿Cuál Ciencia?

El evento La Ciudad de las Ideas ocurrido en la Ciudad de Puebla, México, del 11 al 13 de noviembre de 2010 incluyó un debate entre ateos y teístas. En un formato similar al debate ocurrido durante el mismo evento del año 2009. ¿El universo tiene un propósito? fue la pregunta propuesta para iniciar el debate. Los debatientes son, en su mayoría, escritores y personas dedicadas a su compromiso con el pensamiento: Matt Ridley, Michael Shermer y Richard Dawkins representaron la posición atea, mientras que el rabino David Wolpe, William Lane Craig y Douglas Geivett la posición teísta. El científico teórico Michio Kaku antagonizó ambas posiciones.

Para mí representó un deleite escuchar a todos ellos y reflexionar en sus palabras. Lo cual refleja mi posición personal: para mí lo importante es adoptar una posición crítica con la cual pueda identificar buenas ideas y concederles su valor intrínseco. El análisis contextual de las ideas, de sus presuposiciones subyacentes, y de sus implicaciones, es el ejercicio interesante que aporta para el desarrollo del individuo y de sus opiniones. Probablemente por eso tiendo a identificarme con la posición representada por Michio Kaku acerca de las afirmaciones expresadas con ciento por ciento de certeza.

Dos hechos en particular me hicieron reflexionar sobre lo poco que está diseminado el conocimiento contemporáneo sobre la Ciencia y cómo esta se elabora:

Primero, en su intervención Michio Kaku preguntó: ¿Qué es la Ciencia?, seguido de la mención de algunos rasgos propios de la Ciencia contemporánea, con base en los relatos de la Ciencia más relevantes hoy en día. Entre dichos rasgos mencionó que la Ciencia es falsable, usando la palabra del inglés: falsifiable. Ante la cual la traductora, después de un titubeo, la tradujo al español usando la palabra: factible. Lo cual remite a un concepto totalmente diferente. Los oyentes de habla hispana que no tengan por costumbre la corroboración habrían quedado desprovistos de una palabra que remite a uno de los mejores conceptos para llegar a entender el pensamiento científico de hoy en día. Además, me parece que un ejercicio básico de autocrítica por parte del traductor —antes de aceptar el trabajo— incluiría una valoración de su habilidad para traducir adecuadamente al español lo que diga un científico de habla inglesa. Sin mencionar la atención a ese detalle importante por parte de los organizadores del evento.

Segundo, durante el debate también participaron miembros del público presente y un señor, maduro físicamente, comentó que la Ciencia se ocupa de lo “observable” y que la religión se ocupa de cosas no observables. Estoy de acuerdo con que la Ciencia se ocupa de lo observable pero únicamente si consideramos, de manera exclusiva, el relato de la Ciencia proveniente del positivismo lógico prevaleciente en el primer tercio del siglo XX. El desarrollo de la filosofía de la Ciencia desde entonces ha demostrado que la observación, en realidad, no ocupa un lugar tan relevante como para caracterizar a la formación del conocimiento científico. Hoy en día, la teoría y la experimentación ocupan los lugares más relevantes para la empresa científica.

Por lo tanto, cuando alguien menciona a la Ciencia cabe preguntar: ¿a cuál Ciencia, y de cuál época, te refieres?

Monday, November 15, 2010

SionToday.com

En esta ocasión pretendo documentar un hecho ocurrido el sábado 13 de noviembre de 2010. Por supuesto, si esto tiene poca o ninguna relevancia, o esto resulta ser algo notable debido al número de personas involucradas en el estado de la situación, dependerá del tipo de análisis con el que se aborde tal situación.

He omitido toda alusión a personas en particular pues identifico la distinción entre las personas por un lado, y por otro lado, las ideas. Mi interés es promover el análisis y la reflexión sobre las ideas y cómo éstas influyen en nuestra conducta. Enfatizo la importancia de identificar la distinción entre personas por un lado y por otro lado las ideas. Pues no son lo mismo. Yo no veo esto a nivel personal, para mí las amistades y las relaciones quedarían intactas a pesar de que no haya coincidencia en las ideas. Pero entiendo que puede no ser así para otras personas.

Más o menos hace un año presenté mi registro a una red social en Internet llamada Sion (SionToday.com o también Monte Sion). Esta red social es una, entre varias, de las redes sociales en Internet auspiciadas por el entusiasmo de los miembros del grupo religioso llamado Iglesias Internacionales de Cristo (International Churches of Christ) o por sus siglas en inglés: ICOC. La razón por la que presenté mi registro es la misma por la cual, hace ya algunos años, me bauticé en el cristianismo y es: conocer más acerca de Jesucristo, de la Biblia, del Dios cristiano, y llevar una vida congruente y devota como un aprendiz del cristianismo. Una semblanza retrospectiva sobre mi recorrido durante esos años la he estado publicando, desde hace ya tiempo, en la siguiente página: Un recorrido

La red social cuenta con un foro en el cual los participantes pueden abrir algún tema sobre el cual cualquiera de los demás miembros puede, si así lo desea, comentar al respecto de dicho tema. Yo participé en varios temas abiertos por otros. Mis aportaciones relativas al caso las he remitido desde la siguiente página: Expresando mi opinión. Mi actitud inquisitiva, mi interés por el debate y la argumentación, derivó en lo que se podría denominar como acaloradas discusiones relativas a aspectos como algunas características populares en la comunidad local de la ICOC, como el lenguaje y el uso de frases percibidas como trilladas, hasta aspectos más abstractos relativos a la idea de si esta iglesia es la única iglesia verdadera. Lo ocurrido antes del día 13 de noviembre, referido al inicio, para mí produjo un saldo positivo, es decir, la discusión me provocó muchas reflexiones y aprendí varias cosas importantes. Sin embargo, identifico que ocurrió un cambio de rumbo en la situación al yo expresar mi punto de vista acerca de uno de los dogmas populares en algunas facciones del cristianismo: el dogma que afirma que la Biblia es la “Palabra de Dios”. Mi punto es que la Biblia es un libro antiguo, tal vez el más importante para entender a la cultura occidental, pero para sacar posiciones teológicas de ella se requiere, antes, estudiar ampliamente pues no es un libro fácil. Aun contando con tal preparación, dentro de la variedad de posibles posiciones teológicas justificables ninguna puede afirmar que se desprende de una fuente congruente e inmutable, pues la Biblia es muchas cosas pero no algo consistente e inalterable —para corroborar esto basta con estudiar la historiografía bíblica, remito la siguiente página donde reflexiono un poco más al respecto: ¿Qué quiere Yahvé?

