Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Friday, December 30, 2011

Escrúpulos

¿Qué son los escrúpulos y por qué es negativo no tenerlos? —a decir, por ejemplo, de la expresión: “¡es un delincuente sin escrúpulos!”

Sospecho que la connotación detrás de tal frase es la que el diccionario de la Real Academia Española anota en primer lugar: «Duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es o no cierto, si es bueno o malo, si obliga o no obliga; lo que trae inquieto y desasosegado el ánimo».

Así que no tener nada que le punce a uno la conciencia, si uno vive sin duda alguna de que las acciones propias están por completo de uno de dos lados, de lado de las “buenas” o de lado de las “malas”, entonces uno es alguien que no tiene escrúpulos.

Ahora que estoy investigando sobre la axiología, o teoría de los valores, como parte del seminario de introducción a la filosofía en el que participo, sospecho que en la cultura popular tampoco es muy frecuente la reflexión necesaria para actuar éticamente. En particular me refiero al carácter amplio del ejercicio ético: reflexión que busca elaborar una vista de conjunto sobre un asunto y que ayude a una justificación para las acciones propias que pueda ser aplicable, por sí misma, en lo general. No dudo que hagamos reflexiones sobre el mejor proceder para nuestro contexto individual, pero dudo que eso cuente como ejercicio ético. Los asuntos actuales de gran envergadura en la Humanidad no sólo deben ser discutidos por los así llamados “expertos” sino que los ciudadanos comunes necesitamos prepararnos para estar a la altura de la tarea de discutir tales asuntos.

Reconozco ser parte de un sistema económico cuyos efectos me producen muchos escrúpulos. Por ejemplo, ¿qué bases existen sobre las cuales podamos apoyar la opinión de que la plutocracia mundial, en el futuro, no seguirá observando al resto de la humanidad como mero ganado humano? Debo enfocar el asunto no desde la perspectiva de un miembro de la plutocracia o de un miembro del resto de la humanidad, sino desde la perspectiva del problema moral que implica la pregunta. Es decir, ¿qué monstruo moral se requiere ser para estar al tanto de esta situación y aun así desentenderse mientras no afecte los intereses propios?

“Pero, ¡yo no sabía!” —¿desde cuándo un estado de ignorancia es igual a un estado de inocencia?

Cada vez más niños que no pueden, o podrán en el futuro, acceder a una profesión basada en la creatividad —actividad intelectual no automatizable, aún— estarán condenados a permanecer como carne de cañón, como carne sacrificial, al servicio de la “competitividad” del capitalismo neoliberal y sus excesos.

¿Por qué la ciencia y la tecnología deben servir principalmente para la competitividad de mercado mientras que pueden servir mejor para erradicar la miseria humana? Imputo la causa al sistema en el cual estamos y contribuimos a perpetuar.

Otro ejemplo del tipo de problemas que el ejercicio ético busca esclarecer es el asunto de la moralidad. Al respecto dice Peter Singer: «Algunas personas creen que la moralidad está anticuada pues la consideran un sistema de molestas prohibiciones puritanas, fundamentalmente diseñadas para evitar que las personas se diviertan. Creen que la ética no es aplicable al mundo real porque la consideran un sistema de normas cortas y simples del tipo ‘No mentir’, ‘No robar’, ‘No matar’. No es de extrañar que aquellos que sostienen esta postura sobre la ética crean igualmente que la ética no esté adaptada a las complejidades de la vida.» Un artículo como este: ¿Nacerá nuevamente el Sol? me hace pensar en que si un clérigo se pronuncia en contra de la inmoralidad, la mayoría de nosotros imaginamos que se refiere a algo relacionado con el abuso de lo sexual; y regularme atinamos. Pero ¿por qué no se pronuncian en contra de la inmoralidad que es el abuso a los pueblos indígenas que habitan las tierras que los intereses capitalistas explotan?

