Marco A. Dorantes

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Wednesday, January 01, 2014

Sobre «Dios» — Presuposiciones

Antes de proseguir con las fuentes de la teoría de campo teológico, y con su método crítico de indagación, pienso son necesarias algunas notas sobre las presuposiciones de dicha teoría.

La razón, la experiencia, y la duda son facultades humanas básicas que sirven para conocer, todo aquel que pueda leer esta frase tiene tales facultades; pero, cada uno desarrollaría esas facultades en función de su propio interés. La reflexión teológica aquí propuesta presupone una familiaridad elemental con el racionalismo, el empirismo y el escepticismo estudiados en gnoseología y epistemología como ramas de la filosofía. La teoría de campo teológico no acepta el principio de autoridad como fuente de conocimiento; es decir, no acepta ninguna otra fuente tras la razón, la experiencia y la duda del propio individuo reflexivo. En otras palabras, la teoría propuesta se puede ubicar en la categoría de la teología natural.

Al ser la teología una forma de reflexión filosófica, se presupone claridad conceptual acerca del ejercicio filosófico más elemental, incluidas las distinciones básicas entre ética y moral. Asimismo, se presupone práctica personal del ejercicio filosófico per se; es decir, la capacidad de plantear preguntas cada vez más atinadas para indagar con mayor profundidad algún asunto.

La teoría de campo teológico presupone un interés por indagar sobre la pulsión religiosa primordial en el animal humano, reconocible como algo perenne del drama humano y que ejerce una influencia poco trivial en nuestras opiniones y, por tanto, en nuestras acciones.

La teoría de campo teológico presupone una actitud favorable al liberalismo, libertarismo y libertinaje teológicos. Es decir, no prescribe qué pensar teológicamente sino que asiste al individuo reflexivo a desarrollar una expresión artística o poética de su propia subjetividad sobre lo sublime, lo venerable, lo virtuoso, lo supremo.

Sí, es cierto, el campo teológico es sólo una teoría, y además incompleta e inconsistente. Pero, ¿qué otra manera tenemos como humanos para interpretar la realidad sino a través de teorías o sistemas simbólicos anclados en el lenguaje? El humano ante la realidad no tiene otra opción más que preparar sus aparejos teóricos y lanzar sus mejores teorías con el anhelo de capturar atisbos, o casos particulares, de esa colosal, diversa y múltiple realidad que habita. La teoría del campo teológico es tan sólo otra conjetura más acerca de un aspecto de la realidad total, pero ¿hay alguna teoría que no sea una conjetura? Lo son incluso las teorías —aún sin refutación— tanto de la realidad astronómica como de la realidad evolutiva y de la realidad subatómica.

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