Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Thursday, May 31, 2012

Hablar mal de «Yo Soy 132»

Jóvenes: los felicito por su activismo. Pienso que la actitud de expresar opiniones debidamente formadas es algo muy importante. Por supuesto, dicha importancia se basa en los procesos por los cuales se forman dichas opiniones; pues, sin esos procesos, es mejor quedarse callado en lugar de vociferar meras opiniones copiadas de otros.

¿Necesitan ustedes porras o entusiasmo ciego de parte del resto de la sociedad? Sospecho que no; y yo no ofreceré este tipo de “apoyo”. Por el contrario, para mostrar mi apoyo a jóvenes como ustedes lo que tengo es la mejor valoración crítica de la que pueda yo ser capaz.

Así, buscaré seguir un llamado* similar al que hace Denise Dresser en relación con nuestra sociedad aquí en México. El llamado sería, para este contexto, el siguiente: Llamado a hablar mal de Yo Soy #132.

* Una mexicana notable

¿Democracia representativa?

Lo quisiera decir con claridad: el sistema político imperante no me representa. El remedo de “política” que vemos todos los días —no alcanzo a imaginar la que no vemos—, a decir de sus alcances y sus efectos, ni es siquiera algún tipo de democracia ni tampoco se interesa por la suerte de la gran mayoría; por lo cual, desde su elemental concepción, es un sistema inmoral. La religiosidad vulgar de las sectas o partidos políticos no me ofrece bases para una confianza justificable, pues su “buena” política se traduce, ultimadamente, en “buena” simulación. Sin mencionar que su “mundo real” se presume por siempre dividido entre un “ellos” y un “nosotros” simplemente porque conviene a unos pocos ver dividida a la gran mayoría cuando en realidad no hay bases para tan desmedida presunción.

No estoy obligado a ceñirme a sus agotadas opciones políticas, ni a considerarme atípico cuando ninguna medida de salud podría significar el estar ajustado a un sistema enfermo desde su médula.

Refiero el siguiente video por el tono de su denuncia en contra del sistema —que no por sus alusiones a personajes en particular, por más vilipendiados que suelan estar por las inercias partidistas de celo sectario:

Saturday, May 26, 2012

Cambiemos para seguir igual

El otro día Gustavo Sassano me mostró esta imagen. La cual me provocó estas reflexiones.

Consideremos la siguiente interpretación: el sartén sería un sistema establecido, las caras de la tortilla serían los cambios o mejoras que buscan hacer quienes tienen puestos sus intereses en esos cambios o mejoras, la mano que sostiene el mango del sartén o el dueño de dicha mano sería el poder atrincherado, sea poder político, económico o religioso, quien determina el qué y el cómo de lo que cambia o deja de cambiar en el así llamado “mundo real”.

Los intereses atrincherados han tenido una muy variada cantidad de técnicas para salirse con la suya. Una de ellas sería esa que ridiculiza Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su novela «El gatopardo». De la cual se deriva esa técnica del gatopardismo:

«"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". "¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado". "…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está."»

Se puede aplicar en muchas situaciones, en las que hay múltiples capas de poder por encima de un individuo y que, aparentemente, representan el “todo” de su mundo real y por las cuales —dicen— no hay nada por hacer al respecto. El individuo está obligado a aceptar dicha realidad pues no es dueño de esa realidad en la cual siempre habrá figuras paternalistas que le definan su vida y su destino. Lo trágico es que algunas formas de “educación” imperante refuerzan desde la infancia tal perspectiva.

¿Cómo podría ser capaz un individuo, común y corriente, como yo, de lograr una cosmovisión distinta para sí mismo?

No puedo dejar de reflexionar sobre lo positivo del cristianismo, y sobre lo trágico cuando esas capas de poder secuestran esos aspectos positivos para servirse ellos y negar a los individuos lo que les pertenece —lo que no pertenece a las instituciones religiosas jerárquicas y anquilosadas: el uso de la devoción y el fervor personal por lo infinito o la bondad o lo absoluto o el amor o la libertad para imaginar y crear nuevos mundos posibles.