Pero, como yo soy parte del sistema entonces sí puedo cambiar al sistema si pongo manos a la obra y empiezo por cambiar o mejorar mis opiniones y la manera en que formo tales opiniones. Sí, cambiar por completo el sistema actual tomará tiempo. Pero tampoco este sistema es algo que haya permanecido sin cambios. Por el contrario, las formas concretas de capitalismo han cambiado con el paso del tiempo y su manifestación más reciente, el capitalismo neoliberal, también cambiará de manera inevitable. ¿Para dónde cambiará? Depende de aquellos que se interesen en el asunto y participen al nivel que cada uno pueda.

Estoy dispuesto —sin esfuerzo alguno— a aceptar la siguiente analogía para mi caso y tomar el papel del bovino: si una vaca tomara conciencia de su condición y atinara a concluir que todo el sistema de la granja ha sido diseñado para beneficio exclusivo del granjero, podría elegir decir: “no hay nada que se pueda hacer” o podría preguntar: “¿qué puedo hacer hoy para preparar el camino que cambiará esta situación para mi descendencia?”

Entre los primeros pasos está entender más detalles de cómo funciona el sistema actual: los ciclos de escasez y deuda que crean más dinero. Otro paso sería organizarse —como ya muchos lo están haciendo— para satisfacer necesidades básicas sin el uso del dinero; así el sistema actual se debilita. Otro paso es usar el mismo dinero como medio para separarse del sistema: hoy mismo escuché de quienes se están organizando para comprar una extensión de tierra e intentar las ideas de una economía basada en recursos, y no en dinero. ¿Difícil? Ya es muy difícil vivir en el sistema actual.

Thursday, December 29, 2011

El dinero y el perro

Con dinero baila el perro” —dice una popular frase usada como explicación ante la súbita posibilidad de hacer algo que otrora no era posible, y que se hizo posible debido al efecto producido al intervenir el interés, y la correspondiente satisfacción, por el dinero.

Sí, el dinero mueve muchas partes del mundo estos días, y así el perro mundo baila. ¿Y cómo va el baile? ¿A quién divierte más? Como la diversión ya está muy desbalanceada es que se dice que el baile ya dejó de ser divertido. El ejercicio del pensamiento ético podría identificar que el baile de las sillas musicales está amañado y desproporcionadamente cargado para que siempre ganen los mismos. Por lo que los razonamientos éticos más justos tienden a converger en la necesidad de un juego por completo nuevo y con reglas distintas. Reglas que ayuden a distinguir entre exceso y necesidad.

La reciente página referida hace alusión a cierto tipo de imágenes que contrastan de manera drástica la riqueza financiera y la miseria material; pero ese tipo de imágenes existen desde hace mucho tiempo y tal condición de miseria permanece. Pues esa condición, allá o aquí, no es un accidente o un efecto colateral del sistema económico basado en el dinero sino que la escasez y la deuda son características necesarias para que el sistema monetario funcione. Con las economías actuales, cimentadas sobre un sistema monetario que funciona a base de escasez y deuda, estas condiciones de miseria se han perpetuado; es decir, estas condiciones no son un accidente del sistema sino parte de su propio diseño. Las economías basadas en dinero requieren, para su debido funcionamiento, permanentes niveles de escasez y deuda. La idea de que la economía mundial sólo puede funcionar a base de dinero representa uno de los dogmas más perniciosos para el futuro de la humanidad.

Por lo cual, esta desproporción ya cae en el terreno de lo inmoral: que el juego del dinero que perpetúa la escasez y la deuda deba permanecer para que ganen siempre los mismos. Hoy, con las ciencias y las tecnologías actuales, hay más que suficiente alimento para todos en el planeta, pero el mayor impedimento para su distribución es el sistema monetario. Ahora entiendo por qué tales imágenes existen desde hace tanto tiempo, sin que se vea cómo cambiará la situación; misma que continuará a menos que desaparezca el sistema monetario tal y como lo conocemos hoy.

