Marco A. Dorantes

Este es uno de mis primeros blogs* (aquí hay una lista de mis blogs sobre temas de mi interés).
Además, mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión personal.

Saturday, February 28, 2009

La estafa filosofal

¿Con cuánta frecuencia las personas son estafadas? ¿Desde cuándo en la historia de la humanidad los seres humanos practican el timo? ¿Cuán probable es que un principiante se encuentre bajo embaucamiento a manos de un —así mismo llamado— “experto” en un tema dado? Quizá más importante, ¿cómo una persona podría detectar que está a punto de caer en un engaño y así evitar ser sujeta de abusos?

Hay bromas simples y breves que no merecen mucha atención. Por otro lado, hay fraudes que representan enormes pérdidas para las víctimas quienes podrían quedar en una situación de la cual les sea muy difícil —sino imposible— recuperarse, física, emocional y mentalmente, dependiendo de la naturaleza del engaño.

¿Qué acaso no eran los sofistas en la Atenas antigua —en tiempos de Sócrates, y con quienes éste sostuvo intensos debates— de los primeros en practicar el arte de persuadir por medio exclusivo de la retórica y sin tener la menor consideración por la certeza o falsedad del discurso? ¿No eran ellos de los primeros en cobrar por sus servicios y así alentar el oficio de la estafa?

¿Cuáles son las artimañas típicas y cómo se pueden identificar? ¿Un mayor conocimiento del uso del lenguaje sería suficiente punto de partida para evadir las trampas retóricas? ¿Cuántas personas al menos conocen lo básico del lenguaje y qué es un signo lingüístico? [Un signo lingüístico consiste de (1) una imagen acústica, que es la impresión cognitiva que permanece después de la correspondiente audición, que funciona como significante y, (2) concepto, el cual es un hecho de conciencia y es el significado.]

¿Ingenuidad o tergiversación?

Un mecanismo de engaño típico es la tergiversación (dar una interpretación forzada o errónea a palabras o acontecimientos). Como ejemplo usaré una anécdota de mi adolescencia en la escuela secundaria. El profesor del Taller de electricidad nos mostró una hoja de papel donde aparecía impresa la carátula de un voltímetro y dijo: “esta es una copia fotostática de lo que quiero que compren como parte del material para este taller; lo encontrarán en tal dirección donde me han prometido un excelente precio al indicar mi nombre cuando lo pidan; se trata de un voltímetro que les será útil para hacer mediciones en los circuitos eléctricos que realizarán durante el curso”. Después, al buscar el lugar, pedir el voltímetro e indicar el nombre del profesor, recibí una pieza de acrílico (con la forma de un portarretratos) que se sostenía verticalmente y con una hoja fotocopiada sobrepuesta —exactamente la misma fotocopia que nos mostró el profesor días atrás— y con botones y perillas simuladas en los orificios que tenía el acrílico en el lugar correspondiente a dichas piezas en la fotocopia, además de un par de cables con sujetadores en el lugar donde los tienen algunos voltímetros reales; aparte de un alambre ajustado sobre la caratula a manera de aguja de medición, mismo que podía ser movido manualmente, simulando la acción de una lectura de voltaje. Entendí el porqué del bajo precio, pero no estaba seguro cómo eso podría servirnos como dijo el profesor; con todo, estaba seguro de haber seguido sus indicaciones así que lo compré y ese fue también el caso de mis demás compañeros de curso. Al presentarnos en la siguiente clase y mostrarle lo que compramos, el profesor quedó atónito al caer en cuenta de que había sido sujeto de una estafa por tergiversación, y dijo, mostrando la misma hoja de la vez anterior: “esta es la copia que me mostró el vendedor al decirme ‘esta es una copia fotostática de lo que van a recibir’. ¡Hemos sido timados!”.

La ingenuidad jugó un papel en la anécdota, claro está; así como también queda claro que la interpretación de la frase: ‘esta es una copia fotostática de lo que van a recibir’ fue totalmente diferente entre mi profesor y el vendedor. Se trata de un mismo significante, la copia fotostática, pero con dos significados diferentes, un voltímetro real en el caso de la víctima, y el mismo significante —la copia fotostática, literalmente— en el caso del estafador (el cual podría argumentar que tan sólo cumplió lo que había dicho). Entonces, una tergiversación sucede al usar el mismo significante (imagen acústica) común a dos signos lingüísticos totalmente diferentes.