¿No acaso la idea de bautismo, el nacer de nuevo de lo alto, puede tener muchísimos significados, tantos como individuos quieran tomar en serio los textos bíblicos? ¿No acaso la idea de poner vino nuevo en cueros viejos implica la transformación continua de la conciencia y la mejora de nuestras opiniones y creencias?

Un hombre unidimensional suele afirmar que los textos bíblicos tienen una y sólo una interpretación verdadera, pues —según ese hombre unidimensional— La Verdad es su más preciada posesión. Sin embargo, la idea de La Verdad es una idea feroz, arrolladora; pues fácilmente seduce a quién anhela el poder sobre otros. Poseer La Verdad no es algo para humanos, ni siquiera para dioses ni demonios, pues el peso de tal posesión es excesivo, dilapidante. Tan fatídica es tal carga que quien osa llevarla se condena a sí mismo a la perenne futilidad de Sísifo —ver «El míto de Sísifo», de Albert Camus.

¿Será acaso, entonces, que una de las verdades evangélicas del cristianismo, aquella que nos debiera hacer libres, es una verdad con minúsculas, más simple y más próxima?

Por lo que, ¿será una verdad cristiano-evangélica toda aquella que, precisamente, es verdad debido a que nos libera, y si no lo hace entonces puede justificadamente ser desechada?

Así, aventuro la siguiente reinterpretación bíblica: la idea de la esposa de Cristo, la Iglesia escogida, es la biósfera terrestre con todas sus especies sensibles; y, entre ellas, la especie humana, la que también ha sido dotada con facultades como la intuición, la emoción y el raciocinio, representa la casta sacerdotal consagrada al servicio de dicha comunidad global, para el desarrollo de las facultades de esa comunidad y para su florecimiento homeostático.

A partir de tal reinterpretación —o cualquier otra similar—, aquel miembro activo en lo positivo del cristianismo, o de cualquier otra religión organizada e institucional, puede con entera confianza y seguridad abandonar la idea de La Verdad, cuyo efecto es el pensamiento sectario, y que desafortunadamente usurpó el lugar que le corresponde a la libertad que viene de las verdades —con minúsculas— cristianas.

¿Algún juicio crítico que tengan la bondad de ofrecer a este pobre humano ignorante —su servidor?

Sunday, May 06, 2012

Realidad y ficción


¿Qué papel juega algo como el arte, como la ficción literaria y el ejercicio estético en la vida del animal humano? Y, quizá también muy relevante, ¿qué papel juegan en la transformación de esa vida? ¿Es posible transformar nuestra sociedad también por medio del arte?

Este breve texto que escribo «aquí», y que usted respetable lector interpreta «allá», no intenta ser un texto propagandista con ideas ya por completo terminadas y bien formadas, listas para consumo cuales productos manufacturados en masa. Sugiero sirva este texto como una invitación a la contemplación y a la meditación sobre la relación entre realidad y ficción, entre lo real y lo posible. Propongo, además, considerar que ese «aquí» y «allá» no son en realidad dos ámbitos distintos sino un solo —muy extenso— ámbito cimentado en nuestra naturaleza neurobiológica: ese prodigio del mundo natural llamado mente humana —toda ella, tanto la mente consciente como la mente inconsciente.