Una de las peores desdichas de la especie humana es que teniendo los medios, con las ciencias y tecnologías actuales, para erradicar la hambruna y la miseria alimenticia prefiramos mantener un sistema que ni siquiera se deriva de ley natural alguna sino de las nociones institucionalizadas culturalmente: el sistema monetario como dogma incuestionable, como otro tipo de credo religioso que sustenta otra forma de religión vulgar; el mercantilismo aplicado a cosas que no deben ser objeto de comercio como la salud, el agua fresca, el alimento más básico, etc.

Sí, cambiar el sistema monetario requerirá mucha preparación pues implica revisar muchos otros conceptos desde la raíz; como el concepto de trabajo, contribución social, etc. Por lo que tal preparación no sólo es necesaria para los “expertos” sino también para aquel ciudadano que busque contribuir a las soluciones que tanto se requieren en este mundo. Ahora, los estudios formales ya han sido hechos desde hace ya tiempo. Varios economistas, incluyendo algunos premios Nobel como Joseph E. Stiglitz, han indicado que el presente sistema ya dejó de funcionar y ya han presentado propuestas en las cuales el concepto de dinero desaparece. Lo que aquel recién mencionado ciudadano debe hacer es precisamente prepararse y mejorar sus creencias y opiniones pues en esos nuevos esquemas económicos el sacarse uno mismo del analfabetismo económico, político, científico, filosófico, etc., es en sí misma la aportación individual más importante a la sociedad. Yo reconozco mi estado de analfabetismo en muchas áreas, tal que aún no podría articular respuestas claras y concisas para tantas de mis preguntas ante una sociedad donde el dinero ya no exista. Puedo explicar someramente la idea general de una economía basada en recursos en lugar que en dinero, pero aún me falta mucho por entender.

El sistema económico ya no funciona, quiero cambiar el sistema, por eso quiero cambiar o mejorar mi percepción del dinero y mi definición de necesidad.

Sunday, December 25, 2011

Navidad y necesidad

La Navidad es parte de nuestra cultura popular —conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo—, y como tal ejerce una notable influencia sobre nuestra conciencia y conducta. La cultura popular es una corriente, una inercia, muy poderosa en la que estamos inevitablemente inmersos. Somos tanto beneficiarios como víctimas de nuestra propia cultura pues, por ejemplo, la cultura popular incluye tanto a la solidaridad como al machismo.

Por otro lado, el reconocer lo anterior no justifica de ningún modo las desproporciones y excesos provocados por nuestra cultura popular. Alguien diría:

“¿Qué mal hay en el enajenamiento de mis sentidos si eso me hace sentir muy bien —al menos por un rato? ¿Qué mal podría cometer al abandonar el dominio de mí mismo en las manos de mis excesos?”

Y digo que alguien diría, en lugar de preguntaría, pues esas no son realmente preguntas sino expresiones retóricas de auto-justificación que fueron aprendidas durante la niñez al escucharlas de algún “adulto”.

En lo que a mí respecta, claro, cada adulto puede hacer de su vida lo que le venga en gana; para eso ya están “grandecitos”. Pero el punto es que la niñez observa y aprende de lo que hacen esos —yo incluido— supuestos adultos, no de lo que dicen. Eso es precisamente lo que alimenta el poder de las inercias en la cultura: el adoctrinamiento de infantes con lo peor de los “adultos”.

Entre los excesos de la temporada navideña están, por ejemplo, los excesos a la hora de beber y comer, entre muchos otros. Pero esos tan sólo son efectos de un conjunto de excesos de un nivel más general y más dominante: excesos culturales; es decir, excesos institucionalizados socialmente y considerados tan válidos que el individuo que los cuestione enfrentaría, quizá y por decir lo menos, algunas miradas de extrañeza. Es decir, que alguien elija embrutecerse por consumo de alcohol podría no ser algo válido en algunos círculos sociales, pero contamos con excesos culturales que, a riesgo de impopularidad, alguien difícilmente pondría en tela de duda.

El consumismo y el mercantilismo son ejemplos de tales excesos culturales. No falta quien me explique, en tono sabio, que tales excesos tienen sus perspectivas positivas pues permiten alimentar los ciclos económicos basados en libre mercado. Pero tal explicación sería válida bajo el supuesto de que el libre mercado —y el capitalismo— funciona razonablemente bien para la especie humana —y el planeta— en su conjunto. Pero se puede observar que sólo funciona para unos cuantos, de codicia desmedida, que toman ventaja de las condiciones desequilibradas por las cuales el “libre” mercado resulta menos libre para la mayoría.