¿Buenas intenciones, ignorancia o estafadores peligrosos?

La anécdota anterior es un caso trivial que bien puede servir para amenizar una reunión, no es el caso del siguiente ejemplo.

Un caso diferente es el de omitir una aclaración importante cuando se habla acerca de filosofía por un lado, y acerca de uno entre muchos sistemas de creencias, por el otro. Pretendiendo hacer pasar —sea por ignorancia o dolo— el uno en lugar del otro, es decir, tergiversando. Ese es el caso que he podido constatar al investigar acerca de algunas manifestaciones actuales del gnosticismo, cuyos adeptos promueven usando la etiqueta que mejor acomode. El gnosticismo hoy en día representa un claro ejemplo de sincretismo religioso (intento de congeniar creencias dispares o contradictorias, a menudo mezclando ideas de varias escuelas de pensamiento) y cuyas creencias van desde el ascetismo hasta el libertinaje. Por lo que bien puede encontrarse bajo la apariencia de “filosofía” o de “ciencia” mientras que en realidad se trata de esoterismo y ocultismo (sistemas de creencia secreta o ciencias ocultas sólo para iniciados o iluminados, con los que se pretende dominar a la naturaleza —y a los jóvenes o incautos, agregaría yo—). Por tanto, la tergiversación sucede en este caso al usar la palabra filosofía (significante) para referirse al sistema de creencias gnósticas mientras que un concepto (significado) fundamental registrado históricamente de la palabra filosofía refiere a la actividad que un ser humano realiza cuando hace uso de su propia facultad mental y por sí mismo busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.

Un concepto adicional relacionado para la palabra filosofía es una derivación del primero, y es el resultado que la historia registra de la actividad de pensar por sí mismos que algunos seres humanos han legado, sus obras escritas; pero estos pensamientos en forma escrita no niegan de ningún modo el primero y principal significado de la palabra filosofía, por lo que cualquier conocimiento que se presenta de forma dogmática (diciendo a los demás qué es lo que tienen que pensar o hacer sin esperar que lo cuestionen) no se ajusta a dicho significado y, por tanto, no es filosofía en sí, sino que se trata del abuso de un sistema filosófico particular utilizado para adoctrinar a las personas.

Filosofía es pensar por uno mismo. Filosofía es conocer a fondo qué han pensado los filósofos para entonces dialogar, debatir y llegar a conocer los planteamientos más sólidos acerca de un tema dado y —más importante— tratar de mejorarlos.

Entonces, ¿se tratará de una estafa lo que hacen algunos adeptos al gnosticismo, tratando de hacer pasar su sistema de creencias como si se tratara de filosofía? ¿Qué ganan o cuáles son los fines últimos que persiguen con esta estafa?

¿Institución o individuo?

Desde el tiempo de los sofistas, las personas han tratado de sacar provecho propio de la ignorancia o de la confusión de otras personas. Desde entonces, enormes fortunas financieras han sido amasadas por medio de la estafa y el engaño, pues como todos los seres humanos nacemos desnudos, física y mentalmente, como páginas en blanco sobre las que se puede escribir casi cualquier cosa que será percibida como la realidad, se entiende por qué el fraude sea un negocio muy rentable y frecuentado por quienes les parece bien adueñarse del esfuerzo de otros sin dar nada o muy poco a cambio.

La esclavitud puede tomar formas muy sutiles hoy en día, no se requieren unas cadenas con un grillete al tobillo de una persona, basta con propagar unas creencias fundadas en el miedo para tener hordas enardecidas trabajando tenazmente para lograr lo que principalmente beneficiará tan sólo a unos pocos. A estos pocos se les ha nombrado de varias maneras en la historia, por su simplicidad aquí usaremos la palabra inventada en la Edad Media: burguesía. Pero aquí no sólo refiriéndose a los que no están sometidos a un señor feudal, sino refiriéndose a los que buscan afianzar y perdurar un señorío sobre otros, ya sea este económico, intelectual, religioso o de cualquier tipo.

Por supuesto que estas burguesías, en la búsqueda por hacer perdurar su feudo y legarlo a sus descendientes, han recurrido a la creación de una posesión más, se trata de organizaciones o personas morales que cuenten con derechos y obligaciones por sí mismas, pero que las condiciones para dichos derechos y obligaciones para sus integrantes estén dadas de tal forma que siempre se favorecerá al desarrollo y prosperidad de la institución por encima del desarrollo y prosperidad del individuo integrante de la misma. Dependiendo de la naturaleza del feudo, dichas organismos pueden ser religiosos, intelectuales, sociales, económicos, deportivos, etcétera.