El tipo de contemplación que implica el ejercicio estético incluye ese rasgo de diversión y deleite, ese rasgo «recreativo» que suele estar asociado a lo que nos gusta y disfrutamos, pero también a lo que nos aterra y nos hace temblar —en general a la vivencia y exploración de nuestra «sensibilidad subjetiva». Hay dos conceptos clave resaltados en este párrafo que elaboro brevemente a continuación:

Primero, nuestra «sensibilidad subjetiva» y “el mundo real” no están hechos de algo radicalmente distinto al material de nuestros sueños. Consideremos el porqué. La manera más demostrada para conocer lo que hay afuera de nuestra propia mente es al estilo científico. Pero ese estilo, por supuesto, no es conocer por el principio de autoridad, en particular de ninguna autoridad científica, sino por el desarrollo y la aplicación de nuestro propio pensamiento crítico individual. Aun así, el conocimiento científico es corregible y es mutable; es decir, la realidad científica no es absoluta sino que sus perspectivas —por ejemplo el realismo crítico— ante el conocimiento están abiertas a cualquier posibilidad que demuestre un mejor soporte para entonces tomar su lugar como una nueva realidad científica aumentada o mejorada. Y así, esa nueva realidad científica tendría un mayor alcance para explicar, predecir, describir y controlar el mundo “allá afuera”, afuera de nuestra propia mente. Pero de ese mundo de afuera sólo sabremos aquello dentro de los límites neurofisiológicos de nuestra propia biología. Al mundo afuera sólo podremos conocerlo a través de la ventana de nuestro cerebro humano y el factor de la fisiología cerebral no podría ser removido de la ecuación del conocimiento. Por tanto, un rasgo de una posición científica es la sobriedad para aceptar que habrá aspectos del mundo “allá afuera” ante los cuales es preferible escoger una incertidumbre articulada en lugar de una certeza desarticulada. Un excelente texto, de Juan Rodes, con reflexiones epistemológicas, tiene el título: «La realidad según la ciencia y el constructivismo» [1]. El texto de Juan Rodes me parece un muy notable texto para reflexionar, para indagar más al respecto y para hacer ajustes o remplazos en no pocas de nuestras opiniones sobre “el mundo real” que dicen algunos —en tono absolutista— no puede ser cambiado por los individuos.

Segundo, el rasgo «recreativo» del arte implica crear algo nuevamente o expresar algo nuevo sobre lo ya existente [2]. El narrar relatos sobre la realidad es algo que los humanos siempre hemos hecho para habitar dicha realidad. No es posible hacerlo de otra manera pues no tenemos acceso directo al mundo en sí, al mundo “allá afuera” ya mencionado. A lo largo de la historia de nuestra especie esos relatos han sido diversos y cada vez más sofisticados —estos rasgos provienen de nuestros diferentes niveles de destreza para interpretar lo real. Estos relatos cumplen una función vital para habitar nuestra realidad y para transformarla. Otro nombre que se ha dado a estos relatos en el estudio de la filosofía de lo humano —antropología filosófica— es el de «mitos». Pero mito no como sinónimo de patraña sino como interpretación simbólica basada en el lenguaje —lenguaje como rasgo humano con el que se crean esos relatos para interpretar lo real y para transformarlo [3]. De ahí, en parte, proviene el poder de la ficción literaria como un ejercicio relevante en el humano para entender lo que es nuestro mundo y, así, entendiéndolo entonces transformarlo.

Por ejemplo, recién imaginé y escribí un par de narraciones, dos intentos para ejercitarme en la escritura de ficción literaria. Por supuesto, no es que haya existido un joven conversando con una mujer en la apacible orilla de un río [4], ni tampoco que exista un Anciano Prelado pronunciado un discurso [5], la «existencia física» concreta, en tiempo y espacio, no es el punto del relato sino que ese tipo de conversaciones y ese tipo de discursos «existen» de alguna y muchas maneras.

Referencias

[1] La realidad según la ciencia y el constructivismo — disponible desde cualquiera de las siguientes dos páginas en Internet: primera, o segunda.

[2] El arte como molde

[3] Mito y transformación

[4] Una ficción

[5] «¡Hay un Dios Vivo!»

Saturday, May 05, 2012

¿Contribuir a la sociedad?

¿Cómo un simple, común y corriente individuo, como yo, puede contribuir para mejorar la sociedad?