El comunismo ha caído y es turno para que el capitalismo también lo haga. Necesitamos nuevas síntesis que produzcan teorías económicas para la realidad en adelante. Pero ese es tema de futuras reflexiones.

Un paso hacia el siguiente posible orden económico es debilitar esos excesos cultures ya mencionados —el consumismo y el mercantilismo— por medio de promover discusiones sobre el asunto. Alentar el hábito de discutir y tomar en serio las situaciones que —quien aspire a la adultez— tenemos muy calientes entre las manos.

Discutir en serio un asunto exige todo nuestro ser, no sólo las emociones. Por eso aquí no voy a desplegar drásticas imágenes que contrastan riqueza y bienestar financiero por un lado, y hambruna y escasez por otro. Imágenes que en ocasiones provocan fugaces y baratas emociones que suelen derivar en la más trivial auto-complacencia; por ejemplo: reproducir en Internet cadenas de mensajes con esas imágenes y sentirse bien por “haber contribuido con algo”. Eso me parece otra frugal forma de la más cruenta indiferencia.

La vista es un sentido muy manipulable, al que frecuentemente recurren quienes buscan imponer perspectivas sesgadas so pretexto de la exagerada frase: “una imagen dice más que mil palabras”. No es verdad, una imagen y mil palabras son cosas distintas que pueden comunicar aspectos distintos de un mismo tema. Queda usted advertido, amable lector; pero si aun así tiene usted curiosidad por ejemplos de esas imágenes pues aquí hay algunas: define «necesidad».

Para mi tía Chela

Para mi tía Chela, en esta Navidad 2011, dedico esta reflexión que no es otra que mi propia admiración por aquel pensamiento que he escuchado de ella misma: esa sublime idea de que el ser de una persona, su devenir, no debe llegar de fuera de dicha persona, no debe descender todo preestablecido por determinación de jerarquía alguna, ni de potestad extravagante cualquiera, sino que la persona —si así lo elige— puede tomar en sus propias manos, con virtud y artesanía, la definición de su propio ser.

Ya tantos pensadores en la historia de la filosofía han dicho lo mismo, por ejemplo aquel joven humanista, curioso y aprendiz, Giovanni Pico Della Mirandola, en su Discurso sobre la dignidad del hombre, que el rasgo del humano, a diferencia de los otros seres vivos, consiste en ser el árbitro quien, de manera consciente y voluntaria, determina su propia naturaleza.

Friday, December 16, 2011

¿Las ciencias?

¿Cuál es la idea de la ciencia? O debo decir, de manera menos anacrónica, ¿cuál es la idea de las ciencias? Y, por derivación, ¿cuál es la idea de los métodos científicos? Estas preguntas son relevantes pues el pensamiento científico es uno de los mejores esquemas de cognición para aproximarse a nuestra realidad natural. Y si la especie humana tiene algún futuro entonces en dicho futuro el pensamiento científico juega un papel decisivo; así como también lo juegan tanto el pensamiento creativo como el pensamiento valorativo —el conglomerado de esos tres tipos de pensamiento ha sido nombrado pensamiento de orden superior por parte de algunos filósofos de la educación, como Matthew Lipman.

En otro lugar reflexioné brevemente sobre el asunto de la educación científica como derecho de la niñez: Will mankind exist on Earth 100,000 years from now?

