Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Monday, December 17, 2012

Filosofía y re-educación

La nota «¿Nivel educativo?» sobre la cuestión de la educación suscitó el diálogo a continuación. Sirvió para aclarar un poco la idea de «universidad popular».

Vladimir:

Saludos amigo; he seguido tus notas sobre la "Educación", y tengo unas preguntas: ¿crees que el actual aparato de escolarización es excluyente, si así fuera, en dónde puntualizarías la exclusión? ¿Compartes que la re educación es la única posibilidad para cambiar las imposiciones en lo económico, político, alimentaria, de salud? ¿Cómo estructurarías o darías forma a la Universidad Popular, qué tipo de organización seria? ¿Crees que la delincuencia está por un déficit en la educación o será producto de la escolarización? Te mando un saludo.

Marco:

Hola Vladimir, tus preguntas son excelentes. No pretendo poseer respuestas definitivas, el problema es muy complejo, me parecería irresponsable si espetara una mera opinión y pretendiera despachar el asunto de un solo plumazo. Para aproximarse a posibles respuestas es necesario investigar en serio, amplia y profundamente. Por ejemplo, en la historia de la escolarización podríamos encontrar las intenciones originales para tal sistema y reflexionar sobre la pertinencia de dichas intenciones en nuestro contexto actual.

Sí puedo decirte que la idea de re-educación no es “la única” solución pues los problemas son numerosos y diversos, por lo cual se requieren muchos y variados tipos de soluciones para tal diversidad de problemas. Ante una situación de tal magnitud se requiere cierto grado de adultez, de madurez, para alcanzar a distinguir qué es parte de los problemas y qué parte de las soluciones. Tarea nada fácil e intimidante por su complejidad. Pero quizá desarrollar activamente ese nivel de conciencia para lograr tal distinción es parte de las soluciones. Por otro lado, no hacer nada para cuestionar nuestras nociones actuales ante la situación, o ni siquiera indagar cuán cerca están mis opiniones de los problemas o de las soluciones, es quizá parte del problema. Por ejemplo, la contestación que recién escuché ante un problema de escala similar y sobre la cual reflexioné en la siguiente página:

«...“No te desgastes pensando, especialmente pensando en cosas de las que no tienes ningún control.”... ¿será cierto que no puedo hacer nada ante la pérdida de mi libertad de conciencia y ante el abuso sobre mí por parte de intereses de terceros?» —Un cinismo conservador

En cuanto a la estructura y organización de una «Universidad Popular» puedo decir que están centradas en el aprendizaje, no en la enseñanza. Por lo que no hay una sola estructura que sea viable sino muchas y variadas estructuras y organizaciones posibles pues el aprendizaje humano es diverso, es dinámico y es distinto para cada individuo. La distinción entre enseñanza y aprendizaje, y el énfasis en este último, es crucial para esas posibles estructuras y organizaciones de una universidad popular e implica un paradigma distinto a los sistemas tradicionales de escolarización.

Una universidad popular es una comunidad dedicada a la indagación filosófica y requiere ser una comunidad de iguales donde no se reconozca ninguna estructura de autoridad entre los miembros de la comunidad, ni compromiso alguno con ideologías religiosas o políticas. Hay mucho por aprender e imitar de las comunidades de investigación científica de hoy en día, donde la indagación y el debate son medios para el aprendizaje. Viene a la mente un comentario de un filósofo de la ciencia:

«Si pensaba en un futuro, soñaba con un día fundar una escuela, en la que los jóvenes pudiesen aprender sin hastío y en la que fuesen estimulados a plantear problemas y a discutirlos; una escuela en la que no hubiese que escuchar respuestas no deseadas a cuestiones no planteadas; en la que no hubiera que estudiar sólo por aprobar los exámenes» —Karl R. Popper

Vladimir:

Hola, gracias por los diálogos, ¿es decir que parece que tienes una postura de un centro de indagación, laico, gratuito, autónomo? Saludos.

Marco:

Sí, esas características son propias de una comunidad de indagación filosófica. Pero quiero enfatizar que una comunidad así debe funcionar como un “útero” que a su debido tiempo “expulsa” a sus participantes, aunque hacerlo implique no poco dolor. Por supuesto, esta analogía no tiene relación con ninguna idea de membresía, sino con el desarrollo individual propio del librepensamiento.