Pienso que podemos contribuir de una manera muy significativa a nuestra sociedad si cada uno mejora en cómo pensar; no al respecto de «qué» pensar sino de «cómo» pensar. Por supuesto, eso implica elegir el duro y continuo esfuerzo de escapar, uno mismo, del estado de analfabetismo científico y filosófico. Empiezo por reconocerme en dicho estado. Así como también es propicio reconocer que la actual idea de escuela, educación y universidad —a decir del talante de sus “mejores” productos, quienes aceptamos al frente como líderes de la sociedad— es un fraude si consideramos la idea de una educación ilustrada, como la vislumbraron muchos pensadores en la Historia de la educación.

Por lo que las mejoras en nuestro actual sistema sociocultural necesitan ocurrir en niveles muy básicos de nuestra formación como personas. Algo menor a eso pareciera tomar diversas formas de gatopardismo —buscar el tipo de cambios para que todo permanezca igual—. Por lo que una honda y honesta valoración es indispensable pues quizá no estemos dispuestos a hacer semejante esfuerzo, y en realidad queremos que todo permanezca como está.

Pienso que un rasgo de la educación que uno mismo se busca consiste en poner límites al error propio, y eso es, en sí misma, una aportación importante a la sociedad.

Acaso una buena contribución individual inicie por reconocer dónde está el poder real en la sociedad: en el propio individuo y no en las así llamadas “autoridades”, siempre y cuando sea un individuo pensante, uno que cuente con el trabajoso hábito de indagar por conocimiento para formar sus opiniones y no sólo repita las opiniones que le acomodan. Así, primero, quedaría justificada la acción de opinar sobre el tema de la contribución; de otro modo, si nuestra mejor participación es vociferar meras opiniones sectarias o ideológicas entonces, quizá, tan sólo somos parte de los problemas o de sus cortoplacistas soluciones. Y así, segundo, un individuo puede cuestionar y contradecir, apoyar y proponer, pero sin caer en el servilismo de ser tan sólo un acatador de políticas autócratas.

Por ejemplo, nuestras opiniones sobre economía suelen girar únicamente alrededor de un sistema económico ya establecido —como el neoliberal— o de sistemas económicos viejos y caducos —como el comunismo o el socialismo—, y nos quejamos de sus excesos al mismo tiempo que aceptamos que permanezcan mecanismos que tienen en común tales sistemas; por ejemplo: un sistema monetario, es decir el concepto de dinero. El dinero es una convención social, no es algo que encontramos en el mundo natural, y podemos acordar algo diferente. Pero el inicio del cambio está en el individuo que cuestione y contradiga la convención establecida, una vez que haya puesto esfuerzo para entender el origen, los límites y los excesos de tal convención social.

En las siguientes páginas hay más reflexiones sobre (1) la mejora de la sociedad a partir de la autocrítica, y (2) sobre sistemas económicos alternativos en los que el concepto de dinero desaparece:

(1) Soy el sistema

(2) ¿Qué es una Economía Basada en Recursos?

«Al principio las personas se niegan a creer que pueda realizarse una idea extraña y nueva, luego empiezan a esperar que pueda hacerse, luego ven que puede hacerse, a continuación se hace y todo el mundo se pregunta por qué no se hizo desde siglos atrás»Frances Hodgson Burnett

Thursday, May 03, 2012

«¡Hay un Dios Vivo!»


¡Peligro! Una cantidad por determinar de realidad está presente en el siguiente fragmento. No debe continuar leyendo a menos que cuente con alguna disposición para el posible dolor que esas cantidades por determinar de realidad suelen infringir cuando las recordamos; de otro modo, si no cuenta con esa disposición, por favor aléjese de esta página. Queda usted advertido.

«¡Hay un Dios Vivo!»