El día referido fui excluido de la mencionada red social (ver evidencia 1). Las razones exactas las he solicitado en más de una ocasión, pero a la fecha no me ha sido presentada ninguna razón o causa justificada para tal exclusión (ver evidencia 2). Lo irónico del caso, que me ocupa hoy aquí, es que las posiciones teológicas debidamente fundamentadas pueden justificar la creencia en que el concepto “Palabra de Dios” corresponde, no al libro, sino a la figura de Jesús, El Cristo, y mi comentario acerca del libro suscitó lo propio del más ingenuo literalismo bíblico de la Edad Media.

La acción de excluir a quien piense diferente se puede encontrar en la historia del cristianismo desde sus primeros siglos —remito una página con un atisbo hacia tal historia: Escogiendo un ejemplo—. El análisis de lo que puede llevar a tal acto de exclusión es interesante pues ofrece un caso para entender los patrones intelectuales presentes también en tantas otras conductas cobardes contra todo lo que nos da miedo por ser diferente a nosotros. Son conductas tan prevalecientes hoy en nuestra cultura occidental y cuyas raíces ciertamente se pueden trazar hasta los orígenes del cristianismo. El análisis es relevante pues esos patrones intelectuales representan parte de las semillas que llegaron a ser el motivo detrás de los actos más atroces, en la Historia de la Humanidad, cometidos en el nombre de Dios. Por supuesto, la Historia contemporánea confirma que el riesgo de repetirse tales actos está más activo que nunca.

Para este caso de exclusión hay un hecho de llamar la atención. Si bien mi comentario acerca del dogma del literalismo parece haber disparado el acto de exclusión, en realidad tal comentario ya lo había publicado en dicho foro el día 26 de septiembre de 2010 —remito el texto íntegro de aquella aportación: ¿Qué es lo peor del cristianismo? Por lo que, al parecer, tal opinión no determinó por completo la exclusión. Hay otro hecho que parece indicar otra posible causa real para ejecutar la exclusión: la participación en el foro de una figura de autoridad reconocida en el grupo, una figura cuya posición organizacional tiene la responsabilidad de la veracidad en la enseñanza bíblica “autorizada” en este grupo religioso local. Su participación consistió en exponer en público aspectos de comunicaciones personales del pasado entre él y yo, sin consultarme directamente, de manera previa, si yo concedía en hacerlo así. Mencionó varios términos grandilocuentes que difícilmente la mayoría de su congregación tiene la preparación para entender y explicar. Exhibió sus credenciales por las que su opinión debe ser tomada como absoluta, como un ejemplo del persistente militarismo en este grupo religioso. Se enfocó en denostar mi persona pero sin atender los argumentos en mis textos. Prosiguió haciendo el abuso bíblico típico observable en este grupo religioso. Luego hizo referencia a definir la membresía de la iglesia y sugirió a los que no son miembros a etiquetarse como tal —al parecer la exigencia del nacionalsocialismo nazi por la cual los judíos debían ostentar la estrella de David en un lugar visible para ser reconocibles como tales es una idea que permea entre grupos discriminantes—. Finalmente, su participación concluyó con comentarios que reprimen el debate abierto de las ideas entre los miembros de ese grupo religioso.

Evidentemente mi opinión no coincide con lo sancionado por esta figura de autoridad en relación a su idea literalista de la “Palabra de Dios”, mi opinión no coincide con lo establecido como verosímil para quienes en tal grupo han depositado su confianza en la función de enseñanza bíblica que tiene esta figura de autoridad. Una posible explicación, entonces, para el acto de mi exclusión de dicha red social es que aquellos quienes obedecen ciegamente a figuras establecidas de autoridad carecen de la posibilidad de pensar por sí mismos y evaluar la situación desde un análisis balanceado y justo. Por lo que comenten actos de exclusión sin antes haber reflexionado en las razones que justificarían tales actos. Y ahí radica lo peligroso de este tipo de patrones intelectuales, en lo ya expuesto por Erich Fromm con respecto a la obediencia ante autoritarismos irracionales. Al parecer, este acto de exclusión es un caso más de franca estupidez, del poder de la estupidez, y de la estupidez del poder.

Imagen de evidencia 1 (click aquí ver imagen en detalle):

Imagen de evidencia 2 (click aquí ver imagen en detalle):

Expresando mi opinión

A continuación remito algunas de mis aportaciones hechas en el transcurso del primer par de semanas de noviembre de 2010 en el foro de una red social en Internet, dicha red social está asociada al grupo conocido por sus siglas ICOC (International Churches Of Christ) :

¿Qué es lo peor del cristianismo?

Reproduzco de forma íntegra un texto que aporté el día 26 de septiembre de 2010 en el foro de una red social en Internet, dicha red social está asociada al grupo conocido por sus siglas ICOC (International Churches Of Christ). El tema de la discusión giraba alrededor de una pregunta abierta que alguien hizo y que buscaba comentarios acerca de si la iglesia de Cristo es la única iglesia verdadera —en el siguiente sentido: «"Verdadero" como contrario u opuesto a "Falso" En este caso específico: aprobada y reconocida por Dios como pueblo suyo» :

Mi posición básica es que lo importante del cristianismo no son los dogmas, sino las personas, el amor, la libertad, la justicia, el desarrollo de la consciencia —es decir el crecimiento espiritual—, y todo lo inherente al desarrollo del ser humano. Los dogmas son irrelevantes si los vemos a la luz de lo que se puede sostener históricamente. Si alguien quiere hablar y darle importancia a los dogmas, entonces tendría que fundamentarlos con una posición teológica, y no con una posición inconsciente basada sólo en el entusiasmo, en meras opiniones, o en las manifestaciones de sectarismos o chovinismos. Es decir, si alguien se enfoca en los dogmas, entonces sí requiere una preparación para estar a la altura de la tarea, de otra forma, si se pone a defender dogmas con sus meras opiniones tan sólo está causando más daño que beneficio y está aportando hacia los graves problemas de la Humanidad en lugar de a las posibles soluciones. La razón principal de tal daño es que mantener dogmas deriva en la explotación de los miedos de las personas, en lugar de en el desarrollo de sus facultades.