Por lo que el centro de indagación es el propio individuo, a partir de su interés y curiosidad, y no institucionalidad alguna. A continuación un fragmento de la sección de objetivos a corto, mediano y largo plazo de la «Universidad Popular»:

«El objetivo a largo plazo, o efecto colateral, del proyecto es divulgar la idea de iniciar comunidades autónomas de indagación filosófica para que las personas interesadas emprendan o continúen de manera autodidacta la aventura de pensar por sí mismas. Sin embargo, si bien este efecto secundario es deseable, no lo es a costa de la vulgarización del tema que suele suceder a partir de la masificación descuidada y a partir de malinterpretaciones apresuradas de un tema que no convive con el cortoplacismo. Por ejemplo, ya existen muchos grupos que se promulgan de “orientación filosófica” pero en los hechos sostienen sólo perspectivas parciales provenientes del sincretismo religioso y del misticismo vulgar, e.g., gnosticismos, movimientos neo-protestantes, y sectarismos dogmáticos anticientíficos en general. Por lo tanto, el efecto colateral es bienvenido en tanto la autonomía de los individuos prevalezca por encima de la permanencia de cualquier institución dogmática. Además de considerar seriamente los riesgos de superficialidad, espontaneismo, y opinadera de otras propuestas pedagógicas que desvirtúan a la filosofía como disciplina.»

Sunday, December 16, 2012

Dicotomías falsas


SOMETHING FROM NOTHING ? [OFFICIAL] Richard Dawkins & Lawrence Krauss [HD] 02-04-12

Si bien ya he expresado Lo que comparto con Richard Dawkins..., ahora quiero expresar algo que no comparto con su posición —de hecho aquí trataré de explicar un par de puntos en los que disiento de su posición.

Una dicotomía es un conjunto de dos alternativas mutuamente excluyentes y conjuntamente exhaustivas. Es decir, o es una o es otra alternativa y eso define la totalidad de posibilidades. Una dicotomía tiene aplicaciones legítimas, por ejemplo en el lenguaje lógico o el matemático, pues asiste a la expresión clara y precisa de conceptos en un discurso donde el rigor es crucial.

Por otro lado, la aplicación rigurosa de dicotomías en el lenguaje común, para algunos casos, me parece ilegítima. Por ejemplo, “estás conmigo o estás contra mí”, “el que no está conmigo está en mi contra”, “si no estás conmigo, entonces eres mi enemigo”, “o es negro o es blanco, no hay tonos de gris”. Si el contexto de tales expresiones incluye la intención de establecer un muro infranqueable que divide a un “ellos” de un “nosotros” en un exagerado sentido sectario o partidista, entonces ocurre una dicotomía falsa —también llamado un falso dilema.

Las dicotomías falsas pueden ocurrir en muchos campos, como la ciencia, la religión, la política, la economía, etc. Campos tan profundos, con historiografías tan amplias, cuyas interdependencias abarcan casi todas las sociedades en este mundo globalizado, que simplemente no se puede justificar una dicotomía en su pretensión de dividirnos.

Las dicotomías son útiles para separar ideas y conceptos, pero las dicotomías falsas son dañinas cuando separan personas.

Un grave problema con las dicotomías falsas consiste en la presión ejercida sobre el individuo para tomar partido de manera forzosa, para elegir sólo una de las alternativas presentadas. Si el individuo toma partido, descartando por completo una de las alternativas, entonces pierde la oportunidad de profundizar en la otra. Esa decisión implica perder la oportunidad de conocer una enorme parte de su propia humanidad. Para esclarecer la dimensión del problema pondré la siguiente analogía: en las neurociencias hay una dicotomía legítima entre el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo, y que sirve para el estudio anatómico del cerebro; pero una dicotomía falsa pretende dividir a las personas dependiendo de los rasgos de su personalidad ya sea en o “analíticos” o “creativos”, o al aplicar etiquetas parecidas para dos grupos separados y excluyentes. Quien tome decisiones basadas en esa dicotomía falsa, o imponga esas etiquetas sobre las personas, comete un grave error pues esa dicotomía falsa no proviene de las neurociencias sino de la descuidada interpretación popular. Además, si fuese cierta entonces por salud y eficiencia podría extirparse un hemisferio a las personas que se dicen o sólo “artistas” o sólo “científicos” pues tal hemisferio no cumple ninguna función. Nada más absurdo.

