Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Monday, December 23, 2013

La Cristiada

La Cristiada, México 1926-1929, fue un trágico efecto de la pugna por el predominio entre poderes: una ideología de poder religioso contrapuesta a una ideología de poder político. Una punga entre poderes jerárquicos:

«En cierta ocasión el gobernador de Coahuila, Gustavo Espinoza Mireles, quien fuese secretario de Carranza, tuvo una entrevista con el obispo de Saltillo, Jesús María Echavarría. Se trataba de alguna cuestión relativa a bienes eclesiales. La conversación, amable en un principio, se tornó poco a poco dura y tensa. Llegó el momento en que el obispo dijo palabras que el gobernante consideró demasiado sonoras.

—No se le olvide —dijo al obispo en tono enérgico— que está usted hablando con el gobernador del estado.

—Y a usted —replicó Su Excelencia— no se le olvide que está hablando con un Príncipe de la Iglesia.»

El alto clero ejercía un principado con poderes absolutos. Adoptaban una posición de soberanos que reinaban sobre su grey como un monarca sobre sus súbditos. Por otro lado, las altas posiciones en el gobierno las tenían quienes arrebataron el poder a punta de asesinatos y que se veían así mismos como salvadores de la patria y con el derecho de pasarle la factura al pueblo.

Si la religión o la política resultasen muy importantes para un individuo reflexivo, ¿por qué dejar eso tan importante en manos de aquellos jerarcas, quienes no estaban dispuestos a compartir con él ni la mínima pizca de autoridad ni de libertad de conciencia?

La pulsión religiosa en el humano puede arraigarse desde lo hondo del ser, sin importar posición económica o clase social. Aun cuando la fe religiosa se manifieste de muchas maneras tiene raíces comunes en esa pulsión fundamental; sea el humano un esclavo africano comprado por los blancos del siglo XIX, mestizo latinoamericano colonizado, colonizador europeo o plutócrata anglosajón, cada uno ha exteriorizado esa pulsión elemental ya sea con la Santería, el culto de la Santa Muerte, el Cristianismo en sus diversas formas, y otras manifestaciones de culto a la idea de lo superior e ineludible.

Sin embargo, algunos intentan, en su inconciencia, pisotear la fe religiosa de otros que, al no ser como la propia, la consideran inferior. Pero, ¿realmente hay diferencia entre, por ejemplo, los cultos Cristianos institucionalizados y los cultos de la Santa Muerte? ¿De verdad la hay?

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