«Sí, sí hay una realidad absoluta y es aquella respaldada por los hechos irrefutables, incorregibles e inmutables. Por lo tanto, sí hay una religión cuyo sólido fundamento es esa realidad, una religión cuya verdad vigente y objetiva es la que hace corresponder sus conceptos con la conducta de millones y millones de personas en la sociedad; desde hace mucho tiempo y tal como lo es al día de hoy. Aquel que dude de la realidad y de la verdad de esta religión ¡sea anatema! —pues ha perdido contacto con el firme terreno que sostiene su propia existencia. Esa religión es la del mundo real, práctico y palpable, por lo que está más que justificada para elevarse al estatus de religión única, La Religión Verdadera. Ella es el camino que nos conduce a la más grande divinidad, al Altísimo Señor Dios Todopoderoso llamado: Dinero. ¡Postrémonos todos!

Él vive y gobierna soberano desde Sus gloriosos templos bancarios, bursátiles y financieros, y es venerado en todo el mundo por Sus grandes obras; pues no hay sociedad alguna que funcione, u ose funcionar, a no ser con la venia de Su Santísima Voluntad. Nada supera Su Gran Poder, Su Gran Poder sólo es comparable con el poder de la muerte. Jamás Su Gran Poder ha sido puesto en tela de duda, y jamás nunca nadie, por los siglos de los siglos, dudará de Su plena y patente existencia y de Su Absoluto Gran Poder.

Por supuesto, esta Religión Verdadera es la Santa Madre religión de donde proceden las religiones institucionalizas; entre sus hijas predilectas están las tradiciones religiosas abrahámicas —el judaísmo, el cristianismo y el islamismo—, las cuales retozan más vigorosas que nunca, hoy en día, para el Honor y para la Gloria de su Altísimo Señor Dios Todopoderoso Dinero. La progenie es indudable pues ellas nunca jamás han siquiera vislumbrado una sociedad donde su Altísimo Señor no sea idolatrado, ni tienen contemplado jamás atreverse a considerar tal sociedad sin su Altísimo Dios Dinero. Este Señor Dios, con Su Gran Poder, mantiene un dominio absoluto de comando y control sobre la población en general por medio de sus prelados jerárquicos y ministros de culto, quienes resguardan y defienden una constante e irresistible veneración, acatamiento, sumisión e incuestionable adoración a su Altísimo Señor Dinero. Ellos mismos proclaman las loas, y promueven que se promulguen, día y noche sin cesar: ¡El Señor Dinero es bueno, es poderoso, es real, es práctico y nada se le puede oponer! ¡Por Su Gran Poder vivimos y nos esforzamos día con día y estamos más que dispuestos a morir por Él! ¡Todo es dominado por nuestro Señor Dios Dinero, Él nos proporciona el poder para ser buenos, incluso el pobre recibe caridad por medio de Él! ¡Nuestras decisiones, de día y de noche, las hacemos pensando y viviendo por Él y para Él! ¡Sus enemigos caen abatidos, inermes, ante Su Gran Poder! ¡Que lo memoricen y que lo repitan los niños de todo el mundo! ¡Que toda idea de educación gire entorno a Él! ¡Viva por siempre nuestro Señor Dios Dinero, glorias, aleluyas por los siglos de los siglos!

El Señor Dios Dinero, en Su infinita sabiduría, ha concedido la coexistencia de divinidades menores a Él, incluso estas divinidades podrían tomar opacas formas detrás de políticas moralizantes o autoritarias moralinas, pero Él ha dispuesto que ninguna de esas divinidades menores pueda superar Su Gran Poder y todo, ultimadamente, debe determinarse en función de Él. Además, con sublime y divina inteligencia, Él ha permitido que se le idolatre de muchas y variadas maneras, incluso muchas de ellas con disimulos. Por ejemplo, se le puede concebir como una simple e inofensiva herramienta de intercambio de valor, siempre y cuando nunca se cuestione ninguna noción popularizada de lo valioso. O también, se perpetúa su adoración por medio de aceptar su indispensable e innegable presencia para hacer el bien, a tal grado que ideas como el amor, la libertad, el altruismo, la filantropía, queden reducidos, invariable y prácticamente, a expresiones concretas en términos de Él. Un ejemplo más, quizá de los mejores, es admitir, sin el menor uso de las facultades propias, que es absolutamente imposible lograr que todo ser humano tenga lo necesario para vivir y morir de manera desarrollada y digna sin alabar a nuestro Dios Dinero, por la simple razón de que el egoísmo y la avaricia están en los genes de la especie y no tan sólo en su ambiente sociocultural; y además, porque siempre habrá pobres en la sociedad y que no hay caso en pensar diferente, pues, ultimadamente, así lo ha decretado nuestro Señor Dios Dinero.