El mismo problema ocurre al pretender aplicar a las personas una dicotomía falsa con etiquetas como “científico” o “religioso” sin posibilidad en una persona para la coexistencia armónica de interpretaciones justificadas de ambos campos de estudio. En la conversación del video referido Richard Dawkins excluye al estudio teológico de manera terminante del grupo de materias conocido como Humanidades. Lo dice durante la sección de preguntas y respuestas del público; a partir del momento 1:40:32 para ser preciso; aunque más adelante intenta ajustar o matizar su desliz. El comentario subsiguiente de parte de Lawrence Krauss, sobre el mismo tema, aclara que para él no existe dicotomía entre ciencia y humanidades, al parecer tampoco para Dawkins excepto por la teología. Me temo que Dawkins fue descuidado al hacer semejantes declaraciones provenientes de un ateísmo militante ciego y recalcitrante, declaraciones palpablemente cargadas de enorme ignorancia de la teología, y de su desarrollo contemporáneo por el cual existen muchas teorías teológicas, como el naturalismo religioso, donde el concepto de lo sobrenatural está ausente.

Esa posición recalcitrante es el primer punto en el que disiento de su posición. ¿No está presente ese mismo dogmatismo exagerado en lo peor de la teología que intenta denostar? ¿No está errando del mismo modo que critica? Esa posición es precisamente la que apunté tanto en religiosos ignorantes de ciencia como en científicos ignorantes de religión en mi texto: La religión, la ciencia y, sus campeones.

El segundo punto de mi divergencia con la posición de Richard Dawkins es su embriaguez con “La Verdad”, por la cual insta a un militante “proselitismo ateísta”. Un enamoramiento o enajenamiento con la verdad científica sobre la cual basa su llamado a “salvar” a los demás para gloria de dicha verdad. Tal posición se puede observar en el momento 1:42:20 del video referido. Esta posición sirve precisamente como evidencia para los argumentos de aquellas facciones del posmodernismo que rechazan la arrogancia de algunos científicos con la cual pisotean toda diversidad cultural que no rinda culto a “La Verdad científica”. De eso reflexioné en mi texto: ¿El maligno posmoderno?

Aprendo mucho de todo lo demás que Richard Dawkins dice, fuera de esos dos puntos, en su papel de biólogo y científico divulgador del pensamiento de Charles Darwin.

Friday, December 14, 2012

¿Nivel educativo?

Recién llegó a mi atención la pregunta: «¿Qué propones para elevar el nivel educativo en México?» Ante la cual comenté lo siguiente.

¿Nivel educativo? Pues quizá haya que partir de una clara distinción entre educación y escolarización. De otro modo, termina un mero adoctrinamiento interpretándose como “la educación”. Es decir, educación, en un sentido amplio, implica el desarrollo de las facultades del individuo y, por otro lado, escolarización implica el desarrollo del aparato escolar; el cual tiene muchas prioridades políticas y gremiales impuestas entre las cuales la educación no figura en primer lugar. Por tanto, para elevar mi nivel educativo es necesario tomar la educación personal en mis propias manos. Los rasgos intelectuales de la investigación científica y filosófica ya están presentes desde la infancia humana, si de educación hablamos —y no sólo de escolarización— entonces los pasos más importantes para elevar el nivel educativo no están en manos de los “líderes” sino en las propias.

Para elevar el nivel educativo es necesario, además, reconocer que quienes necesitan más educación no son los niños sino nosotros los “adultos”. Así, lo relevante para elevar el nivel educativo no es hablar de educación sino de re-educación, pero no una re-educación conducida por otros sobre el individuo sino una conducida ahora por la propia persona. Por eso empecé por mí mismo, y por lo cual apoyo el concepto de «Universidad popular» como complemento a lo que podamos recibir de los sistemas escolarizados. Más detalles aquí: Re-educación.

