Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Thursday, September 20, 2012

Escribir es duro

El siguiente par de párrafos es una evidencia más de la complejidad inherente en la acción de escribir, a decir de Bart D. Ehrman, quien es un autor de obras de variada profundidad en temas de historiografía bíblica:

«Escribir cualquier tipo de libro es realmente difícil. Pero cada *tipo* de libro es difícil a su manera. Tiendo a escribir tres tipos de libros: trabajos académicos para eruditos (¡no para consumo general!); libros de comercio popular para un público más amplio de adultos inteligentes; y libros de texto para colegiales. Como he dicho repetidas veces, ahora estoy terminando mi nuevo libro de texto de la Biblia para clases a nivel introductorio. La audiencia es, básicamente, estadounidenses de 19 y 20 años de edad. ¡Y lo estoy encontrando difícil!

Hay varias cosas que son inherentemente difíciles para este tipo de cosa. Es difícil abordar algo que fácilmente puede tornarse aburrido y sin vida y hacerlo interesante e incluso intrigante. Es difícil escribir a un nivel adecuado para que los lectores sean tratados como adultos pero sin suponer demasiado conocimiento. Es difícil tomar conceptos e ideas complicadas y hacerlos simples y suficientemente comprensibles para decimononos que pueden tener su primera introducción en la vida al tema. Es difícil escribir con un buen sentido del humor y con un sentido de distancia entre usted, el autor y el lector....» —Bart D. Ehrman. Fuente: A Problem with My Textbook.

Mi gusto por la escritura inició en el campo de la programación de computadoras. Escribir texto fuente de programas informáticos para comunicar mis intenciones de diseño tanto a humanos como a máquinas digitales ocurrió primero, y luego ocurrió este aún naciente delirio por escribir en español exclusivamente para humanos. El campo de la cibernética afronta el estudio sistemático de la comunicación entre humanos, entre humanos y animales, entre humanos y máquinas automáticas, pero con el interés de entender los posibles mecanismos de control en dicha comunicación. En mi profesión de programador de computadoras, desde hace tiempo, he comprobado lo que han dicho muchos grandes maestros del diseño de software: escribir software es difícil. Ahora también escucho algo similar de escritores profesionales como Bart D. Ehrman, y pienso entonces que ese es un rasgo en común entre ambas actividades.

Texto original de Bart D. Ehrman:

«Writing any kind of book whatsoever is really difficult. But each *kind* of book is difficult in its own way. I tend to write three kinds of books: scholarly works for scholars (not for general consumption!); popular trade books for broader audiences of intelligent adults; and textbooks for college kids. As I’ve repeatedly said, I’m now finishing up my new textbook on the Bible for introductory level classes. The audience is, basically, American 19 and 20-year olds. And I’m finding it hard!

There are several things that are just inherently hard for this kind of thing. It is hard to take something that can so easily be made dull and lifeless and make it interesting and even intriguing. It is hard to write at the right level so that the readers are treated like adults but not too much knowledge is assumed. It is hard to take complicated ideas and concepts and make them simple and understandable enough for 19-year-olds who may be having the first introduction to the subject matter ever. It is hard to write with both a good sense of humor and a sense of distance between you, the author, and the reader….» —Bart D. Ehrman. A Problem with My Textbook.

Sunday, September 09, 2012

Libertad y verdad – Parte I

Si bien no está del todo definido el discurso de la posmodernidad, sí podemos comentar sus grandes temas y su relevancia para lograr la sensibilidad necesaria que requiere la formación de una opinión adulta. El posmodernismo parte de un análisis crítico de la modernidad, entendida como el efecto de los valores intelectuales de la Ilustración: la claridad, la racionalidad, la coherencia y la verdad objetiva.

El periodo conocido como la Ilustración ocurrió en Europa más o menos entre la mitad del siglo XVII y a través del siglo XVIII. El impulso para pensar por uno mismo, reiniciado por la idea de la Ilustración, afortunadamente ha continuado desde entonces. Por lo que es lógico esperar que la propia idea de la Ilustración sea puesta bajo el más estricto examen crítico. La acción de pensadores que se esmeren en aplicar el pensamiento crítico completo a las ideas es de suma importancia, pues de esa manera podríamos evitar tropezar con los problemas del dogmatismo exagerado.

