Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Saturday, October 31, 2015

Sobre «Dios» — Amadeo y Macario. Episodio 2.


(Episodio 1)

—Mira, Macario, quiero dejar en claro algo —contesta Amadeo con firmeza pero sin poder ocultar el sentimiento detrás de sus palabras—. Tú has dado la espalda a nuestra amistad y a ese pacto de hermandad radical que al parecer ya olvidaste. El pacto que hicimos aquellas madrugadas, después de horas de oración y clamor a Dios, fue «¡Hasta la última gota de sangre!» Yo lo tengo muy presente. ¿Acaso lo olvidaste? ¿Fue sólo un juego para ti? ¡¿Tan poca cosa resultaron tu palabra y tu compromiso como hermano en el Espíritu?!

—Ese pacto lo tengo tan fresco en mi memoria como si hubiese sido ayer. De eso quiero hablarte pues es precisamente ese compromiso por buscar la verdad lo que no puedo, ni debo, eludir.

—¡No Macario, no! Tú estás muy equivocado. Ese pacto no lo hiciste con hombres, ¡sino con Dios, y a Él tendrás que darle cuentas!

—Comprendo que lo veas así. Así también lo creí. ¿Recuerdas mi bautismo en aquella fuente pública?

—Claro, yo mismo te sumergí.

—Así fue. Desde entonces he intentado tomar muy en serio lo que hice: sepulté mi vida pasada y renací para una nueva vida dedicada a la gratitud por lo que hizo Jesús, El Cristo.

—¿Y qué pasó? ¿Por qué ya no eres parte de Su iglesia verdadera?

—¡Excelente pregunta Amadeo! Mira, de todo eso quiero platicarte. He intentado tomar en serio tu ejemplo de esmero y dedicación al estudio más importante para un cristiano: el estudio de la Biblia.

—No te comprendo Macario. Ese estudio debiera haber fortalecido tu fe y solidificado aún más tus convicciones en la verdad que yo mismo te enseñé. Pero siento, con mucha pena, que te has desviado hacia el error y hacia la herejía. ¡La salvación de tu alma está en riesgo! ¿Acaso quieres ir al infierno por toda la eternidad? ¿Olvidaste la misión de salvar a este mundo perdido?

—La cosa es, Amadeo, que estudiar un poco más en serio todo este asunto del cristianismo me ha llevado a repensar muchas de las ideas que creía tener tan firmes, pero cuya base ha resultado hueca.

—¿Por ejemplo?

—La inspiración divina de la Biblia, por ejemplo. La idea de que lo escrito ahí sean los pensamientos de Dios es la idea de algo milagroso. La inspiración divina de la Biblia sería un milagro sobrenatural hecho por Dios. Si ese milagro ocurrió o no hace más de dos mil años es algo que desconozco, pero al parecer no ocurrió ningún milagro de preservación de esos textos inspirados. No contamos con ningún original, tan sólo contamos con muchas copias que difieren de tantas maneras entre sí que tal inspiración queda irremediablemente entredicha.

—Macario, ¿olvidaste lo más básico? ¡Es algo que se entiende a través de la fe!

—¿La fe? Pero, ¿cuál fe? Quizá te refieres a la fe como confianza. Entonces, precisamente, no encuentro bases que sostengan tal confianza. ¿O te refieres a la fe teologal? Entonces habrá que hacer teología, y voy cayendo en cuenta que hacer eso en serio requiere mucho estudio y preparación. En eso estoy.