Mi posición actual se deriva de lo que he encontrado al estudiar personalmente la historia del cristianismo. Pero no sólo una historia “oficial” contada desde una perspectiva de estudio devocional, sino desde la amplitud que implica un estudio desde la perspectiva histórico-crítica. La perspectiva histórico-crítica es también la que se enseña hoy en día en centros académicos especializados que preparan a los ministros de culto en el conocimiento confiable del cristianismo. Esos ministros de culto luego salen a profesar en sus diferentes denominaciones. En esos centros especializados los ministros de culto se enteran de y analizan las condiciones en las que nos llega el cristianismo desde sus primeros siglos. Las condiciones de los textos manuscritos autógrafos y el cómo nos llegan desde entonces. Las situaciones que dieron lugar al canon bíblico y los porqués y los para qué. Me parece información muy importante para quien este interesado en fundamentar una fe informada. Sin embargo, típicamente nada de esto es mencionado en los púlpitos. Para mí eso no es aceptable. Yo me bauticé como cristiano, siendo adulto, no para seguir siendo tratado como un niño sobre el cual mantengan una tutela mental, ni para ver cómo se intenta mantener esa tutela sobre los demás. Ofreciéndome tan sólo una vista sesgada del cristianismo, presentándome sólo lo que les conviene que yo crea. Yo tomé en serio un compromiso de vida, quemando las naves detrás de mí, estando dispuesto a dejar hogar, trabajo —y de hecho haciéndolo—, escuela y lo que fuese necesario para seguir en pos de Jesús, El Cristo. Siendo el cristianismo tan importante para mí, me interesa el cristianismo lo más cercano posible a Jesucristo, a lo que dijo, a quién fue, a su vida y a su carácter. Pero veo que por siglos y siglos el mundo religioso ha tratado —y lo ha hecho— de poner en boca de Jesús las palabras necesarias para que sean las creencias de ellos las que queden justificadas, y por tanto que su posición teológica domine sobre las demás en su época. A tal grado ha llegado su tergiversación que las tradiciones orales y textuales fueron afectadas, en muchos casos de formas radicalmente opuestas e incongruentes a los testimonios escritos más antiguos. Te invito a que estudies la historia del cristianismo y de cómo ocurrió la formación de su texto principal, la Biblia, y el devenir de la diversidad de comunidades cristianas involucradas en esas épocas. Incluyendo, por supuesto, las estratagemas y atrocidades a las que acudió la comunidad que ahora es la iglesia católica para imponerse sobre sus rivales teológicos de entonces y para hacer prevalecer sus dogmas pues le proveían de su status de poder. Para una escueta mención del asunto remito una sección de la siguiente página: Escogiendo un ejemplo.

¿Quién es un cristiano?

Reproduzco de forma íntegra un texto que recién aporté en el foro de una red social en Internet. El tema de la discusión giraba alrededor de una pregunta abierta que alguien hizo y que buscaba comentarios acerca de cuál debería ser la definición de dicha red social, la cual está asociada al grupo conocido por sus siglas ICOC (International Churches Of Christ):

Excelentes preguntas: (1) “¿Eres o no eres un miembro de la ICOC?”, (2) “¿Eres o no eres un cristiano?”, (3) “¿Ser miembro de la ICOC o no serlo, te hace o no te hace un cristiano?” —donde “ICOC” puede ser intercambiado por otra referencia a cualquier otro grupo religioso cristiano en la Historia del cristianismo.

Estas preguntas son de importancia capital si pensamos en los efectos que suelen causar en las personas para las cuales estas preguntas son relevantes. También es de llamar la atención el hecho de que en la Historia de cristianismo hay quienes, después de recorrer una vida consagrada al mismo, han llegado a la conclusión de que esas preguntas resultan irrelevantes, pues el cristianismo es mucho más grande que una simplista y elitista membresía; que lo mejor del cristianismo no es una religión organizada e institucional, que el cristianismo es para las personas en lo individual y no para que la religión institucional mantenga listas de membresía y ande discriminando intransigentemente.

Para quienes estas preguntas son relevantes, se hace imperativo preguntar en qué consiste lo que le da esa relevancia. ¿Por qué son relevantes? ¿Para qué se quiere saber la respuesta? ¿Cómo se usará la respuesta? Entender esto permite aclarar la naturaleza subyacente de la pregunta, el tipo de respuestas buscadas y, por ende, la perspectiva de quien pregunta.

La manera de hacer preguntas dice mucho de quien las hace, así como también la manera de responder dice mucho de quien responde. Decía al inicio que son excelentes preguntas pues la forma tan abierta en que se plantean puede provocar la reflexión en cualquiera que las lea. Pueden provocar el impulso de responderlas y así llegar a conocer más de nosotros mismos. Pues cada respuesta dice más acerca de quien responde que del tema en cuestión. Hay muchas formas de responder a tales preguntas, por ejemplo, en monosílabos: sí o no; pero eso no parece ser una forma muy seria o muy pensada ya que las respuestas simplistas no abordan la naturaleza del tema ni sus implicaciones; algo interesante, sin embargo, de dichas respuestas es lo que revelan acerca de quienes las prefieren.

¿Son preguntas importantes o son preguntas irrelevantes? ¿Por qué serían irrelevantes? En el caso de ser importantes ¿cómo se responden las preguntas importantes en la vida? ¿Cómo se consiguen respuestas en temas de tanto impacto social en la cultura occidental como son las preguntas acerca del cristianismo? ¿De dónde, por qué? ¿De quién, por qué? ¿Cuáles son las implicaciones de decir que sí es posible obtener respuestas? ¿Cuáles características pueden tener las respuestas? ¿Serían provisionales, absolutas, discriminatorias, xenofóbicas, misóginas, elitistas, chovinistas, etc.?

Mi posición personal es que lo relevante está en que las personas, de manera individual, piensen en todo esto ante tales preguntas. Para que cada uno conozca más de sí mismo.

Históricamente, la religión organizada e institucional ha requerido adoptar una posición fija ante estas cuestiones. El panorama religioso institucional y su historia están ahí para que los individuos podamos analizar las consecuencias de adoptar posiciones fijas al respecto.