La llamada Filosofía Continental, durante los siglos XIX y XX —distinguible de la Filosofía Analítica anglo-americana—, con la Escuela de Frankfurt y el estructuralismo de Claude Lévi-Strauss en antropología cultural, y otros, han abordado el examen crítico de la Ilustración. Como es el caso en análisis críticos, los resultados nos ayudan a formar una vista de conjunto del asunto en cuestión. Las ventajas, desventajas, principios, límites, e implicaciones de aun las más grandiosas ideas fueron explícita y rigurosamente reconsiderados. Tal y como debe hacerse, de continuo, pues como dice Noam Avram Chomsky: “...como en la mayoría de las ciencias, especialmente en las ciencias humanísticas, casi toda pregunta importante permanece como una pregunta abierta...”.

Por ejemplo, del análisis del concepto de «verdad objetiva» se ha aportado el soporte suficiente para pensar en la objetividad más como un ideal al cual podría aspirarse pero no algo que alguien pueda afirmar, de manera absoluta, que la posea. Podemos aproximarnos a algún tipo de verdad —verdad moral, verdad axiológica, verdad epistemológica, verdad ontológica, verdad científica, verdad poética, etc.— dentro de los estrechos límites de un contexto específico, pero no hay bases que soporten generalizaciones hacia otros contextos.

Saturday, September 08, 2012

Verdad y violencia

Disfruto mucho aprender de los demás, ya de vivos, ya de muertos. Con frecuencia, de hace algún tiempo para acá, me pregunto qué puedo aprender de esta persona con quien comparto esta época en la historia de la humanidad, o qué puedo aprender de esta otra persona, de otra época, que se pronuncia por medio del lenguaje escrito. En particular, disfruto considerar con seriedad a quien discurre con cuidado, con calma, al ser notable que sus enunciados emanan de haber pensado más de dos veces lo que intenta comunicar. Por ejemplo, Miguel Ángel Granados Chapa, o Bertrand Russell, vienen a mi mente en este instante.

Por otro lado, quien eleva el volumen de su voz, o interrumpe sin permitir a los demás expresarse, tan sólo para intentar imponer su perspectiva sin importarle el peso específico de las ideas por sí mismas, con independencia de quién las pronuncie, ha perdido ya la atención que suelo darle a una persona pensante; y ahora me interesa pero como un sujeto de estudio y observación, como un prototipo del ser irreflexivo producto de algunas fuerzas socioculturales prevalecientes, como el realismo ingenuo o el pragmatismo exagerado. Un rasgo común en este actuar es esa desmesurada presunción de ser dueño de la verdad indiscutible, con miras al exhibicionismo que suele deslumbrar a infantes e ingenuos tanto en la población en general como entre las así llamadas “autoridades”. Entre los políticos de corte populista se pueden encontrar no pocos ejemplos, así como entre quienes tienen una distorsionada idea de la masculinidad.

Lo que quizá desconocen esos “dueños” de la verdad es que su posición conlleva violencia, y como la violencia es parte de los problemas en este mundo, entonces su actuar absolutista es parte de los problemas que nos aquejan.

Refiero, en orden cronológico, algunas de mis reflexiones pasadas acerca de la verdad:

A continuación remito un video donde se exponen cuatro diversos tipos de verdad: la verdad por correspondencia, la verdad por coherencia, la verdad pragmática y la verdad hermenéutica. El tema de la verdad es fascinante pues es parte de lo que nos permite madurar y ampliar nuestras miras y nuestras contribuciones a la sociedad.

