Marco A. Dorantes

Este es uno de mis primeros blogs* (aquí hay una lista de mis blogs sobre temas de mi interés).
Además, mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión personal.

Monday, April 12, 2010

La devoción

Esa actitud que proviene de lo más íntimo de la persona, como una expresión del más profundo y sincero respeto, y admiración, personal por aquello que reconocemos como mucho más grande y superior a uno, cuando ese sentido interno del homenaje es real, representa una enorme fuente de motivación y de empuje en la vida. Saber si existe realmente o no esa devoción en una persona, es algo que sólo dicha persona lo puede determinar. Pues, ¿puedo asomarme al interior, a la intimidad mental, de otra persona? Nunca lo he podido hacer. ¿El lenguaje y la conducta, lo externo, son suficientemente fiables como para poder asegurarlo? Pienso que no, pues no he podido observar una pauta invariable de casos con la cual justifique tal creencia en el lenguaje y la conducta. No quiere decir que no la haya, sólo que yo no la he visto.

La pauta que sí me ha tocado ver es que alguien más se aproveche de esa enorme fuerza motivacional que nos puede provocar nuestra propia devoción, especialmente cuando tenemos una devoción intensa. Pienso que sucede como en el caso de la llamada inteligencia emocional, la cual deberá servir para que el propio individuo se impulse, con más de su propio ser, con pleno conocimiento de sus propias emociones, hacia los objetivos que dicho individuo busque en su vida personal, incluso si lo buscado es el servicio comunitario. Pero otros se han dado cuenta de lo que son capaces las emociones, y buscan hacer uso de las emociones de los demás para conseguir sus objetivos particulares. Por ejemplo el caso del miedo, no es difícil identificar a quien se afana en advertir a los demás por los peligros ilusorios acerca de algo, lo que sea, y luego busca cimentar su alegato precisamente sobre el miedo que recién provocó en su incauta audiencia. Por el contrario, el uso inteligente de mis emociones debe servir para mí mismo, y no para que se me manipule por medio de ellas para servir a intereses disimulados. Me parece que algo parecido se requiere reflexionar para el caso de la devoción.

Hasta donde he checado, todas las personas que están por mí, como persona, prefieren verme como dueño de mí mismo y no como un engrane despersonalizado en el esquema social, cuya única manera de ser está en función de su integración en dicho esquema social.

Esto se hace relevante en la dinámica de cualquier grupo social, donde es fácil ver que suele hacerse una distinción artificial entre el conjunto y el individuo. Es decir, por un lado, que el conjunto existe y tiene vida por sí mismo, independiente de los individuos; y por el otro lado, que el individuo por sí mismo no puede ser el conjunto mismo, que el individuo no puede ser sin el conjunto.

La posición entre dichas perspectivas ha determinado en la Historia diversos sistemas de convivencia social. El efecto neto de dichas posiciones da para la reflexión sobre cuál saldo preferir, ¿favorecer la conservación del ente abstracto, la idea del grupo, o favorecer el desarrollo de los individuos que componen dicho grupo?

Para ir sabiendo cuál posición se ha preferido en un grupo dado, habría que preguntar a los individuos, por ejemplo: ¿Eres tú la iglesia? ¿Si te encuentras solo en la calle, está ahí la iglesia? ¿Si desarrollas tus facultades como persona, estás desarrollando a la iglesia?

¿Qué tipo de responsabilidad implica para el individuo creer que, en sí mismo, es el conjunto? ¿Qué clase de cuentas podría dar el individuo que cree que, por sí mismo, no es el conjunto? ¿Cuáles perspectivas se abren ante tales preguntas al pensar en el objeto y sujeto de mi devoción?

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