Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
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Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
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Sunday, January 29, 2017

Sobre «Dios» — ¿Inspiración divina?


El progreso en la comprensión de un tema a veces se logra al cuestionar las nociones populares sobre dicho tema. Por ejemplo, el tema de la inspiración divina de los textos de la Biblia. Alguien diría que eso no se puede entender e intentarlo es perder el tiempo de la manera más necia y torpe; por tanto, —según esa posición— se debe elegir una de dos posibles opciones mutuamente excluyentes: se debe aceptar como un dogma de fe o se debe rechazar como una patraña.

Por otro lado, desconfío de esas enérgicas dicotomías que pretenden forzar la total realidad de un tema complejo en tan sólo dos meras opiniones. Por tanto, me pregunto: ¿cómo puedo entender mejor la noción de la inspiración divina de los textos bíblicos? Pues un posible primer paso es imaginar tal noción como una mera suposición y no como algo cabalmente comprobado. De ahí la indagación personal puede continuar y desarrollarse por muchos posibles rumbos. Una posible siguiente pregunta: ¿hay indicios de esa noción en los propios textos?; es decir, ¿el escriba reconoce de alguna manera que le ocurrió tal inspiración?

El caso es que hay entre dos y tres milenios de distancia histórica entre nosotros y esos textos antiguos. Las dos opciones de la dicotomía menciona en el párrafo inicial simplemente no son las únicas que se han considerado en todo ese tiempo. Hay muchas, muchas, otras perspectivas alrededor de los criterios que formaron el canon tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. No contamos con evidencia de los criterios usados para tales cánones; lo que hay son teorías de varios tipos como aproximaciones a lo que pudieron haber sido dichos criterios. Lo curioso es que ninguna de las teorías que he indagado incluye el criterio de inspiración divina.

Por ejemplo, Marción, en el segundo siglo de la Era Común, propuso criterios para formar un canon judeocristiano. Para él, el Antiguo Testamento trata de un dios inferior y diferente del dios de su propuesta; la cual sólo incluía el evangelio de Lucas y algunas cartas de Pablo. El dios del canon de Marción era un dios diferente del dios del Antiguo Testamento. Aunque no parece que él siquiera hubiese escuchado nada acerca de la noción de una supuesta inspiración divina.

La noción de que los textos bíblicos son resultado de una inspiración divina está directamente relacionada con la noción de la infalibilidad de los relatos en dichos textos y con la noción de esos textos como «Palabra de Dios». Pero esas nociones son desarrollos históricos posteriores a la redacción de los textos mismos; es decir, esas nociones no se encuentran en esos textos, sino son conceptualizaciones añadidas encima de los textos. Tales adiciones son resultado de sistemas de interpretación utilizados en siglos posteriores por diversos intérpretes, cada uno con su agenda de intereses particulares.

Cada una de esas nociones —entre otras: inspiración divina, infalibilidad, «Palabra de Dios», tan sólo las mencionadas aquí—, ha sido objeto de estudio en indagaciones variadas; por ejemplo, de tipo teológico, literario, histórico, etc. Y existen volúmenes y volúmenes de publicaciones derivadas de tales indagaciones. Así que su sola mención impone aclarar de qué se habla. Por ejemplo, un planteamiento de la inspiración divina propone que tal inspiración sólo aplica al texto manuscrito autógrafo; es decir, el “texto original” redactado por la mano del autor. Por lo que no aplica para las copias manuscritas posteriores, ni para ninguna de las traducciones en otras lenguas distintas a ese “texto original”. En otras palabras, según ese planteamiento, la inspiración divina no aplica en el caso del texto de las ediciones en castellano actual pues tal inspiración no aplica para el traductor ni para el proceso de traducción al castellano actual.

Al parecer ese “texto original” fue redactado en griego koiné. Yo no sé leer griego koiné, mucho menos sé traducirlo al castellano actual, quizá nunca sea capaz de hacerlo en lo que me resta de vida pues no está a mi alcance por muchas razones. Entonces, según ese planteamiento, jamás leeré las palabras inspiradas y jamás me enteraré de ese mensaje original. Sin contar con el hecho histórico de que tal “texto original” hace muchos siglos que se perdió en las arenas del tiempo. Lo único que nos llegó en el presente son copias, las cuales no todas son iguales entre sí, y nos llegaron traducciones de esas copias que han hecho diversos traductores, cada uno con su propia agenda.

Esos planteamientos indican que la inspiración divina fue un acto sobrenatural, un milagro divino, cuyo resultado fueron escritos inspirados. Pero, al parecer, no ocurrió ningún milagro para preservar dichas composiciones escritas originales en griego koiné. “El mensaje” llegó al presente en forma de una compleja trama de interpretaciones y traducciones, como una mezcla de múltiples significados superpuestos en capas textuales acumuladas durante siglos. Quizá no hay tal cosa como “El mensaje bíblico unívoco”, sino una cacofonía heterogénea divergente que explica el rasgo de los judeocristianismos por el cual con frecuencia han tomado el camino de la escisión.

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