¿Qué hay entonces para el desarrollo y prosperidad del individuo? Está plenamente documentado en la historia que el sistema escolarizado —la escuela tal y como la conocemos popularmente— es un sistema diseñado en respuesta a precisamente la exigencia de la burguesía a los gobiernos y a los cleros religiosos para preparar personas que se ajustaran y fueran aptas de integrarse a las organizaciones que eran de su propiedad. Por tanto, la escuela no tiene como fin último el desarrollo y prosperidad integral de los individuos, sino que su fin último es adoctrinar a las personas para su integración al sistema diseñado para el mantenimiento de la sociedad en su conjunto. Por supuesto, los costos y beneficios de dicho sistema en particular y su sostenibilidad futura deben estar sujetos de continua reflexión y debate.

¿Es acaso la familia donde se busca como fin último el desarrollo y prosperidad del individuo? Dependerá de la familia, claro está. Pero sobre todo, dependerá del propio individuo, de su propia búsqueda por su educación, del mejor uso de sus facultades para, en primer lugar, su progreso como ser humano y, en segundo plano, para ofrecer cada vez mejores participaciones entre las personas a su alrededor.

Los seres humanos no nacemos con el pensamiento crítico desarrollado, sino que será necesario que cada individuo busque su propio progreso mental, la escuela no está precisamente diseñada para tal efecto tal que aun personas con mucha escolarización suelen ingerir creencias sin ningún criterio de cuáles son los costos y beneficios para su ser, cosa que pasaría normalmente antes de llevarse a la boca un pedazo de suciedad que encuentren en casa o en la calle.

Por tanto, está claro que parte del progreso de un individuo es conocer qué significa ser un ser humano, para lo cual la actitud o postura filosófica básica de pensar por sí mismo es un medio para dicho fin. Abordando por sí mismo los problemas filosóficos clásicos, esos que no tienen solución única sino que tan sólo cuentan con historia; contrastando la diversidad de planteamientos en dicha historia. Así como adoptando la disposición mental que define a la filosofía para plantear, explicar y dar cada vez mejores respuestas a los problemas de la cotidianidad.

Conclusión

Ya lo dijo aquella persona —la primera que registra la historia en decir la palabra filósofo— llamada Pitágoras, cuando le dijeron que él era un sabio y a lo cual respondió: “no, no soy sabio, tan sólo soy un amante de la sabiduría”. ¿Qué quiso decir? ¿Que era amante de los conocimientos esotéricos de la secta de los pitagóricos que él mismo había formado o que era amante de la actitud y actividad de cuestionar, debatir, aprender y reflexionar continuamente?

Propongo que el conocimiento es un medio para obtener cada vez mejor sabiduría para el desarrollo personal, y no sólo un fin en sí mismo pues conocer por conocer puede ser tan inútil y perjudicial como ponerse a opinar de un tema que se desconoce.

Por la cantidad y frecuencia de los engaños y abusos, se puede entender la actitud paternalista que se observa en personas ultraconservadoras que tratan de mantener a toda cosa la tutela mental sobre los que dicen amar, sobre otras personas que han adoptado como sus protegidos y que pretenden hacerles un bien evitando que tenga contacto con algo diferente a lo establecido o popular. Pero, al mismo tiempo, con ese proteccionismo están anulando el desarrollo de conciencia y la capacidad de indagación —sin mencionar lo emocionante que es descubrir algo por sí mismo— en aquellos bajo su cuidado. Esto sucede así, sin importar cuán puras o cuán inmorales puedan ser las intenciones de los ultraconservadores, quienes suelen creer que tan sólo hay una versión del mundo, la suya.

Por tanto, propongo que para una persona deje atrás la tutela mental en búsqueda de la adultez interior —tal como aprendió a caminar— se le permita equivocar, contando con pautas o guías de orientación, como el pensamiento crítico, que le ayudará a identificar estafas y a no comprometer nada que no esté dispuesta a perder (como su libertad, física o emocional, su salud, etc.).

Por último, propongo que los individuos no esperen a que alguien más les diga qué tienen que pensar, decir, hacer, creer, etc. ¿No sería mejor desarrollar tus propias facultades en lugar de que otros se aprovechen de ti desarrollando tus miedos?

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