Nosotros, como prelados jerárquicos y ministros de Su culto, hemos quedado investidos de inquebrantable fe y, rebosantes de la misma, afirmamos imperturbables: nosotros estamos aquí por la Voluntad de nuestro Señor Dios Todopoderoso Dinero, por lo tanto, nosotros decidimos el qué y el cómo en la sociedad; somos los depositarios de su gobierno, de su dirección y de su destino final, por lo que nadie más que nosotros tiene la encomienda de presidir a la sociedad como mejor y más adecuado nos parezca. Nuestras opiniones provienen de nuestro querido e idolatrado Santo Señor Dios Todopoderoso Dinero y buscamos Su Gloria y Su Honor, por lo tanto, y por fuerza, estamos en el único camino verdadero y correcto hacia la mejor sociedad posible. Nuestra sagrada misión incluye combatir y derrotar a los enemigos de nuestro Señor Dios. Esos enemigos que odian a nuestro Altísimo Dios Dinero, y quisieran acabar con Su Divina Existencia, son quienes deberán ser por siempre y para siempre exterminados. Si la sociedad llegara a caer en las manos de nuestros enemigos entonces estaríamos permitiendo que las puertas del infierno quedaran abiertas por completo y esta sociedad, como es y como funciona, se acabaría tal como la conocemos. Reforcemos, entonces, nuestra fe y seamos muy agresivos en siempre perseverar en la santa misión que nuestro sacratísimo Dios Dinero ha puesto en nuestras manos.

¡Hay un Dios Vivo! ¡Gloria a nuestro Santo Señor, el Altísimo Dios Todopoderoso Dinero!»

—Fragmento del discurso pronunciado por el Anciano Prelado ante la Gran Asamblea Anual del Sentido Común.

Tuesday, May 01, 2012

¿Original bíblico?

¿Hay un solo mensaje bíblico original? ¿Sí? Entonces, ¿se puede justificar una afirmación de haber encontrado tal mensaje original? ¿No? Entonces, ¿cuál es el punto del texto bíblico?

El estudio bíblico erudito —incluida la disciplina de la crítica textual o crítica baja y el método histórico-crítico o crítica alta— es otro de esos enormes temas que me rebasan y a los que, precisamente por su imponente complejidad, me veo atraído. No pretendo poseer conocimiento bíblico que realmente no tengo, pero sí pretendo ensayar preguntas que provoquen la reflexión y el cuestionamiento, tan necesarios hoy sobre el tema de la religión institucionalizada en general y sobre cómo esta es popularmente entendida.

El hecho es que no contamos con los manuscritos bíblicos originales y el número de inconsistencias y discrepancias en las miles de copias existentes impiden eliminar justificadamente la ambigüedad de los diversos mensajes originales posibles. Y el problema abarca las nociones más básicas sobre las creencias cristianas populares, como la divinidad de Jesucristo, la idea del Mesías, el propósito del sacrificio de Jesucristo en la cruz, la función de la resurrección, la intención de un nuevo grupo religioso o iglesia cristiana, etc.