Una idea de cristianismo comúnmente establecida incluye una figura mediadora representada por un aparato jerárquico u organizacional compuesto por ministros de culto o clérigos. Dicho prelado dispone —a su mejor entender— una relación tripartita en la cual asume la representación unívoca de Jesucristo y el resguardo de todo lo referente a Él. El papel general del individuo en dicha relación triple consiste en ser, creer, decir y hacer según las indicaciones del aparato clerical, pero difícilmente se espera que haga estas cosas por sí mismo.

Ya dependerá de los individuos aceptar o no esa idea del cristianismo. Por otro lado, en la Historia del cristianismo ha habido posiciones con una idea diferente del cristianismo, en las cuales el cristianismo se entiende como: (1) el interés individual por avanzar en la búsqueda de la verdad de Jesús, El Cristo; (2) la esencia de sus enseñanzas en la Biblia y, por tanto, la vivencia de las mismas; (3) la disposición a indagar, confirmar y mejorar continuamente las creencias propias y, por ende, la coherencia en el actuar.

Esa idea de cristianismo pone a la persona enteramente responsable de su parte en una relación bilateral con Jesucristo, sin intermediarios que tercien el esfuerzo que tiene el individuo por su afán personal. El papel de la comunidad en esta idea de cristianismo es el de un colaborador, un mero asistente en la búsqueda personal de nuevos aprendizajes, pero no ejerce ningún tipo de tutela ni manipulación de las creencias personales. Desde esta perspectiva, entonces, el individuo sí se plantea para sí mismo un trayecto largo: filosofía, crítica textual, hermenéutica, exégesis bíblica, teología, etcétera. Es una consagración personal a crecer por cuenta propia en la búsqueda de lo mejor del cristianismo.

Corresponde a cada individuo formar su opinión acerca de la idea de cristianismo que refleje mejor el carácter de Jesús, El Cristo.

Criterios de membresía

Reproduzco de forma íntegra un texto que recién aporté en el foro de una red social en Internet. El tema de la discusión giraba alrededor de una pregunta abierta que alguien hizo y que buscaba comentarios acerca de cuál debería ser la definición de dicha red social, la cual está asociada al grupo conocido por sus siglas ICOC (International Churches Of Christ):

Si me permiten, me gustaría participar con unos comentarios. Primero quiero decir que coincido mucho, pues me parece muy cierto, con la observación de que las personas, como yo, que nos acercamos al cristianismo hemos reconocido que somos de lo peor de la sociedad, personas de la peor calaña no por nada externo sino por nuestro estado interior (El Evangelio y lo peor de la sociedad). La evidencia de tal oscuridad la conserva cada uno en su propia memoria. Hablando de mi persona creo que tal situación básicamente permanecerá siendo cierta por el resto de mi vida. El cristianismo serviría no para olvidarme de eso, por el contrario, sino para ahondar en esa realidad y tomar cada vez mayor conciencia del grado de mi garrafal pequeñez interna.

De ahí me puedo explicar el porqué persisto en seguir participando en esta red social, la cual es una entre varias que existen o han existido anteriormente entre miembros de la ICOC —¿alguien recuerda lo que fue upcyberdown.com?—. Soy necio, arrogante, y muchas otras cosas similares, de las cuales por mucho tiempo fui el primero en ser el más severo e inclemente flagelador de mí mismo. Pero la flagelación moral no me sirvió de nada. En mi caso, otras cosas han sido lo que me ha ayudado a tomar conciencia de mi situación y lograr cambios, muy marginales, pero finalmente cambios de los cuales no hay regreso, como lo exige el arrepentimiento cristiano. La mayor parte del camino es lo que aún me resta por recorrer.

Entonces, no es de sorprenderse que al juntar a la calaña de la sociedad, como yo, resulten todo tipo de atrocidades. Tan sólo hacemos lo mejor que sabemos hacer: pecar —es decir, desatinamos el blanco u objetivo, el cual es Jesús, El Cristo.

Ahora, sea de forma física o electrónica, una red o grupo social de lacras indeseables muy probablemente llegará a la conclusión de que poner reglas y estatutos para discriminar a unas lacras de otras es una buena idea. Tal vez el criterio principal fuese quién se reconoce como tal y quién no. Pero cualquiera que sea el criterio para discriminar, automáticamente excluirá a todos aquellos que no cumplan con los rasgos determinados de manera intransigente. ¿Quién será aquel cobarde, aquel “ario”, quien se atreverá a determinar quién cumple con los criterios y quién no? ¿No le parece que quedarían muy poquitos dentro de un cerrado e irrelevante círculo elitista? ¿Quién será el intransigente que decidirá excluir a quien piense y sea diferente? Para aquel que dé un paso al frente le recuerdo que la frase: “Lo que se pone en Internet, se queda para siempre”, no ha resultado ser una frase ociosa. Prudencia es la palabra que cruza en mi mente.

Lo macabro de marcar líneas entre personas es que con facilidad se llega a conclusiones como la siguiente:

"Que los santos puedan disfrutar su bienaventuranza y la gracia de Dios más abundantemente, permitiéndoseles ver el castigo de los condenados en el infierno" —santo” Tomás de Aquino

Las ideas no son personas

Reproduzco un texto que recién aporté en el foro de una red social en Internet, dicha red social está asociada al grupo conocido por sus siglas ICOC (International Churches Of Christ) :

Reitero mi propuesta para que este sea un foro centrado en la expresión y en el debate de las ideas, no en la denostación de las personas que expresan sus ideas. Los espacios públicos en Internet no son un medio adecuado para tratar asuntos personales pues la comunicación se limita típicamente a la palabra escrita y ésta no es suficiente para una comunicación completa, requerida para tratar temas relevantes donde estén involucradas las emociones.

Las ideas se pueden debatir y desmenuzar por medio del raciocinio y se puede obtener algo positivo de ello. Las personas —que son algo separado y diferente de las ideas— merecen otro trato. Si no hacemos esa separación se incurre en terribles equivocaciones. Como por ejemplo, presumir conocimiento acerca de una persona sin darle la oportunidad de aclarar las dudas que nosotros tengamos acerca de sus palabras. El tropiezo consiste en asumir demasiado, pensar que se conoce a alguien pero errar por completo al imponer un contexto propio a las palabras del otro. Muy lamentable.

