Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Tuesday, May 10, 2011

Muchos cristianismos

El cristianismo ha sido parte de mi propio condicionamiento social del que busco tomar plena conciencia. Busco esa conciencia tanto porque soy parte de una cultura influenciada enormemente por la idea amplia de civilización occidental como por mi necesidad de dar clara cuenta de mis experiencias en el cristianismo. He ofrecido un breve resumen informal de mi posición actual al respecto en la página: Carta personal, la cual incluye una referencia a lo que podría ser una reseña de mi recorrido por el cristianismo a la fecha: Un recorrido.

Reconozco que mi recorrido me ha llevado a abandonar una creencia que por algún tiempo albergué: que sólo puede haber un cristianismo “verdadero”. No hay tal cosa como un sólo cristianismo “verdadero”. ¿Qué derecho tengo para creer en semejante equivocación dada la historia del cristianismo desde sus inicios hasta el momento presente? Tan sólo el “derecho” que proviene de la ignorancia y de un estado desinformado.

La diversidad de posiciones igualmente sustentables, la gran variedad de ramificaciones que ha habido con múltiples ideas de cristianismo desde el primer siglo, representa una evidencia nada despreciable de que no hay una sola religión cristiana, monolítica, sino muchas y la mayoría irreconciliables entre sí. Tal como lo son las ideas en los textos bíblicos cuando se miran más allá del literalismo bíblico o biblicismo.

Lo curioso del caso es que desde el primer siglo a la fecha no han faltado cristianos quienes apunten su dedo acusador hacia otros cristianos y sentencien: “esos no son cristianos”. Por ejemplo, sospecho que no pocos cristianos de hoy que consideren la historia del cristianismo durante los siglos IV y V terminen por “explicar” que los protagonistas de aquellos dramas en el interior del cristianismo “ya no eran cristianos”, y que el cristianismo “puro” es otra cosa. Y que tal cosa es “definida” en la actualidad —definida por ellos mismos, claro—. No encuentro soporte que sostenga tal “explicación”. Otro ejemplo, del cual se hace una aproximación decente en una obra cinematográfica reciente llamada Ágora, consiste en “explicar” que el cristianismo se degeneró al mezclarse con el Imperio Romano y que dejó de existir el cristianismo “verdadero”, y que por tanto es necesario restaurarlo en la actualidad. Pero ¿qué es lo que supuestamente debe ser restaurado si en su historia no ha existido un único cristianismo “verdadero”?

Por supuesto, hay aspectos positivos en el cristianismo. Entre los cuales no veo que aparezcan las formas de religión organizada y de sistemas dogmatizantes por los cuales se ha ganado tan mala fama. Un aspecto positivo del cristianismo es la idea de la conversión, la idea de la transformación de las personas, el cambio de mentalidad, de su conducta, una trasformación total del rumbo en la vida de una persona.

Esa transformación, precisamente, es para mí parte de lo positivo del cristianismo. La conversión inicial tan sólo es una de muchas que se deben buscar continuamente si estamos interesados en la transformación radical. Pero para eso hay que estar dispuestos a cambiar o mejorar nuestras perspectivas, opiniones y creencias, a tal grado como para nunca más regresar a ellas. Cada trasformación implica, cada vez, quemar las naves detrás de nosotros. Implica tener el valor de reconocerse equivocado, requiere aceptar nuestra situación como realmente es, y no como queremos verla, por muy difícil que me resulte aceptarla. Por más que mi ego grite: “¡No puede ser, no puedo estar equivocado!”

Enfatizo que dentro de lo positivo del cristianismo no encuentro el adoctrinamiento ni la imposición de ideas sobre otras personas, por lo que la serie de transformaciones radicales que son provocadas por un desarrollo continuo de la conciencia estarían por completo en manos de la persona interesada y no a cargo de ningún prelado autoritario.

Más de esto en las siguientes reflexiones:

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