Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, February 24, 2013

Una comunidad

Recién recibí un mensaje de parte de alguien interesado en esta Comunidad para la indagación filosófica. A continuación la respuesta inicial:

«Hola, valoro tu afición a la filosofía; te felicito.

El planteamiento para esta comunidad filosófica no incluye ningún tipo de membresía y, por tanto, no hay manera para unirse al grupo en condición de miembro. El rasgo común que nos convoca aquí, en ese lugar de la conciencia llamado reflexión, es la admiración ante el fenómeno humano y el asombro ante el poder del cuestionamiento en las provincias básicas del ser, del conocer, y del hacer.

En otras palabras, ya con tu afición a la filosofía eres muy bienvenido a postear dudas, preguntas o cuestionamientos sobre temas de tu interés, y que nos inviten, o provoquen, a pensar filosóficamente. Si tienes un blog o página donde has desarrollado el planteamiento del tema entonces puedes postear la dirección y esperar por quienes gusten ofrecerte alguna réplica.

Por ahora, hay dos maneras para interactuar con quienes hemos participado en esta comunidad.

La primera es la ya mencionada en el párrafo anterior, e implica la posibilidad de interactuar con personas hispanoparlantes de varias latitudes del planeta.

La segunda es presencial. El lugar donde hemos sesionado es la Biblioteca Vasconcelos en la Ciudad de México. Esta opción implica interactuar tan sólo con tres o cuatro personas. El programa actual de esta opción es un seminario de introducción a la Filosofía. En este punto, cada uno —por su cuenta— se está preparando para la undécima sesión de dicho seminario; los textos disparadores para dicha sesión están publicados en el sitio del seminario: http://sersaberhacer.blogspot.com/. Si haces clic en ‘Me gusta’ de la página de la comunidad en Facebook entonces podrás enterarte de la fecha para la undécima sesión, cuando se defina.

Un programa más amplio de la comunidad es la idea de una Universidad popular.

Saludos y bienvenido.»

Wednesday, February 13, 2013

Carta a mi entrañable jovencita — México, D.F., a 13 de febrero de 2013

Mi entrañable jovencita:

De nuevo tengo la oportunidad de escribirte. ¡Cuánto gusto me da! Cuando pienso en ti y en tu hermana, y en ese montón de cartitas que me han enviado con disimulo, me gana la emoción y no puedo evitar sentir un nudo en la garganta y un cosquilleo en los ojos. ¿Ya te he dicho que conservo cada una de tus notas y dibujillos? Así es, desde tus primeros garabatos.

En esta ocasión intentaré explicarte aquello que prometí hace poco tiempo: el tema de las opiniones. ¿Recuerdas haberme preguntado sobre lo que escuchaste decir a tus amigas en la escuela?, ¿recuerdas lo que dijeron de la compañerita que usaba una falda muy corta? Ya en esa ocasión platicamos un poco sobre diferentes opiniones posibles para ese caso; el cual es un caso de opinar con base en lo que una persona tiene. También quedamos en que el asunto no terminaba ahí, sino que debíamos intentar acercarnos a un tema que se relaciona con ese y con muchos otros casos. Dicho tema es la acción misma de opinar —una acción muy común. Algunos casos serán similares al de tu compañerita y otros serán distintos. Por ejemplo, la religión de alguna de tus amigas, o los rasgos raciales del nuevo chico en la escuela, o la clase socioeconómica de tu maestro, etc. Por ser común diremos que opinar es una acción general para todos esos casos. Pensar en un tema general es útil pues así puedes aprender cómo aplicarlo a muchos casos particulares.

Por favor recuerda, lo que aquí y en posteriores cartas te diré tan sólo representa un inicio, una invitación a pensar sobre el tema. No olvides que mi opinión puede estar por completo equivocada, y que mi intención no es defenderla sino evaluarla; es decir, me interesa discutirla para encontrar sus límites, contrastarla con otras opiniones y, en el caso, remplazarla por una mejor.

¿Qué es opinar?, ¿cuál es la idea detrás de una acción como opinar?, ¿es opinar una acción que pueda hacerse bien, regular o de plano mal? Por ejemplo, tú misma me has dicho cómo te llamó la atención lo escrito por Juan Villoro en El libro salvaje, y cuán distinto fue eso comparado con una serie de Lisi Harrison. Si opinar es una acción, así como lo es escribir, ¿puede su resultado provocar dos experiencias tan distintas como las de tus lecturas?