Sí, me parece que es cierto que cada persona es un mundo, y confundir a las personas con las ideas ha causado mucho dolor a lo largo de la Historia, y en particular en la historia del cristianismo. El cristianismo me ha interesado mucho desde mi infancia física, y ahora voy dándome cuenta que es mucho más amplio de lo que pensé. Digamos que el cristianismo va de la A hasta la Z, y para conocerlo no basta quedarse en A y B, sino que es necesario estar dispuesto a seguir aprendiendo, como un perpetuo aprendiz. Hace ya muchos años tomé la decisión de preferir comprar libros del tema para investigar ampliamente por cuenta propia pues aspiro algún día ser un principiante de teólogo cristiano. He preferido comprar libros en lugar de comprar automóvil, ropa innecesaria, casa, etc., decidí vivir con lo indispensable con tal de llegar a conocer más acerca de lo que es muy importante para mí.

Veo con preocupación que en la iglesia no se promueve el pensamiento crítico sino que se incurre en un adoctrinamiento que refleja los peores aspectos de la historia del cristianismo. Ni siquiera se conoce qué es eso de pensamiento crítico y se confunde con murmuración. Como consecuencia se vitupera a quien intenta practicar el pensamiento crítico. Se repiten una y otra vez los mismos patrones que han causado la mala fama del mundo religioso cristiano desde sus primeros siglos. Pocos individuos se han dado cuenta que ellos individualmente son la iglesia, no la institución, el Evangelio cristiano es para los individuos, no para las instituciones. Al no interiorizar eso, dependen perpetuamente de un “pensamiento grupal” o una “visión colectiva” que los hace desarraigarse de su ser, de lo que realmente les puede ofrecer un genuino crecimiento espiritual.

El Evangelio cristiano tiene enormes riquezas pero las condiciones para que el individuo acceda a ellas no están dadas como para mantener un intermediarismo de clérigos o ministros de culto que sólo terminan estorbando pues salen en defensa de sus propios intereses y asumen precipitadamente que hablan por cuenta de toda su feligresía. A los clérigos no les conviene que los individuos se desarrollen por su cuenta pues el papel paternalista del clérigo se tornaría irrelevante. Por el contrario, las condiciones en que nos llega la Biblia son tales que implica que los individuos busquen su propia educación —lo cual es diferente de la mera escolarización—, el entusiasmo no basta, una fe ignorante no alcanza. Hasta donde recuerdo siempre la consigna en la iglesia había sido: estudia la Biblia por ti mismo. Pero es lamentable que muchos individuos se queden tan sólo con lo que les dicen los demás, a decir de su conducta, no les interesa realmente el cristianismo, tan sólo les interesa “sentirse en la verdad” y “no desgastarse”, pareciera que sólo “lo práctico” vale. Un grupo numeroso de tales individuos ha resultado muy peligroso para quienes sean diferentes que ellos, como se puede constatar en la Historia. Pues aquel que piense diferente que ellos, necesariamente está errado y no es de la luz, y es un enemigo que debe ser derrotado para que ellos puedan seguir “sintiéndose en la luz”.

Sunday, November 14, 2010

Narcisismo e ideas humanas

Mi texto acerca de Mejorar las creencias podría interpretarse como que uno de los pensadores referidos soy yo, pero no debe interpretarse así. Traté de decir que son otros los que, después de toda una vida de consagración al cristianismo, han llegado a conclusiones muy diversas a pesar de haber partido de principios básicos similares. A nosotros, que nacimos después, nos toca poner atención a sus palabras.

Contra la idea de que las condiciones filológicas en que nos llega la Biblia indican el requisito de ser un erudito antes de poder adoptar una posición teológica al respecto, frecuentemente se suelen presentar casos conmovedores de sinceridad y amor de personas que no eran eruditas. A mí también me conmueven mucho las historias como la de los mártires cristianos del primer siglo. Hay muchos casos en la Historia del cristianismo desde el primer siglo que son muy conmovedores. De los cuales sólo resta admirarse y reflexionar. Pero tomar esos casos para justificar mi pereza mental y poner esos casos como ejemplo para justificar que no es necesario ser un erudito de la Biblia, me parece siniestro. ¿Qué dirían esos mártires si supieran que yo tuve la oportunidad de estudiar más profundamente la Biblia y su historia y no lo hice? Precisamente por esos casos, para honrar su memoria, es que es imperativo reconocer que si ellos no tuvieron el tiempo o la posibilidad de abrazar más ampliamente al cristianismo, nosotros que contamos con la Internet, con nuestra salud, y estamos vivos en este año 2010, no tenemos excusa para no hacerlo.

Por favor considera que la mayoría de nosotros no estamos en el mismo contexto de esos casos conmovedores. El mismo hecho que puedas leer esto indica que tienes muchas capacidades y recursos. Por lo que no aplica para tu caso el decir que no hace falta ser erudito. Para tu caso y para el mío, insistir en mantener una fe ignorante es un insulto a la memoria de personas como los mártires del primer siglo. Por favor no adoptes una posición insolente y oportunista al abusar de su memoria para defender tu pereza mental.

También yo en algún tiempo sentí desprecio por las ideas “humanas” pues sólo concedía valor a lo que proviene directamente de Dios. Pensé que mi contexto era especial y podía tener acceso directo a las ideas de Dios —eso sí es estar enamorado de uno mismo, eso sí es narcisismo—. También otorgaba valor sólo a las ideas de la iglesia, pero nuestra condición humana ha resultado inseparable, nuestro ritmo de errores y fallas impide concluir que las ideas actuales de la iglesia sean una base congruente sobre la cual se justifique decir que conocemos las ideas de Dios. Afirmar que las conocemos es simplemente demasiado arrogante y presuntuoso. Este es un caso de la diversidad de conclusiones a las que han llegado otros en el pasado y que han estudiado toda su vida la Biblia. Las preguntas importantes acerca de la Biblia no tienen respuestas únicas, insistir en conseguir respuestas únicas y absolutas es no entender la Biblia. Al parecer, parte del mensaje entrelíneas es: piensa por ti misma.