Analizar los argumentos de los investigadores sobre el tema de los manuscritos bíblicos originales es muy importante pues amplía y profundiza el entendimiento de la religión cristiana. La variedad de tales argumentos hace del estudio del tema una experiencia más rica. Por lo tanto, es relevante consultar el trabajo de los estudiosos que han compartido sus hallazgos con el resto de nosotros. Bruce M. Metzger, David C. Parker, Albert Schweitzer, y muchos otros, son del tipo de eruditos a los que me refiero.

Fui un ferviente cristiano evangélico desde mi juventud. Después de más de veinte años de vida de iglesia llegué a darme cuenta de que podía aproximarme de mejor manera a la mayoría de los valores cristianos que buscaba si cambiaba mi particular cosmovisión cristiana por otra más humana, secular y laica. El arrepentimiento cristiano, como un cambio de mentalidad y de comportamiento, es uno de esos valores cristianos que todavía busco, pero fuera de los juegos políticos anquilosados de la vida de iglesia. Los principios filosóficos básicos, como la autocrítica y el pensar por uno mismo, me han ayudado en la práctica de ese valor.

Hace pocos años, encontré los trabajos de crítica textual y criticismo histórico, y a esos esforzados y concienzudos eruditos que llevaron el estudio bíblico a un nivel más detallado y cuidadoso. Este hallazgo me ayudó a pensar más acerca de un punto aún opaco en mi mente: lo sobrenatural en mi cosmovisión cristiana anterior.

Ahora, no tengo certeza alguna sobre esa supuesta realidad sobrenatural pero, basándome en el estado del asunto con las fuentes textuales de mi anterior cosmovisión, tiendo a concluir provisionalmente que dicho aspecto —lo sobrenatural— se ha tornado irrelevante para mí. Es decir, la base física de los manuscritos originales, y también de las antiguas tradiciones textuales disponibles, parece haber sido sujeta de la ley natural y del paso del tiempo, por lo que no hay ninguna evidencia de intervención sobrenatural alguna para la conservación de esas fuentes textuales originales. ¿Qué podríamos inferir de eso? ¿Es acaso esa situación con los originales un buen soporte para buscar "el mensaje original" como parte relevante de un enfoque bíblico edificante? ¿O, quizá, debamos aceptar que obtener "el mensaje original" no es el punto de los textos bíblicos, sino ejercer la interpretación personal auto-reflexiva, al igual que con cualquier otra literatura antigua?

Activismo y entusiasmo

Cuando algún joven activista inesperadamente me aborda con una propuesta para cambiar al mundo, suelo escuchar con atención y tratar de entender su propuesta más allá de su entusiasta discurso inicial. Además, le suelo solicitar referencias para que yo pueda entender, de una manera más amplia, de qué trata su activismo.

Así mismo, algunos recuerdos me hacen ver en ese joven a aquel entusiasta cristiano que fui en mis años mozos, quien abordaba directamente a desconocidos, en la calle o donde fuese, para hablarles de cómo el Evangelio novotestamentario era La Verdad, y cómo esa verdad los haría libres de la pertinaz esclavitud del pecado —en algunos contextos cristianos, pecado es desatinar el modelo, o el ejemplo, mostrado por Jesús, El Cristo.

Tras muchos años de ese tipo de activismo religioso personal y tras comprobar cómo la proclamada libertad evangélica toma, con demasiada frecuencia, la forma de otros tipos de esclavitud y disimuladas cadenas, decidí seguir buscando tal libertad fuera de ese cristianismo religioso y sobrenatural.

Por lo que, desde esa decisión, he buscado analizar a fondo algunos movimientos sociales contemporáneos para cambiar al mundo pues suelen incluir alguna promesa de mayor libertad en lo individual y en lo colectivo.

Así que, dada mi experiencia con mi propio activismo y dados mis hallazgos con grupos de entusiastas activistas que promueven cosmovisiones diferentes a las establecidas, distintas a aquellas basadas ultimadamente en el dinero y en la estratificación social, es que suelo sugerir no poca atención a una nota como la que recién hice al Movimiento Zeitgeist:

Nota para el Movimiento Zeitgeist