Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
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Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Tuesday, May 10, 2011

Interpretar

El objetivo de este texto es reconocer mi casi ausente pericia para interpretar un texto antiguo, como la Biblia. Además, aventurar una sustentable sospecha acerca de la pericia de quienes dicen “saber” hacerlo y su interpretación resulte indistinguible de aquellas de la religión vulgar.

El acto de escribir es una expresión intensamente humana. La escritura es una evidencia de que existen otras conciencias distintas e independientes a la propia —en refutación del solipsismo. El componer y ordenar las ideas en forma escrita es parte de una compleja acción comunicativa que incluye, además, la intrincada acción interpretativa. Interpretar también es una expresión del sujeto que interpreta, de hecho, la expresión subjetiva es el contenido principal de la interpretación. En completa perplejidad y asombro, podemos aproximarnos a un juicio al afirmar: no se puede no interpretar.

Dadas así las cosas, es evidente que interpretar es una de las habilidades más importantes en la que debemos prepararnos y desarrollarnos, la pericia para interpretar es también parte de la educación cuya responsabilidad está en nuestras propias manos. La destreza de un principiante para driblar o encestar en el baloncesto es muy inferior a la destreza de, por ejemplo, Michael Jordan. Mi talento expresivo al escribir es infinitamente inferior al talento de Sor Juana Inés de la Cruz. La pericia requerida para interpretar un texto actual es mucho menor a la pericia requerida para interpretar un texto antiguo. Por lo tanto, para no hacer un grotesco ridículo es preferible suspender una interpretación hasta que se tenga la preparación necesaria para hacerla.

Para ejemplos de pésimas y muy lamentables interpretaciones provenientes del biblicismo o literalismo bíblico basta con considerar algunas interpretaciones devocionales de la religión vulgar. Por ejemplo la interpretación del pasaje bíblico donde se narra una separación entre dos tipos de personas, ejemplificada como la separación entre ovejas y cabras. Los intentos descuidados para interpretar dicho pasaje han contribuido a provocar lo peor del cristianismo. Entre lo cual está el acto de segregación —el decretar infranqueables barreras entre personas— por el cual es famoso el cristianismo desde sus primeros siglos. ¿Acaso esa segregación no contribuyó a las persecuciones contra paganos, judíos, mujeres, negros, homosexuales, “brujas”, etc., a lo largo de la historia de la cultura occidental? Una reciente obra cinematográfica, con título Ágora, manifiesta con viveza uno de los dramas en los que el cristianismo como religión vulgar ha sido protagonista. El enarbolar una idea segregacionista en contra de todo aquel que sea distinto, o incomprendido, ha sido causa de mucho dolor y sinrazón, pues tal idea proviene no de lo sobrenatural sino de interpretaciones descuidadas de textos antiguos. Textos que son violados por los prelados jerárquicos, los que dicen “saber” de religión, para manipular a las masas ignorantes. Las consecuencias de imponer ideas religiosas dogmatizantes a la gente, especialmente a la niñez, han sido terribles a lo largo de la historia de Occidente. Para el caso particular de Latinoamérica, es evidente que tales ideas tienen el propósito específico de mantener a las personas “como ovejas tranquilas, que se dejen dirigir y que siempre sean dependientes del pastor”. Quizá es tiempo de legislar para considerar seriamente los agravantes del delito dogmático. ¡¿Quizá?!

Por otro lado, partiendo de la premisa de que no se puede no interpretar, entonces resulta adecuado arrojarse al acto interpretativo pero con plena libertad de conciencia. Sin que pese sobre la persona autoridad alguna y al mismo tiempo abrace su estado permanente de equivocidad. Por supuesto, como con toda libertad, reconociendo una total responsabilidad personal para dar cuentas de dicha libertad. Así, el acto interpretativo surge de la búsqueda del ser, del ser propio. En otras palabras, interpretar como la búsqueda para conocerse a uno mismo. Pues de la interpretación conocemos más de quien interpreta que conocemos de lo interpretado. Ya que contando el humano con la posibilidad de tanta imaginación y creatividad, ¿por qué elije proyectar tan sólo lo más bajo de su ser sobre lo que podría ser, de otro modo, sublime? Para un ejemplo ver: La amenaza del pensamiento religioso.

Así pues, un intento concienzudo y esmerado para interpretar el pasaje bíblico antes mencionado podría escoger como el criterio de separación no a la segregación entre personas sino entre ideas. Por ejemplo, el lado izquierdo representa a las ideas como el miedo, la ignorancia, la autocomplacencia, el dogmatismo exagerado, la misoginia, la xenofobia, el chovinismo, la religión vulgar, etc. Mientras que el lado derecho representa al amor, la imaginación, la creatividad, la compasión, la libertad, la verdad, la ciencia, la filosofía, el arte, la religión como poesía, etc. Pero claro, el responsable de tal elección interpretativa es por completo la persona, en lo individual. Con base en el estado de las fuentes por las que nos llega el cristianismo en nuestra época, podemos entender que la interpretación bíblica cae dentro del ámbito de la libertad de conciencia, como en el pensamiento estético, donde la verdad no juega el mismo papel por encima de la libertad, como en el pensamiento científico, sino justo al contrario: en la interpretación bíblica es más importante la libertad que la idea de verdad.

Por supuesto esa idea es una idea típica del pensamiento posmoderno en general, y del cristianismo posmoderno en particular. Pero antes de brincar a conclusiones, amable lector, sugiero tener una vista amplia de lo que significa el posmodernismo. Hacia tal efecto ofrezco el siguiente soliloquio: ¿El maligno posmoderno?

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