Para pensar por uno mismo es que se requiere la preparación a la que me refiero en mi texto Mejorar las creencias. Pero no se trata de obtener grados académicos, diplomados y otros engendros de la escolarización. Por el contrario, se trata de tu educación: del desarrollo de tu estado de conciencia. Eso sólo lo puedes hacer tú misma. Se trata de ahondar en el significado de ser una persona. Hay mucho por estudiar acerca de eso, ahí es donde se hacen relevantes las ideas humanas acerca del ser humano mismo. Si podremos algún día conocer las ideas de Dios, no lo sé. Pero antes que eso, lo que tenemos a la mano es averiguar qué es lo que Dios hizo cuando hizo al ser humano: las ideas del ser humano acerca de sí mismo y su papel en la existencia. En ese contexto sí tiene relevancia reflexionar acerca de las ideas humanas.

Las ideas humanas deberán sostenerse o descartarse por su propio peso y relevancia relativa al tema, por ningún otro aspecto. Es decir, las ideas no deben valer por quién las diga, o por una posición jerárquica o un rol en alguna organización, o por títulos académicos, o por años de experiencia, o por dónde estén escritas. Las ideas deben valer solamente por su valor intrínseco. Esto es de mucha importancia pues de otro modo, si no aplicamos el pensamiento crítico a las ideas, entonces fácilmente terminamos obedeciendo autoritarismos irracionales. Colocándonos a nosotros mismos justo en las posiciones que denunciamos.

Si es que hay un carácter incluyente en la iglesia, es decir, un sentido por el cual las aportaciones de los miembros valgan no por quién hace la aportación, ni por su trasfondo, ni por su posición jerárquica, sino por el peso relativo de la aportación misma, entonces el trabajo de profundización bíblica de un individuo y la divulgación de sus hallazgos servirán para contribuir al desarrollo de la conciencia como iglesia. Si no hay tal carácter incluyente sino uno cerrado y excluyente, entonces la profundización bíblica individual sólo vale si se ajusta y es avalada por lo ya establecido, por personalidades, por compadrazgos, por posición jerárquica, pero no por el valor de la aportación por sí misma. Está en nuestras manos elevarnos o hundirnos como iglesia. Está en nuestras manos darle un sentido valioso a las posibles respuestas a la pregunta: ¿A qué estás dispuesta a comprometerte con Dios y la iglesia a partir de hoy?

Friday, November 12, 2010

Mejorar las creencias

¿Por qué es importante mejorar nuestras creencias?

Por favor no consideres mis palabras, tan sólo por favor lleva a un nivel más profundo el interés que tienes por conocer más el cristianismo. Muy seguramente valoras mucho el contenido de la Biblia, muy bien, por favor entonces prosigue en esa valorización y dale más de tu tiempo y de tu esfuerzo para saber más acerca de ella, de su origen, de su historia. Ya son muchos siglos durante los cuales ha habido muchas personas que han compartido ese gran interés en el cristianismo, ya muchos en el pasado han dedicado muchos más años que cualquiera de nosotros en la actualidad para estudiar y practicar el cristianismo, y lo mejor de todo es que nos han legado muchos de sus escritos. Tú y yo no somos los primeros en tener una completa admiración por el cristianismo y no somos los primeros en querer dedicar toda nuestra vida a buscar las riquezas espirituales que ofrece el cristianismo. Incluso no tenemos la edad ni la sabiduría siquiera para compararnos con quienes, en la Historia, no sólo querían o estaban intentando consagrarse al cristianismo como nosotros, sino que ya lo hicieron y su legado está para que nosotros lo consideremos seriamente.

Algunas de las preguntas o situaciones a las que nos enfrentamos en la actualidad —qué pensar, qué hacer, qué decir, qué creer— acerca de las cosas relevantes en la Biblia acerca del individuo, de la iglesia, de la sociedad, de las relaciones, y en general de la existencia a nuestro alrededor, han sido pensadas seriamente por muchos otros en la Historia. Para llegar a sus respuestas, algunos han tomado como punto de partida los mismos principios básicos que muchos ahora compartimos acerca del cristianismo, incluso con mucha mayor sinceridad y compromiso que nosotros. Y sin embargo, la diversidad de perspectivas diferentes a las que han llegado es muy considerable, sin contar la otra diversidad de perspectivas diferentes a las que han llegado quienes han partido de principios básicos diferentes. Es decir, en esencia no somos inéditos. El interés genuino por el cristianismo no empezó en la época moderna con nosotros. Por lo tanto, el estudio personal y directo de la Biblia por parte de los individuos es importante pero además se requiere poner atención también a lo que ha sucedido con otros en la Historia que han seguido senderos similares. Mis palabras no importan, lo que yo haya entendido o averiguado no le sirve a otra persona. Lo que importa es que esa persona, quien ahora busque el cristianismo, no pare de aprender, no caiga en el agujero de sentirse en la verdad y deje de cambiar en su pensamiento y en su conducta.

Hay mucho por estudiar y considerar, el estudio de la Historia del cristianismo no es como una novela con figuritas, uno requiere prepararse intelectualmente para poder sacar provecho de tal estudio. Sin contar con una preparación previa, simplemente no veríamos la significancia, se nos puede hacer fácilmente aburrido e intrascendente. También ese estudio y reflexión es necesariamente calmo, poco a poco, pues también la Historia no se aclimata en un espíritu dominado por la prisa y la practicidad inconsciente.

Reitero, mis palabras no importan, mis hallazgos deben ser ignorados, lo que importa es que los individuos interesados vayan, por sí mismos, por sus propios hallazgos. Para que siguiendo su propio interés emprendan la investigación por cuenta propia. No es difícil darse cuenta que la escolarización y la cultura popular llegan a convertirse en enormes obstáculos para el individuo pues típicamente no se nos ha otorgado, desde la infancia, esa preparación que mencionaba en el párrafo anterior. A decir de la situación popular actual, es común que hayamos entendido desde la infancia que una autoridad es quien nos ofrece todas las respuestas y que no hay necesidad de pensar por nosotros mismos. Que todo lo que tenemos que hacer es creer en lo que se nos dice y que no hay necesidad de corroborar nada. Pero, con todo, el individuo podría decidir que eso no es exactamente cierto, y entonces escoger que debe buscar, por sí mismo, esa preparación previa requerida para luego emprender la profundización a la que se comprometió al hacer algo tan radical como bautizarse en el cristianismo para una vida diferente a las pautas que marca la sociedad y las autoridades que sólo buscan poder e influencia sobre los demás. Pero, claro, esa decisión depende de cada individuo.