La pregunta por el futuro de la Humanidad es pertinente no por las fuerzas de la Naturaleza —ya de lo macroscópico o de lo microscópico— sino principalmente por la hostilidad entre humanos. Además, la respuesta se escapa entre los dedos al considerar (1) nuestra marcada tendencia por interpretar en clave restringida y cortoplacista; (2) nuestra endeble capacidad para interpretar en clave elaborada o profunda; (3) la infrecuencia con la que se discuten estos temas pues estamos demasiado ocupados tratando de llegar a algún resbaladizo lugar en la vida material. Un ejemplo de una interpretación endeble se encuentra en la paupérrima idea de “educación” como sinónimo de estratificación socio-económica; su miseria radica en la exigencia indiscriminada de practicidad a costa de superficialidad tal que las esencias son desdeñadas a favor de las apariencias. Una manera para corroborar tal inopia consiste, por ejemplo, en hacer la siguiente pregunta a una persona cuya única “educación” proviene de los sistemas de escolarización tradicionales: ¿existe el método científico?

Esa y otras preguntas derivadas pueden arrojarnos a excelentes debates y exámenes críticos sobre las ciencias hoy. La diversidad de posiciones entre académicos tan sólo es un reflejo de la diversidad y complejidad humana. Nuestra época es testigo del multifacético devenir del así llamado pensamiento posmoderno; con sus jaloneos intelectuales, sus posiciones radicales, y sus nuevas propuestas de síntesis entre lo heredado y lo que queremos legar. Ciertamente el pensamiento científico, y otros pensamientos, surgen transformados por el calor del debate y por la influencia entre ellos; así, quizá, surgen más maduros.

Un espíritu sobrio y balanceado podría reconocer los excesos y los aciertos de cada tesis en los debates entre los socio-constructivistas de las ciencias y los epistemólogos del realismo crítico; entre los epistemólogos anarquistas y los empiristas lógicos, etc. Así, quizá, los rasgos de una síntesis fructífera esté en manos de, precisamente, ese espíritu sobrio y balanceado que permanece en guardia en contra del dogmatismo exagerado.

«…la filosofía de las ciencias redescubre los vínculos entre la vida científica y otras actividades humanas, así como su propia dependencia ante cuestiones metafísicas y ontológicas, apuntando esencialmente a la reflexión sobre las disciplinas particulares y no a la búsqueda de una metodología general.» —Filosofía de las ciencias. Daniel Adler, Anne Fagot-Largeault y Bertrand Saint-Sernin.

Además, por ejemplo:

  • La construcción del conocimiento científico — Sociología y ética de la ciencia. Gérard Fourez.

  • Imposturas intelectuales. Alan Sokal. Jean Bricmont.

  • El nuevo humanismo y las fronteras de la ciencia. John Brockman (http://edge.org/), Daniel Dennett, Jared Diamond, Steven Pinker, Marvin Minsky, Lee Smolin y otros.

Sobre la lectoescritura

¡Cuánto placer! ¡Cuánta ricura! ¡¿Qué es esto que llega a ser tan placentero?! ¿Por qué un texto se me presenta tan apetitoso? ¿Por qué un conjunto de párrafos lucen como un manjar? ¿Por qué se siente tan rico ejercer la lectoescritura? ¿Será acaso la curiosidad por decodificar el significado detrás del entramado de signos? ¿Será por la maravillosa posibilidad de «escuchar» a otra mente distinta de la mía? ¿Será por la compañía interna que ofrece la mente del autor? ¿Será acaso por el diálogo hermenéutico que ocurre durante el recorrido y la profundización de un tema de interés mutuo? Tal vez, quizá, no es placer sino alivio; algo que atenúa —aun si es tan sólo un poco— el dolor de mi ignorancia: Dolor.

Amén del placer o del alivio, hay algo mucho más profundo acerca de la lectoescritura: la posibilidad del aprendizaje; es decir del cambio desde la interioridad, del cambio como madurez en la «persona»; no como ente físico-biológico ni como ente socio-económico sino como ese ser cognoscente que la ciencia experimental da por sentado y que es ámbito exclusivo de cada sujeto: la conciencia.