Mentira La Verdad 2012 S02E02 La Verdad. Completo

Friday, September 07, 2012

Re-educación

Algunos amigos y familiares hemos coincidido en una imperiosa necesidad de dar cuenta propia ante la pregunta perenne: qué es la filosofía, y ante los hondos problemas que la filosofía plantea. A la fecha, cada uno a su manera ordena sus ideas sobre el tema de nuestra más reciente sesión de un seminario de introducción a la filosofía, que es parte de un proyecto más amplio llamado Universidad popular. ¿Para qué? Pues cada uno tiene sus motivos muy personales. Para mí ha significado una oportunidad para ensayar y constituir alguna estrategia general que sirva como basamento de mi auto-reeducación. En este punto en la vida ya he, por demás, comprobado mi altísima propensión al error, y la estrechez de miras en mis así llamados estudios dentro de un sistema universitario tradicionalista. Por lo que intentar poner un límite al error propio es lo menos que puedo hacer para contribuir a esta nuestra compleja sociedad. Pero busco una contribución de conciencia, una contribución que no sea parte de los problemas socioculturales y, por tanto, una que no ayude a perpetuarlos.

Entre los primeros pasos, claro, ha estado el tomar conciencia de quién soy como individuo dentro de una cultura particular y específica. Eso ha significado cuestionar mis opiniones más básicas sobre lo que he creído que es el conocimiento, la realidad, la verdad, la libertad, lo valioso, la conducta virtuosa, etc. Pues, al ser un producto de mi ambiente cultural, no estuvo presente el hábito para cuestionar a quien puso en mi mente dichas opiniones en primer lugar.

El recorrido ha afectado a cada uno de manera distinta pues, por supuesto, cada uno intenta ser un individuo pensante e independiente. En mi caso, una considerable cantidad de opiniones no han sobrevivido el examen crítico al que las he sometido; otras opiniones han requerido ajustes de no poca envergadura. No es una sorpresa que un enorme número de ellas pertenece al campo de la religión, y también al ámbito de la ciencia y de la propia filosofía. Y no es una sorpresa debido a, principalmente, mi propensión al error antes mencionada: en la mayoría de los casos he descubierto gigantescas malinterpretaciones de mi parte.

La educación no es ya el tema relevante, sino la reeducación —con énfasis en su rasgo autodidacto. Está claro que no pocos afirman estar ya educados por completo, o casi por completo, y que no necesitan ninguna educación adicional, ni mucho menos reeducación. Quizá, pero tan tajante afirmación es, precisamente, evidencia de que la necesitan.

¿Pecado o sufrimiento?

El sufrimiento que nos causamos a nosotros mismos, o que causamos a otros, debido a nuestros excesos e inconciencia puede disminuir gradualmente en la medida del hábito por mejorar nuestro propio estado de conciencia. En otras palabras, en función de nuestra relación con un sentido amplio de educación. Por ejemplo, al tener una conciencia supra-cultural podríamos tomar conciencia de los patrones comunes que causan el sufrimiento en diferentes culturas, y así superar el relativismo moral que ocurre al quedarse sesgado en la diminuta perspectiva de la cultura local; así podríamos tomar conciencia que en ocasiones somos víctimas de nuestra propia cultura al adoptar las meras opiniones de nuestro pequeño grupo social.

Por ejemplo, si un individuo vive en un ambiente social donde reina suprema la homofobia, entonces no sería sorpresa que ese mismo individuo considere que la homofobia es una virtud, y, por tanto, tenga por costumbre condenar severamente como vicioso a todo homosexual.

Por lo que, si nos preocupa el sufrimiento cuya causa somos nosotros mismos, entonces los ingredientes de las posibles soluciones no están en un texto antiguo, como la Biblia o el Corán, sino, precisamente, en nosotros mismos.

Así mismo, si quisiéramos disminuir ese tipo de sufrimiento, entonces pienso que no podríamos tomar a esos textos antiguos para la orientación ética pues son esos mismos textos antiguos, y su descuidada y literal malinterpretación, los que han causado tanto de ese tipo de sufrimiento en la Historia.

Por ejemplo, una exégesis del texto antiguo hacia el idioma español dice literalmente: “No matarás”. El descuido común es hacerlo referir a lo que actualmente entendemos como homicidio. Pero eso es sólo una posibilidad de exégesis, y una de las menos justificadas por el contexto del propio texto pues matar es una de las actividades preferidas de una de las deidades judeo-cristianas veterotestamentarias.