Sunday, December 02, 2012

Un cinismo conservador

El delito de secuestro implica un infierno indeleble para una familia. Tan sólo un vago intento por imaginarlo produce un horror profundo. Imaginar a un miembro de la familia como rehén, indefenso e inerme, en manos de algún grupo criminal impone la brutal pregunta ¿cómo proceder ante semejante posibilidad? Definitivamente una situación donde se requiere toda la adultez posible y tanta madurez emocional e intelectual como se haya desarrollado a la fecha.

El nivel de dolor por la pérdida de la libertad y el abuso sobre una persona sólo sería comparable con el nivel de alivio cuando dicha libertad es recuperada y el abuso termina. Sospecho que entre más detalles se conozcan y más cercanía haya con un caso de secuestro más intensamente se experimentarían esos niveles de dolor y alivio. Así mismo, entre menos se conozca de un caso entonces la idea del secuestro tendería a permanecer en lo abstracto del delito que le sucede a algún otro, “allá, en algún lugar en la sociedad”, y por suerte de una conveniente coyuntura se justifica la actitud que llamo un «cinismo conservador». Actitud por la cual un tema abrumador es despachado de un solo plumazo con frases como “No te desgastes pensando, especialmente pensando en cosas de las que no tienes ningún control.

¿Hasta qué punto es cierto el cinismo conservador? Parece definitivo que no es una posición en contra pero hasta qué punto es una posición en favor de la pérdida de libertad y del abuso sobre las personas. ¿Cuánto aporta el cinismo conservador al problema? ¿Habrá alguna situación, en una esfera y escala distinta, que pueda ayudar a aproximarnos a posibles respuestas? Quizá si pensamos en otras formas de pérdida de libertad y abuso sobre las personas podremos seguir indagando este tema que el cinismo conservador descarta como “pérdida de tiempo”.

El secuestro que ejercen algunas sectas religiosas sobre las personas que no tienen su sentido crítico desarrollado podría servir para nuestra indagación. Ese tipo de secuestro es suficientemente complejo para no pasar como trivial y no tiene el mismo nivel de dolo que el secuestro por rescate; además, es suficientemente frecuente para empujarnos a reflexionar sobre nuestra participación en el mismo.

Las sectas religiosas en cuestión imponen diferentes tipos de restricciones a la libertad de sus miembros y en una variedad de aspectos, desde la esfera de lo psicológico, lo económico, lo conductual y en no pocos casos hasta en la esfera de las relaciones sentimentales y sexuales. El abuso no aplica para quien tiene la capacidad para decidir con plena conciencia y decir no. El caso de estudio aplica precisamente para quien está indefenso e inerme ante la situación y no tiene la capacidad mínima para salir por sí mismo de ella; es decir, es un rehén de la secta religiosa. Este es el caso, por ejemplo, tanto de los infantes que son declarados miembros de la religión de sus padres como lo es de aquellos adultos quienes son adoctrinados sin tener plena conciencia de lo que hacen y que quizá ni siquiera se les permita desarrollar esa conciencia.

En este punto podría estar claramente implicado que una gran parte de la población sería rehén de algún tipo de secta o religión de corte dogmático y autoritario. La cantidad y la proliferación de dichos grupos religiosos es un hecho que requiere reflexión y análisis para llegar a una opinión balanceada sobre el origen y los propósitos de esos grupos.

Por supuesto, y aquí llego a la médula del tema, esta indagación exige hacernos preguntas, quizá incómodas, como ¿cuán libre realmente soy?, ¿qué evidencia hay para saber que no estoy mintiendo a mí mismo al creer que soy libre?, ¿puedo pensar y actuar más allá de los límites de lo culturalmente establecido?, ¿hasta qué punto se justifica decir que si creo que el cinismo conservador es cierto entonces soy responsable indirecto de actos como los cometidos por las sectas religiosas?, ¿será cierto que no puedo hacer nada ante la pérdida de mi libertad de conciencia y ante el abuso sobre mí por parte de intereses de terceros?

Hay buenos libros sobre los rasgos comunes de las sectas peligrosas, y esos libros pueden ayudar a saber si uno es parte de una secta de ese tipo. Uno de esos rasgos consiste en mantener como objetivo una supuesta “pureza moral”. Recién reflexioné sobre esa idea y algunas de sus perniciosas consecuencias: ¿Pureza moral?

Quizá el concepto de secta religiosa no deba restringirse a las de corte religioso pues no son las únicas sectas peligrosas. ¿No acaso son también peligrosas otras sectas de naturaleza socioeconómica o política? Pero esa indagación la continuaré después.

