Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
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Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Monday, December 23, 2013

Caudillos

¡Otra vez la burra al trigo, por un carajo! ¿Por qué el vicio del mexicano al siempre necesitar un caudillo para hacer cualquier cosa en lo social?

«Septiembre 1928. Mensaje del Comité Orientador Pro Vasconcelos:

”Saludamos en José Vasconcelos —la más alta figura de América, según Romain Rolland— el despertar de una raza. Limpio de sangre y de prevaricación, poderoso en capacidad intelectual, mundialmente admirado y amado, lleno de generosas bondades y cristiana inquietud, es dueño de una visión iluminada de la realidad y de los hombres.”

Comité formado por los mejores representantes de juventud universitaria. El mayor de ellos no pasaba de dieciocho años. Todos estaban encendidos en fervor patriótico. Todos se daban cuenta de que México se ahogaba en un pantano de sangre y lodo, y todos anhelaban una nueva patria fincada en la dignidad de los hombres libres. Vasconcelos, pensaban con certidumbre, sería el artífice de ese México nuevo. Estaban dispuestos a dar por él hasta la vida.»

¿Cuáles lecciones históricas debe considerar el individuo ante los llamados de caudillos o líderes mesiánicos o ministros de culto vasallos de esos líderes mesiánicos?

No es ocioso considerar la habitual suerte de quien sigue a tales:

«Tanto la Iglesia como el gobierno llegaron a la conclusión de que la lucha entre los dos poderes los debilitaba a ambos. Así, lo mejor que podían hacer era llegar a un arreglo por medio del cual ambas esferas de poder lo ejercerían sin estorbarse una a la otra. La Iglesia no denunciaría los abusos del gobierno, su ilegitimidad política ni su apropiación del país. El Estado, por su parte, dejaría hacer a la Iglesia —incluso al margen de la legislación antieclesiástica—; respetaría los fueros y privilegios de sus prelados y no pondría ninguna traba al ejercicio del culto. […] La Iglesia mexicana, en aras de la nueva política de entendimiento dictada por el Vaticano, dejó en la estacada y librados a su suerte a los luchadores católicos.»

¿Qué importancia tendría, para un individuo reflexivo, el repensar su membresía en algún grupo religioso en México ante la luz del análisis histórico de los conflictos político-religiosos? Por ejemplo, ¿es acaso parte de su fervor religioso el dar apoyo político, directo o indirecto, a un prelado jerárquico en particular? ¿Por qué los prelados religiosos anhelan vehementes el poder temporal y terrenal si sus teologías apuntan a sólo un poder celestial? ¿Qué necesidad hay en insistir imponer a sus divinidades como las potestades sobre los individuos? ¿Serán acaso los grandes privilegios que otorga el intermediarismo a esos prelados? ¿De qué depende que el individuo reflexivo pueda emanciparse de todo poder intermediario?

Por ejemplo, en tiempos de La Guerra Cristera, si se apoyaba al catolicismo clerical entonces se apoyaba a la soberanía del Estado Vaticano sobre el destino de los sucesos en territorio mexicano. Por otro lado, si se apoyaba a las facciones protestantes entonces se apoyaba al intervencionismo norteamericano a favor de su Destino Manifiesto —el cual dicta, en los hechos, “Latinoamérica para los norteamericanos”—.

¿Hasta qué punto es distinta una decisión consciente al respecto para un individuo reflexivo hoy en día?

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