Hablo de la madurez no en relación con la edad cronológica ni con el grado de libertad socio-económica sino en relación con la vista de conjunto que una persona pueda desarrollar con base en la amplitud de su conciencia. Una vista panorámica del orbe humano inmerso en el orbe natural ofrece medios para dejar atrás las chiquilladas derivadas de la estrechez de miras. Si cada cual sólo ve su parte y su interés, sea político o financiero, quedan claramente explicadas las guerras y los niveles actuales de sufrimiento humano causado por otros humanos. Si la única interpretación válida de la realidad es la propia —la que los demás “debieran” adoptar por su propio bien—, o es la interpretación basada en el principio de autoridad, entonces quedan explicadas las perennes fechorías y barrabasadas cometidas por quienes suelen estar a la cabeza en la sociedad, a pesar de tener apariencia física de “adultos”.

La destreza en la lectoescritura es clave para la madurez. Pues enfrentarse a un texto —especialmente en la lectura para entendimiento y no sólo la lectura para información—, y abrirse paso a través de sus signos hacia los posibles significados, es similar a la destreza requerida para interpretar la realidad que habitamos.

Reflexión adicional: ¿Para qué leer?

Wednesday, December 14, 2011

La medida del hombre

La mención de la creatividad suele asociarse con algo positivo. Por ejemplo, el compositor de una magnífica sinfonía clásica, o quien creó la primera computadora personal (Steve Wozniak), o quien compone la última canción de moda que “todos” quieren tener, por su creatividad llegan a recibir calificativos de ¡genios!

La creatividad —la facultad de creación— parece algo muy buscado, especialmente por quien quiere vender sus efectos. Pero me parece que no están buscando realmente la creatividad sino la innovación. La diferencia consiste en que la innovación abarca un rango de destrezas distintas que aquel necesario para la creación. El creador puede hacer surgir algo a partir de su destreza creadora, pero el innovador, por otro lado, es capaz de hacer concreto el valor de lo creado en las manos de otras personas; quienes podrían no contar ni con la capacidad creadora ni tampoco estar próximos al creador de origen. En ese sentido está claro el mérito de ambos, creador e innovador, y así me explico el mérito, por ejemplo, tanto de Steve Wozniak como de Steve Jobs.

Sin embargo, el sentido de la dependencia va de la innovación hacia la creación: no hay nada por innovar sin estar precedido por la destreza creadora. Por tanto, coincido con lo expuesto en el siguiente artículo: Why Are There No Successful Innovation Initiatives? Pues si bien la innovación puede ser una tarea de equipo, ya sea en forma de un proyecto de resolución de problemas o incluso un proyecto de ejecución táctica, ambos con marcado énfasis en el esfuerzo cooperativo, la creación, por otro lado, no se aclimata entre las jerarquías mentales, y mucho menos si estas son rígidas y anquilosadas. El caldo de cultivo para la creatividad se echa a perder ante las normas, los estándares, la obediencia, y la burocracia en general. Para que la creatividad dé frutos suele requerirse un considerable grado de libertad, autonomía, y de riesgo por muchos “re-trabajos”.

Por lo que una organización que se vanaglorie por su creatividad y busque ser coherente al mismo tiempo, deberá primero tomar conciencia del lugar real que tiene la creatividad entre sus políticas burocráticas.

Ahora, la creatividad implica novedad, algo no experimentado antes. Si eso se percibe como positivo para el libre mercado o la ciencia ¿por qué la creatividad está proscrita en algunos ámbitos de suma importancia para la cosmovisión del ser humano, por ejemplo, en el campo de la religión? En particular, ¿por qué permanecer con agotadas teologías de corte dogmático que tan sólo aportan para los problemas de la Humanidad? Por ejemplo, las misóginas teologías que afirman que Dios es de género masculino, y por tanto, lo masculino es lo único capaz de fecundar. ¿Hasta qué punto esto se sostiene hoy en día? ¿No es acaso evidente que tal teología pertenece a un tiempo pre-científico?

De ahí mi curiosidad por la descripción de la fase tres del artículo ya referido al extrapolarla a otro contexto: el contexto de la religión institucionalizada. Pues hace poco escuché la respuesta de una persona en una posición jerárquica dentro de una institución religiosa al preguntarle sobre la mención de los conceptos de la teología de la liberación en sus sermones. Su respuesta fue algo así: “Yo tengo cuentas por pagar y muchos compromisos financieros, yo ya no estoy ni para mejorar mis convicciones ni para intentar cambios en cómo funciona la doctrina actual”.