¿Por qué insisto en que no consideres mis palabras? Trataré de explicarme con una analogía. Lo que pretendo decir con la siguiente analogía es que la verdad de un tema importante resulta ser algo mucho más grande que nuestro entendimiento actual de ese tema. Siempre será más grande de lo que entendemos en un punto dado en el tiempo, lo que importa entonces en no quedarse estático en un mismo conjunto de creencias porque entonces no avanzaríamos en nuestro entendimiento de ese tema. La analogía es acerca del tema de si el planeta Tierra es el centro alrededor del cual giran el Sol y demás astros. Hubo un tiempo en que eso no se podía dudar. Graves consecuencias padecieron algunos que se atrevieron a dudarlo. Algunos incluso les costó la vida y murieron cocinados en la hoguera al cuestionar las creencias establecidas en su momento histórico. Mucha gente vivió toda su vida creyendo sinceramente que la Tierra no se movía, “no puede ser”, dijeron. Resultó no ser ese el caso. La Tierra no sólo se mueve como dice la Ciencia, sino que además no es –como se creía— el centro del Universo y ni siquiera ocupa un lugar de relevancia en el vasto Cosmos. Es tan sólo una insignificante y delicada partícula en un inconmensurable espacio frío e inhabitable. Tal vez quienes toda su vida creyeron que la Tierra no se movía fueron felices por creerlo así, sintiéndose muy especiales por su lugar central en el Universo. El cómo trataron a quienes pensaron diferente es otro asunto que tendría mayor importancia que su mera felicidad personal. Mi punto es que las palabras de quienes pensaron diferente no importaron para otras personas de su época. Los hallazgos por los que pensaron diferente no sirvieron para otras personas. Sus palabras fueron ignoradas en su época o usadas para atacarlos. En épocas posteriores, y gracias a la investigación de otros que nacieron y crecieron después, fue que se corroboró cuál es la verdad del caso. La cual es familiar para nosotros ahora: la Tierra se mueve.

La analogía sugiere que investigar un asunto y buscar corroborar nuestras creencias puede ayudarnos a mejorarlas; por el contrario, sin esa corroboración corremos enormes riesgos de permanecer creyendo algo o muy limitado o incorrecto o de plano falso.

Ya que es reconocido como moralmente perverso el intentar estar manipulando el contenido mental —es decir las creencias— de otras personas, entonces no queda otra más que dialogar y discutir objetivamente todas las perspectivas sobre cualquier asunto, insistiendo que no se debe tomar nada como absoluto y que cada persona debe, por sí misma, buscar más información confiable para llegar a sus propias decisiones. Cuánto más si estamos hablando de ideas y conceptos tan importantes, a nivel personal, como lo son las ideas y conceptos del cristianismo.

Sunday, November 07, 2010

¿Qué quiere Yahvé?

El ejercicio de la filosofía antropológica busca contemplar al fenómeno humano en sus diversas manifestaciones. El conocimiento, el arte, la religión, la libertad, la comunicación, los valores, representan problemas o paradojas dignas de profunda reflexión para conocernos a nosotros mismos y a nuestra diversidad cultural. Para el caso de la cultura occidental no podemos más que reconocer la enorme influencia que ha tenido el cristianismo, a lo largo de los siglos, sobre el devenir de esta cultura. Así que para entender tal cultura es necesario tratar de entender también a la religión cristiana, sus orígenes, su amplitud y diversidad.

Uno de los dogmas del cristianismo ha consistido en afirmar la realidad de un dios con carácter antropomórfico, una persona con determinadas características, a quien la tradición judaica refiere como Yahvé. De tal dogma se desprende gran parte de su sistema teológico, el cual se fundamenta sobre el conocimiento de lo que Yahvé piensa, siente, o quiere. Lo cual llega a la Humanidad, según el cristianismo, por medio de una revelación divina directa, de viva voz o desde la mente de Yahvé hacia la mente de algunos individuos en particular del pueblo hebreo hace muchos siglos, quienes transmitieron tal revelación a su pueblo israelita. Uno de esos individuos fue Jesus, El Cristo, quien representa una de las figuras centrales para el cristianismo pues transmite de primera mano el sentido de lo que Yahvé piensa, siente o quiere. Los receptores de esta transmisión, a su vez, la propagaron en forma de una tradición oral que eventualmente se transformó en una tradición textual. Así, llega a nuestras manos al día de hoy una tradición textual en cuyo contenido, según el cristianismo, se puede conocer lo que Yahvé piensa, siente, o quiere. Tal tradición textual tiene su origen en una serie de textos antiguos provenientes de una diversidad de comunidades a lo largo del Oriente Medio durante los primeros siglos de nuestra era. La historia de estas comunidades y sus textos es de vital importancia para entender la formación de lo que llegó a ser el canon bíblico cristiano —remito una página con un atisbo hacia tal historia: Escogiendo un ejemplo—. Dicho canon incluye sólo determinados textos de aquella época: algunos del canon hebreo más algunos otros textos propiamente cristianos. Estos últimos son textos cuyo contenido, según el cristianismo, también fue inspirado milagrosamente por la mente de Yahvé de forma directa hacia la mente de los escritores para reflejar lo que piensa, siente o quiere. Sin embargo, no se cuenta con ningún original de tales textos, todos los originales se han perdido en la antigüedad y sólo sobreviven copias. Pero las copias más antiguas que se conservan datan de varios siglos posteriores a los sucesos que narran. Dichas copias son el resultado de una larga e intrincada serie de copias a lo largo de varios siglos, cuyo proceso no ocurrió libre de serios problemas de transmisión textual. Al parecer, el acto milagroso de la revelación divina por parte de Yahvé no incluyó el acto milagroso de conservar las palabras originales sobre lo que piensa, siente o quiere. Para solventar tan incongruente situación, según algunas facciones del cristianismo, se afirma que la persona en funciones de determinado cargo papal cuenta con la asistencia divina al dictar ex cátedra doctrinas pertenecientes a la fe y a las costumbres, y que así hoy en día conocemos lo que Yahvé piensa, siente o quiere.

¿Se puede conocer hoy lo que Yahvé piensa, siente o quiere?

El problema del conocimiento humano se hace relevante aquí al intentar cualquier respuesta a semejante pregunta. La antropología filosófica se vale de la Epistemología y de la Gnoseología para reflexionar sobre este tipo de preguntas —remito las siguientes páginas que, aunque precariamente, ofrecen un atisbo sobre Epistemología (Pensamiento crítico y filosofía de la Ciencia) y Gnoseología (Creencia y teoría del conocimiento), respectivamente.