Para mí, un resultado en mi búsqueda por tomar conciencia de si soy parte de los problemas o parte de las soluciones en el asunto del sufrimiento humano causado por humanos, es haber abandonado a la Biblia como referencia ética. Dejé de ser un cristiano principalmente porque yo, en lo profundo, no coincido con sus sistemas morales de interpretación popular. Por ejemplo, es muy difícil para mí coincidir con un sistema moral que mantiene y afirma la existencia de un lugar de tormento eterno y que usa para causarle sufrimiento infinito a toda persona que sea, piense o actúe diferente al grupo eclesial cristiano establecido en turno.

Si decimos que el pecado es, ultimadamente, una causa de sufrimiento, entonces ¿qué relación tiene la Biblia con el sufrimiento humano? Pues dependerá de cuál texto bíblico se considere, pues hay múltiples respuestas a dicha pregunta, y muchas de esas respuestas son plenamente justificables, y a la vez, discrepantes entre sí. Por ejemplo, el sufrimiento debido a mis propios excesos es, quizá, una idea popular hoy en día; pero no es la única que se puede encontrar en la Biblia. Otra es que el sufrimiento resulta ser un bien deseable debido a la purificación que otorga para el carácter del quien sufre. Otra es que el sufrimiento no tiene relación con el individuo sino que es causado por las fuerzas del mal que gobiernan en este mundo. Etc.

Por tanto no hay una sola relación coherente de la Biblia con el sufrimiento, y por ende con el pecado. Así, una fuente del relativismo moral es la Biblia misma.

Estoy consciente que estoy relacionando directamente el tema del pecado con el tema del sufrimiento. La razón es que observo que esa relación es muy estrecha y causal en el cristianismo y en la Biblia; es decir, en algunas partes de la Biblia el pecado es causa del sufrimiento. Aunque el sufrimiento en la Biblia proviene no sólo del pecado sino que tiene también otros orígenes.

Recordé que hace tiempo reflexioné también sobre ese rasgo, poco reconocido popularmente, del cristianismo: su crueldad. Mi texto intenta provocar la reflexión sobre una pregunta como: ¿Es Joseph Ratzinger un cristiano verdadero?

Sunday, September 02, 2012

Suicidio espiritual

Como humanos no falta quien tenga por costumbre pronunciar afirmaciones en tono dogmático y, por ende, no acepte cuestionamiento alguno al respecto. Por ejemplo, en el terreno político: “México tuvo una elección que no tiene por qué invalidarse; tuvo elecciones libres y auténticas. México tiene un Presidente legítimo, electo por el pueblo.” O en el terreno de las religiones institucionalizas: “el aumento numérico en nuestra feligresía es una gran victoria para Dios”.

Aceptar alguna de esas afirmaciones sin ningún cuestionamiento representa un grave problema para la sociedad o la comunidad que la acepte pues entonces igualmente se aceptarán las consecuencias derivadas de la afirmación. Tales consecuencias no están exentas de aumentar el riesgo de dañar a la comunidad misma a favor de los intereses de unos cuantos en posiciones de poder. Sin embargo, los líderes de dicha comunidad podrían simplemente no estar conscientes del peligro al que exponen a su comunidad, y, por tanto, tanto líderes como comunidad podrían estar inmersos en una dinámica social nociva.

Esa dinámica social nociva, cuando una comunidad acepta afirmaciones categóricas basándose tan sólo en los intereses propios y sin ningún tipo de autocrítica, es un rasgo común del llamado «groupthink» o «pensamiento colectivo o de masa»; en el cual se puede caer muy fácilmente y sin que nos demos cuenta de ello. Suele ocurrir con frecuencia no solo en círculos donde reina supremo el analfabetismo científico y filosófico, sino incluso en grupos con altos grados de escolaridad. Las debacles financieras de corporaciones como Worldcom o Enron, sectas religiosas crueles, o regímenes políticos corruptos, son ejemplos típicos.