¿Es acaso que las corporaciones tienden a imitar a quienes consideran modelos a seguir –como los prelados eclesiales? ¿Cuántas personas en posiciones jerárquicas corporativas o gubernamentales considerarán como un servicio a Dios o una misión divina lo que hacen, y que incluso se consideren estar en dicha posición jerárquica debido a la voluntad de Dios, y que, por tanto, no pueden estar equivocados en su proceder, pues consideran sus decisiones casi como de inspiración divina?

Los excesos del iluminismo en religión —la pretensión de tener una relación personal y directa con Dios— se pueden ver tanto en gobiernos ultra-conservadores y sus contra-partidas corporativas. ¿No acaso está presente el ritual de algunos presidentes de hacer juramentos ante la Biblia y al mismo tiempo ordenar todo tipo de guerras en contra de quienes no se sometan a los dictados de su gobierno y se atrevan a tener un Dios distinto?

Pero, ¿acaso esta mentalidad es exclusiva de los prelados jerárquicos? ¿Acaso no también se observa a toda escala social? Como dice un muy estimado amigo: «A toda escala pasa. Algo tiene el poder que el ser humano se ve seducido y se sojuzga».

Lo dejó escrito Aristocles (Platón):

«La medida de un hombre es lo que puede hacer con el poder que tiene»

Sunday, December 11, 2011

Razones adicionales

Hoy leí el siguiente artículo en el periódico La Jornada: Calderón y las peras del olmo de Arnaldo Córdova.

Me gustó ese artículo pues me ofreció más razones que apoyan la conclusión de que el actual sistema político y económico en México ya dejó de funcionar —si alguna vez lo hizo— para el bien común (¿«bien común»? -frecuentemente me sorprendo de mi propia candidez). Hay quienes buscan alternativas al sistema actual y afirman que vendrán como “reformas estructurales” al propio sistema (¿quién, ahora, resulta ser el cándido?).

Pienso que se requiere algo por completo distinto pero calculo que tal cambio no llegará a ser vivido por las generaciones presentes de adultos; calculo que un gran número de adultos de hoy carecen de la educación y de la voluntad para mejorar su mentalidad; la cual les fue legada, adoptaron sin remedio, y con la que planean vivir hasta el día de su muerte. Por tanto, calculo que una aportación de conciencia para el día de hoy consiste en hacer algo para que tal mentalidad no se perpetúe y las futuras generaciones eviten repetir lo que hay de estúpido en el sistema actual.

Por eso, mi aportación de conciencia hoy consiste en apoyar y participar en una idea amplia de educación en la forma concreta de una Universidad popular. La cual no es otra cosa que aquella idea helénica primigenia de una comunidad de indagación, pero con el énfasis en que tal comunidad inicia, es para, funciona por, y se centra en el individuo, y no en la colectividad: Universidad popular.

 

Actualización Diciembre 2013: Si por educación se entendió alguna noción popular que refiere a grados académicos entonces ciertamente no me referí a esa noción. Al decir educación quise decir auto-reeducación. Yo mismo tengo grados académicos universitarios, pero para mí eso ya no cuenta como educación, pues es sólo escolarización. Esa escolarización ya no es relevante en términos de auto-reeducación. Aquella escolarización gira alrededor del reconocimiento mientras que la auto-reeducación gira alrededor del conocimiento. Aquella escolarización estorba pues le miente al individuo, le afirma y le repite que sabe mientras que la auto-reeducación se orienta hacia un realismo crítico, hacia una actitud objetiva que implica una aproximación a lo real como un proceso, una actitud que siempre está en contra de algún conocimiento anterior, que destruye conocimientos mal adquiridos, entorpecimientos y confusiones.

Entonces, en aquel fragmento quise decir: «…calculo que un gran número de adultos de hoy carecen del hábito de la auto-reeducación y de la voluntad para mejorar su mentalidad;»