¿Pureza moral?

Como parte de una cultura local en particular, a lo largo de la vida, he heredado mi ración de datos culturales pero no de una manera completamente precisa, ordenada y personalizada de acuerdo a mis rasgos cognoscitivos propios, sino de una manera tal como haber sido arrojado bruscamente a la agitada corriente de un río; en el que, para sobrevivir, debí asirme de quien estaba más cerca de mí y que también era llevado por la fuerte corriente cultural. Por supuesto, dicha herencia no llega con una organización debida sino como una mezcla de fragmentos de datos, preconcepciones, contextos implícitos, etc., todo como parte de un caldo de cultivo cultural a partir del cual debo intentar mis interpretaciones de la realidad.

Mi cultura local puede pensarse como un derivado o como en efecto de la así llamada, de manera general, «cultura occidental» pero más por la enorme influencia histórica del cristianismo que por su aspecto proveniente del Siglo de las Luces —o Ilustración. Tras un poco de reflexión no es difícil para mí encontrar en mi memoria la secuencia de interpretaciones que he hecho de las facetas que me ha tocado ver o vivir del cristianismo en general —enfatizo en general pues no parece haber —desde su origen histórico— un solo cuerpo de creencias, monolítico, al cual llamarle “la” religión cristiana, tal que es más propio pensar “las religiones cristianas” cuando se dice “cristianismo”.

Recién llegó a mi atención el texto: Why I'm No Longer A Member of the City Of Angels International Christian Church, y en español: El Porque Yo Salí De La Iglesia De Kip McKean, el cual, al parecer, reporta un caso más de abuso y desencuentro en la relación entre un individuo y los prelados jerárquicos dentro de una religión organizada e institucionalizada, la cual ha sido derivada a partir de una más de tantas otras interpretaciones descuidadas del cristianismo. En este caso conozco esa interpretación en particular pues por algún tiempo durante mi juventud la compartí con otras personas, con exacerbado entusiasmo típico de la inmadurez juvenil.

No pocas interpretaciones descuidadas del cristianismo, a lo largo de su historia, han sido causa de ese tipo de abuso de unos cristianos sobre otros cristianos —y sobre todo aquel que se deje. No hay ninguna sorpresa en este caso pues también representa al cristianismo en su más popular expresión. Y me parece que las características implicadas de todos los personajes del caso sí corresponden con las de cristianos verdaderos. Es decir, cristiano no sólo es aquel que se comporta “bien” sino también todo aquel que tiene “fe” —según algunas interpretaciones. Claro, también hay otras interpretaciones puritanas que requieren la “regeneración espiritual” como condición para ser cristiano. Otras requieren el acatamiento ceremonial de tradiciones rituales llamadas “sacramentos”. Y aun hay otras que requieren beber veneno y asir serpientes venenosas para poder ser cristiano, pues así lo afirmó uno de los tantos Jesucristos en el Nuevo Testamento.

Hay manera, además, de justificar todos esos abusos como cristianismo legítimo pues, según algunos otros, el cristianismo es para lo peor de la sociedad (alegóricamente los cojos, los ciegos, los leprosos, los prostitutos, etc.) que pueden llegar al cristianismo para ser sanados por fe y cobijarse bajo la siempre presente frazada del amor —sin importar qué hagan, excepto lo que la ortodoxia del liderazgo en turno no este dispuesta a tolerar.

Algunas facetas del cristianismo, históricamente, han tenido mucha dificultad para entender o aceptar la diversidad. De ahí, en parte, proviene ese impulso por lograr una cierta “pureza” dentro del cristianismo, y ese impulso ha provocado de vez en cuando en la historia una serie de “movimientos” o “avivamientos” que buscan hacer algo al respecto de esa diversidad pues la heterodoxia se interpreta como un problema grave para esas facetas del cristianismo. Supuestamente, debido a que la heterodoxia “no agrada a Dios” —sin embargo, es curioso notar que, en la historia del cristianismo, toda ortodoxia fue primero una heterodoxia.