A continuación, como referencia, tomaré lo dicho al respecto por el diccionario de la lengua castellana. Opinar es un verbo intransitivo; es decir, una acción tan precisa que no requiere ser complementada para entenderse. Presenta tres acepciones. Primero, formar o tener opinión; segundo, expresarla de palabra o por escrito; tercero, discurrir sobre las razones, probabilidades o conjeturas referentes a la verdad o certeza de algo.

Ahora haremos una pausa, y concluiré esta carta sugiriendo un ejercicio para ambos. Piensa en una opinión tuya, cualquiera que logres traer a tu atención. Contémplala. Luego, intenta contestar: ¿desde cuándo está ahí?, ¿cómo llegó?, ¿la escuché de alguien, de un libro, de una revista, de la televisión, de los amigos, o es sólo mía y siempre ha estado ahí? Es decir, intenta explicar su existencia.

Hasta la próxima, recibe besos y un tierno abrazo.

Wednesday, February 06, 2013

Los falsos dilemas y la amputación social del ser

[Introducción]

La situación que aquí me ocupa es aquella en la cual, como individuos, percibimos a nuestras opiniones como algo intrínseco de nuestro ser: “mi opinión es esta, y si es atacada entonces me sentiré agredido.” Una dificultad derivada de tal situación es que la tolerancia debida a la persona, como ser humano, se traslada a su opinión. De no hacer nada al respecto entonces la opinión perdura intacta y protegida por el supuesto derecho a tener una opinión. En caso de que tal derecho fuese legítimo entonces ¿en cuál obligación encuentra su contraparte? ¿O es acaso que se exige un derecho pero sin asumir obligación alguna? Esta situación se torna relevante especialmente si reconocemos que no nacimos con nuestras opiniones sino que provienen, en su mayoría, de un proceso local de naturaleza sociocultural.

La posición propuesta ante tal situación consiste en reconocer los siguientes asertos. Primero, que la persona y su opinión son dos cosas distintas; la valía de la persona no requiere demostración, mientras que el valor de su opinión sí la requiere. Segundo, que lo relevante no es hablar de la educación de los demás sino de la reeducación personal, una reeducación llevada a cabo por uno mismo. Tercero, la importancia de cultivar el hábito individual para examinar críticamente las opiniones propias. Cuarto, la necesidad de participar de manera activa dentro en un ambiente intelectualmente cooperativo, en el cual se promueva no la defensa de las opiniones sino su evaluación.

Al individuo interesado le corresponde un papel de auto-evaluador, pero la función pedagógica de una comunidad abierta, no dogmática y autocrítica no puede ser despreciada. Por lo cual, el papel del individuo en la posición aquí propuesta también incluye su participación en comunidades con esas características, comunidades en donde un principio de autoridad jerárquica no reine supremo sobre el individuo.

Los beneficios específicos de la posición propuesta serían los derivados de cultivar una facultad humana básica: pensar. Cultivar la teoría y la práctica de pensar permite alcanzar mayor claridad y más orden en nuestras opiniones. Al pensar cada vez mejor podremos actuar cada vez más en consonancia con quienes realmente somos, y menos como nos ha moldeado el ambiente social nativo, local y decantado hacia opiniones desidiosas; por ejemplo: “pensar es inútil pues por mucho que pienses el mundo real seguirá siendo el mismo”. “pensar no es práctico”, “el cambio proviene del actuar, no del pensar”, “no hay tiempo para pensar, sólo para actuar”. En efecto, con una cuidadosa consideración de la influencia mutua entre teoría y práctica, como la existente entre nuestras piernas al caminar, podemos renunciar al negligente y desproporcionado abandono de una en detrimento de la otra. Así, con ese cuidado, podremos avanzar hacia un pensar maduro, colmado tanto de raciocinio como de emoción, y también de intuición.

Los beneficios específicos son muchos pues una mayor destreza para pensar puede aplicarse en las riendas de nuestra atención, y entonces enfocarnos más profundamente en lo que nos interesa en lugar de caer en el anzuelo de lo que nos distrae. Ya sea interés en, por ejemplo, la vida política de un país o el conflicto legal y moral ante la interrupción deliberada del embarazo o las tendencias ambientalistas de los mercados financieros, una atención mejor dirigida y sostenida permite abarcar un número mucho mayor de perspectivas distintas y, por tanto, aumenta la posibilidad de lograr una síntesis innovadora o liberadora de los conflictos del tema en cuestión. Ciertamente, otro beneficio consiste en poder distinguir entre conocimiento y mera opinión.