El escape de ese tipo de pensamiento es muy difícil de lograr pues incluye mecanismos de auto-reforzamiento. Uno de esos mecanismos es la lógica circular; en donde el individuo queda atrapado en su propia cabeza, siempre ligando las mismas ideas de la misma forma pero sin detenerse a revisar otras maneras, igualmente posibles, de enlazarlas que pudiesen resultar en un raciocinio de mejor calidad; por ejemplo, un raciocinio con mayor honestidad y menor presunción o arrogancia. Un efecto de la lógica circular es un estado de negación —entendido como el estado de una persona al enfrentar un hecho demasiado difícil de aceptar y, por tanto, lo rechaza al insistir que no es cierto aun ante abrumadora evidencia de lo contrario.

Estar en negación me parece una situación muy triste pues, por ejemplo, uno puede creer que sus pensamientos son trascendentales, que se refieren a algo grande como el universo, como la sabiduría o la verdad, pero por desgracia tan sólo refieren a algo confinado en la cabeza propia, sin conexión alguna con lo que haya afuera de ella.

Las ganas de creer que algo es cierto es otro ejemplo de lógica circular: entre más ganas tenga de que algo sea cierto entonces más cierto será.

No puedo enfatizar suficiente la necesidad de la autocrítica como medio para descubrir mi estado de negación en muchas áreas de mi propia vida. Como ejemplo está lo que ya en varias de mis reflexiones en mis blogs he reconocido: que —a mis 43 años de edad cronológica— apenas estoy cayendo en cuenta del nivel educativo real con el que he interpretado al mundo hasta ahora, un nivel equivalente a un menor de edad. Por supuesto, aquí con educación no me refiero a escolarización. Mi analfabetismo ha sido algo muy difícil de aceptar, pero la evidencia de ese hecho no puedo ignorarla. Por ejemplo, una evidencia que encontré en mi interior es la creencia en un dios antropomórfico y, además, todo un torrente de emociones asociadas exclusivamente a esa creencia; emociones que, como en el caso de un exceso de caramelos, obstruían el desarrollo del resto de mis facultades.

Enfrentar el hecho del grado de mi analfabetismo me ha presentado varias disyuntivas. Una podría haber consistido en inventarme alguna excusa que, como puerta fácil o “solución práctica”, me permitiera continuar con el rumbo de mi vida, tal como lo espera mi cultura local, y pueda decirme que “no pasa nada, todo está bajo control”. Otra alternativa, por supuesto, es el suicidio, pero entendido como figura retórica o como recurso de ficción literaria; es decir, reconocer que ese analfabeto no puede seguir con su vida tal como es pues las consecuencias serían insoportables, y, por tanto, su interpretación de la vida debe cesar ahora. Otra persona deberá continuar en su lugar, otra persona con una cosmovisión diferente.

El final voluntario de una vida interior, es decir el suicidio espiritual, y un nuevo comienzo a partir de cero, es un recurso que varias tradiciones espirituales —no sólo el cristianismo con su «volver a nacer de lo alto»— han utilizado para indicar la relevancia de los ciclos periódicos de renovación en la vida de una persona.

Una transformación de ese calibre, quizá, sea más relevante para Dios —aquí la palabra «Dios» en un sentido profundamente humano, y no en un sentido sobrenatural— que tan sólo la mera pertenencia inercial y pasiva en la sociedad, o la asistencia recurrente a reuniones dentro de un sistema religioso que permanece sin cambios en lo profundo.

El humano, al parecer, es un ser gregario. El humano no sólo cuenta con sus genes para sobrevivir y desarrollarse sino que necesita también un ambiente que incluya la interrelación con otros seres vivos, semejantes o no. Sin embargo, el rasgo humano distintivo, quizá, sea el nivel de complejidad presente tanto en el individuo como en dicha interrelación social con otros humanos. Pero, como no todo en la sociedad humana es positivo sino que, por el contrario, es evidente que dicha complejidad tiene también graves efectos negativos, como las guerras, el comercio con humanos o el abuso del poder, entonces un desarrollo humano integral también implica tomar conciencia tanto de las diferentes manifestaciones de dicha complejidad como de las condiciones para su proliferación o su abolición.