Se podrían llenar bibliotecas enteras con todo lo que no sabemos acerca de un tema dado —de hecho así es—, y si el tema implica lo que no se puede encontrar en el mundo natural entonces no contamos con un punto de referencia consistente e inalterable con el cual corroboremos la plausibilidad de nuestro conocimiento. Es decir, el conocimiento sobre el mundo natural se puede corroborar de forma independiente; por ejemplo, sabemos de la fuerza de gravedad no sólo porque un tercero nos lo dijo sino además porque tenemos la teoría que la explica y nuestra propia experiencia sensible. El punto de referencia en este caso es la Naturaleza y permite descartar las teorías que no la expliquen apropiadamente. Por el contrario, para ostentar conocimiento acerca del mundo sobrenatural no contamos con un punto de referencia consistente e inalterable de acceso independiente, tan sólo lo que nos dice un tercero o el producto de nuestra propia imaginación. Pero en ambos casos no hay manera de corroborar la correspondencia con la realidad allá afuera, afuera de lo que se dice o de lo que se imagina.

Por lo tanto, el conocimiento que sostiene las respuestas a preguntas importantes —inclusive las preguntas del mundo natural— no tiene un carácter absoluto, nunca lo tendrá pues no están dadas las condiciones para obtener respuestas absolutas.

En el ámbito de la teología cristiana algunos han dicho que lo absoluto es lo que Yahvé piensa y que eso lo podemos conocer de alguna manera a través de lo que está escrito en la Biblia. Pero basta con estudiar la historiografía de la Biblia, el tipo de políticas que dieron lugar al canon bíblico, o una simple lectura comparativa del texto para darse cuenta, por uno mismo, que la Biblia ha sido el libro más importante en la cultura occidental pero también que la Biblia no es un punto de referencia consistente e inalterable como muchos, de una manera desinformada, quieren hacer ver.

Esto nos lleva necesariamente a cuestionar la posibilidad de conocer lo que Yahvé realmente piensa, siente, o quiere. Las condiciones en las que nos llega, hoy 2010, la información acerca del cristianismo exigen cuestionar toda afirmación que presuma saber lo que Yahvé piensa o siente. Pues en realidad eso no se puede conocer ya que simplemente no hay manera de justificar tal conocimiento y, por tanto, toda afirmación de ese tipo resulta en una mera opinión, subjetiva, y no en conocimiento confiable. Una causa recurrente de errores mortales cometidos por el ser humano en contra de sí mismo y de otros seres humanos ha sido basar sus juicios en conocimiento que no es confiable.

Otra cuestión totalmente diferente es argumentar una posición teológica circunscrita al ámbito del cristianismo, sin ninguna pretensión de correspondencia con la realidad fuera de ese ámbito. Aun así, vemos que, dadas las condiciones actuales, la discusión y el debate son caminos adecuados para quien insista en hacer preguntas relevantes sobre la religión cristiana y su influencia en la cultura occidental. Remito las siguientes páginas con reflexiones que pueden alentar tales debates en tanto al estudio bíblico (Sobre ser adulto) y acerca de los conceptos de realidad, dogmatismo (La realidad y el dogmatismo), y verdad (Verdad y teoría).

Wednesday, November 03, 2010

¿Qué es crecer espiritualmente?

Mis respuestas a esta pregunta ya se han quedado cortas al paso de algunos años. Seguro habrá quien quiera compartir sus perspectivas y esté dispuesto a entablar un diálogo que nos motive para aprender de manera mutua.

Para este diálogo, y en el contexto de Internet, sugiero dar minúscula importancia a quién, en particular, seamos y propongo mejor dar importancia capital a las ideas que queramos expresar, ideas que representarían aportaciones valiosas al registro histórico en esta comunidad mundial.

Aliento a cualquiera para que nos comparta sus perspectivas acerca de la pregunta ¿Qué significa crecer espiritualmente? No obstante, sugiero algunas pautas que podrían ayudar para avivar la reflexión y posiblemente obtener algo de provecho del posible diálogo:

(1) Compartamos nuestras perspectivas y tratemos de acompañarlas con una explicación de por qué pensamos de esa manera. Es decir, al expresar una afirmación acompañémosla con la o las razones debido a las cuales llegamos a tal afirmación. Si además referimos evidencias o ejemplos que den soporte o justificación a tal afirmación, entonces estaríamos aumentando la solidez de nuestra aportación.

(2) Lo anterior implica que tomaremos al menos un poco de tiempo para ordenar nuestras ideas y luego expresar claramente nuestros puntos más importantes. Para esto es común reflexionar sobre lo que realmente pensamos, voltear hacia uno mismo para intentar contemplarse.

(3) A veces nos encontramos incapaces de articular las palabras que expresen nuestros pensamientos, por lo que un mínimo de investigación en el tema se hace indispensable para aprender cómo expresar nuestro ser. La mejor parte suele ocurrir al aceptar nuestra ignorancia y vernos empujados a investigar más en serio el asunto para tratar de aprender del tema. En cualquier caso, la investigación y la lectura ayudan mucho.

(4) En el caso, sugiero que al citar las palabras de autores o personajes, de cualquier época, expliquemos también la interpretación sugerida para tales palabras. De otro modo, si tan sólo remitimos una frase célebre o un verso bíblico o cita religiosa aislada entonces lo que decimos queda abierto a múltiples interpretaciones y no se aclara nada del pensamiento propio.

Algunos han observado que el crecimiento espiritual podría ser uno de los rasgos más importantes para un ser humano. Pero, ¿qué es progresar en el espíritu? ¿Cómo atestiguamos un crecimiento real y cómo lo distinguimos de una mera apariencia de crecimiento? ¿Es posible atestiguar progreso en uno mismo, se puede atestiguar en otros, cómo? ¿En qué sentido se crece o se decrece en el espíritu? ¿Se trata sólo de estados de ánimo y emociones o de algo menos efímero y menos inestable? En todo caso, ¿cómo se relaciona el crecimiento espiritual con nuestros vicios y virtudes, filias y fobias, con el dominio propio y la esclavitud disimulada? ¿Cuál es su relación con la posibilidad de ser dueños de nosotros mismos? ¿Qué es el crecimiento espiritual?