Me parece interesante entender esa disposición por hacer algo al respecto de los problemas que se perciben en religión; en específico al respecto de problemas doctrinales o de sistemas de creencias. Pero, para aclarar, no me parece relevante la posición religiosa al respecto de problemas de hecho —de esos se puede hacer una reflexión más amplia en el campo de la filosofía moral y del ejercicio ético, secular y laico. Entender la dinámica detrás de los intentos para solucionar los problemas doctrinales puede arrojar luz sobre los orígenes de lo negativo en las religiones cristianas vulgarmente interpretadas.

La religión en general es un tema importante que requiere ser estudiado y entendido —tarea nada simple. Por lo cual es importante preguntar hasta qué punto ese entendimiento ha sido el objetivo de quienes deciden hacer algo al respecto de los problemas doctrinales en religión y hasta qué punto el objetivo real ha sido establecer una ortodoxia distinta, una que favorezca principalmente a estos “reformadores” y su séquito. Ejemplos de ellos son los diferentes Jesucristos en las tradiciones textuales bíblicas, y luego otros personajes en la historia del cristianismo como Orígenes, Marción de Sinope, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Martín Lutero, John Wesley, Juan Calvino, Charles Finney, Friedrich Schleiermacher, Karl Barth o, hay que decirlo, para bien o para mal, Jim Jones, David Koresh, Kip McKean, y otros líderes religiosos carismáticos. Entender lo que han intentado lograr estos reformadores ante lo establecido en su momento en diferentes cristianismos en la historia puede también, dada la colosal influencia del cristianismo en las culturas occidentales, arrojar luz sobre la dinámica en los sistemas de creencias en política o en economía dentro de dichas culturas.

Quizá la idea de alcanzar “la pureza moral” es lo que conduce a la mojigatería detrás de estos “movimientos” o “avivamientos” religiosos que pretenden hacer algo ante “el estado pecaminoso de este mundo que desagrada a Dios”. Sin reflexionar que ese puritanismo es precisamente parte de los problemas y no de las soluciones. Mientras exista el analfabetismo ético y moral no faltarán Kips McKeans, o Jesucristos, que marquen dogmáticamente una línea imaginaria entre un humano y otro, que marquen un “ellos” separados de un “nosotros”. Para un ejemplo de esta mentalidad sectaria: Los Enemigos de la Cruz de Cristo.

Como rasgo de una conclusión provisional ante la influencia cultural del sectarismo podemos decir que un concepto muy pertinente es la madurez. No sólo al respecto del enajenamiento religioso sino al respecto de la vida y de la edad mental adulta en general. Aspiro a dejar atrás mi actual edad mental de pueril talante, y alcanzar —quizá algún día— la madurez intelectual y emocional. Sospecho que parte del proceso implica estar dispuesto a cultivar la duda sobre mis opiniones actuales, así como a estar dispuesto a aceptar que estoy equivocado en la mayoría de esas opiniones —incluyendo estas.

La religión vulgarmente interpretada es como una enfermedad que infecta lo bello, lo sublime, lo reverenciable, lo insacrificable, lo digno de devoción, y lo degenera en algo perverso, deleznable y despreciable. ¿No son casos como los aquí referidos una muestra de ello? Casos generados por interpretaciones descuidadas de los conceptos religiosos. Por ejemplo, el concepto cristiano de arrepentimiento es algo maravilloso al interpretarse a la luz de un significado amplio de una concepción filosófica del aprendizaje, en particular aprendizaje como mejora o cambio de opinión y, por ende, de conducta.

Pero un enfoque hacia el aprendizaje como el implicado por alguna tradición filosófica requiere tomar con toda calma el ejercicio de reflexión y autocrítica; algo que puede ser extremadamente difícil de practicar debido a las muchas influencias en la cultura a nuestro alrededor que insisten en afirmar su imposibilidad pues, supuestamente, no hay tiempo para eso. Las influencias culturales de exagerada orientación puramente utilitarista y cortoplacista ejercen una monumental presión sobre el individuo. Una presión a grado tal que, en los hechos y dada la frecuente evidencia de malinterpretaciones y preconcepciones, esas influencias funcionan como grilletes para la mente; por los cuales el individuo no puede pensar afuera de lo cultural y externamente establecido.

De los sectarismos religiosos, así como de otros sectarismos políticos y socioeconómicos, no se puede esperar madurez emocional e intelectual sino pura y llana obcecación.