Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Thursday, February 16, 2012

Autoridad

Basta un poco de indagación deliberada en una biblioteca, pública o privada, acerca de algún tema de interés personal para quedar sorprendido de la enorme brecha entre mis meras opiniones y las opiniones con mayor soporte sobre el tema en turno. Por ejemplo, el tema de la autoridad; el cual, antes de un mínimo de reflexión e indagación, hacía coincidir con el del acatamiento, la genuflexión y el vasallaje.

Una lectura superficial de algunos de mis textos públicos podría apoyar la idea de que tengo un grave problema de actitud en contra de la autoridad. Pero justo lo contrario es lo que me sucede: precisamente porque observo una grave escasez de autoridad es que me opongo a lo que usurpa su lugar.

La palabra autoridad tiene su origen en la palabra del latín: auctorĭtas, -ātis; hace mucho tiempo esa palabra refería, principalmente, a la idea de «garantía». Se usaba para indicar seguridad o firmeza en algo, algo en lo que se podría confiar. También refería a la idea de «prestigio», de algo con un patrón regular de efectividad que servía como soporte para creer en la ocurrencia, y el éxito, de dichos efectos ahora y en el futuro. Otro referente de la palabra original del latín era para indicar que algo merece tomarse como modelo o como ejemplo.

Hoy en día, a decir del discurso y de la conducta de la típica figura de autoridad —política, religiosa, judicial, corporativista, por mencionar algunas—, la idea asemeja más la mera opinión que yo tenía antes de investigar sobre autoridad que los referentes originales de la palabra. Actualmente la palabra autoridad habla más del uso y abuso del poder que de una vida virtuosa digna de confianza y seguridad.

Aun así, con lo devaluado de la palabra, no es difícil encontrar quien defiende férreamente esa podredumbre llamada “autoridad” repitiendo frases trilladas como: “hay que respetar a las autoridades”; y denuestan a quien ejerce el pensamiento crítico porque “no tiene respeto por la autoridad”. Y sí, es cierto, quien piensa críticamente no tiene respecto por esa usurpación de la autoridad porque tal fraude no se debe respetar, quizá es posible tolerar, pero no respetar; el respecto es algo mucho muy elevado como para vulgarizarlo con abusos del lenguaje.

El problema fundamental sigue siendo, como lo plantea Bertrand Russell en su obra Autoridad e individuo:

«¿cómo podemos combinar el grado de iniciativa individual necesario para el progreso con el grado de cohesión social indispensable para sobrevivir?»

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