Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
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Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, May 11, 2008

La reflexión filosófica es “sólo para adultos”

¿Reflexión filosófica?... ¿Y eso para qué?

¿Qué significa la clasificación “Sólo para mayores de edad o adultos”? Ocurre, por ejemplo, con los productos de la cinematografía donde la brutalidad, egoísmo rampante, desenfreno, sensualismo, etc., ameritan dicha clasificación; sin embargo, esto también puede verse en algunos contenidos “infantiles” pero parece que no es percibido así por algunas autoridades.

La autoridad —e.g. padres de familia, el Estado, clero regular, gerentes y directivos, docentes— frecuentemente asume la responsabilidad de proponer a su público una clasificación predeterminada de lo qué es bueno y malo para los intereses comunes. La premisa es que la audiencia carece del conocimiento y no puede determinarlo por sí misma debido a su estado de ignorancia o inmadurez. Pero, ¿para qué se molesta la autoridad en hacer esto? Consideremos las siguientes respuestas y observaciones correspondientes:

  • • Lo hace exclusivamente para el bienestar del público, e.g., filantropía, altruismo.

    • Amor al género humano (por el ser humano mismo y no por otros motivos).

    • Diligentemente procura el bien ajeno aun a costa del propio.

  • Lo hace para su bienestar exclusivamente —el bienestar de la autoridad—, e.g. corporativismo religioso (tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses de la persona moral ó institución por encima de la persona física).

    • Si la autoridad explícitamente mantiene dicha exclusividad por medio del control de la información y la conservación del estado de ignorancia en la audiencia entonces es una autoridad perversa y corrupta.

    • Si la autoridad desconoce que incurre en dicha exclusividad entonces es una de esas autoridades inconscientes —tan populares en la historia humana— con intenciones impecables y propósitos inmaculados pero que provocan más agravios que beneficios a su audiencia.

  • Lo hace para el bienestar de ambos —el bienestar de la audiencia y la tranquilidad o manutención de la autoridad—.

    • El estado de ignorancia en el público es temporal pues se contempla un futuro cuando adquirirá el conocimiento y la madurez para valerse por sí mismo, en otras palabras, llegan a ser adultos.

    • La autoridad provee medios diversos y no discriminatorios para la educación (proceso gradual de adquisición de conocimiento confiable) del público, y no solamente su escolarización (adoctrinamiento para principiantes).

Muchos de nosotros, ya sea como padres de familia o en cualquier otro tipo de organización humana, nos encontraremos en posiciones de autoridad a lo largo de nuestra vida y se requiere una práctica seria y constante de la autocrítica para reconocer cual de los planteamientos anteriores describe mejor nuestro comportamiento hacia nuestra audiencia; se requiere aun más fibra moral para aprender de la opinión educada, de la opinión anónima, de dicha audiencia al respecto.

Lo que nos lleva a considerar la peculiar creencia: “yo tengo derecho a expresar mi opinión”. De dicha creencia, lo que llama la atención es que popularmente no se menciona el contexto del supuesto derecho sino que pareciera que estamos hablando de un derecho fundamental y generalizable para todos los individuos indistintamente. Por lo que es sensato preguntar, por ejemplo, ¿en qué se basa el derecho de alguien para opinar acerca de la ciencia mientras que dicha persona desconoce las propiedades del esfuerzo científico? ¿Qué le da derecho a un científico opinar sobre el trabajo teológico si desconoce los términos de lo planteado? Ultimadamente, ¿qué peso relativo tendrán las opiniones que no están debidamente fundamentadas en conocimiento corroborado? ¿Qué justifica sostener una opinión basada en la ignorancia?

Entonces ¿con base en cuáles términos la autoridad podría honrar la opinión de su audiencia? ¿En qué se basa la justificación de la opinión de la audiencia acerca de las decisiones que la autoridad toma en su nombre? Pues en la educación de la audiencia así como en la de la autoridad; esta, ciertamente, es una respuesta que asiste a la realidad (favor de no confundir educación con escolarización, cuya diferencia ha sido claramente expuesta por la obra de Iván Illich). No es realista esperar que una audiencia sin educación pueda ofrecer crítica constructiva, argumentando y cuestionando con planteamientos bien fundamentados que incluyan aportaciones importantes hacia la mejora sostenible de la sociedad en cuestión.

Por tanto, una conclusión prudente por parte de la autoridad es buscar medios para la educación de su audiencia y de sí misma pues esto ofrece mejores condiciones para un desarrollo sostenible durante un plazo más largo. A diferencia del plazo que históricamente una sociedad u organización logra mantenerse positiva para sus integrantes al no respetar esta las reglas que impone la realidad de la convivencia humana.

La escolarización puede ser impartida y el entrenamiento puede otorgarse, pero la educación sólo puede ser elegida. En otras palabras, la educación es una decisión personal para buscar darse cuenta de lo que no estamos conscientes. No es posible para una persona darse cuenta a nombre de otra persona sino que corresponde a cada individuo tener el gusto por la educación para luego, en efecto, buscar darse cuenta de sí mismo y de su alrededor. La educación no sucede por decreto o mandato de autoridad alguna.

Dadas así las cosas, es fácil observar que la decisión por la educación no es muy popular. Dejar que la autoridad tome las decisiones por uno parece ser más cómodo y menos oneroso para un gran número de personas. Lo patético es mantener al mismo tiempo la creencia en “yo tengo derecho a expresar mi opinión”. Es como si quisiéramos mantener permanente e indefinidamente las creencias de la infancia en la explicación de cómo es que llegan los regalos ciertos días en diciembre-enero aun cuando se es adulto y seguir esperando que suceda todo sin esfuerzo ahora que nos toca llevar a cabo el rol del adulto en dicha tradición. Una explicación plausible para tal conducta es que la persona sea adulta tan sólo físicamente pero no lo sea internamente, es decir, mental y emocionalmente; dicho de otro modo, que la persona haya elegido permanecer en estado de ignorancia en ese asunto.

Ser adulto implica tener la capacidad de abordar algo plenamente —con conocimiento de causa— siendo consciente de sus costos y beneficios relativos; lo cual un principiante no estaría en posición de lograr. Ser adulto es llegar a la madurez interna y externa. El exterior contempla el desarrollo físico; el ser interno equivale al espíritu también llamado alma que abarca los pensamientos y las emociones, es decir la mente y el corazón, intelecto y sentimientos, raciocinio e intuición.

¿Qué se requiere para llegar a la edad adulta internamente, es decir, a la educación del espíritu? Ciertamente es una pregunta amplia que abarca muchas cosas y una respuesta simplista no puede ser satisfactoria. La respuesta incluye lo que se puede observar en la historia de la humanidad lo cual contiene muchos casos donde se necesitó un buen ejemplo por parte de otros adultos para que el principiante pudiera aprender por la observación de la práctica de la adultez. La respuesta también incluye el auto-conocimiento. Cuando estás solo, en realidad te encuentras al menos contigo mismo, te encuentras con un ser humano. Conocerlo es conocer a un ser vivo capaz del asombro y de la curiosidad, capaz de los más nobles sueños y de las más temibles pesadillas. Sobre todo, puedes conocer a un ser vivo que tiene la capacidad de la consciencia de sí mismo. Capaz de la reflexión filosófica.

Una actitud gustosa por averiguar los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento confiable de la realidad así como el sentido de la conducta humana —es decir— la preferencia por una actitud filosófica, es también parte del camino hacia la educación del espíritu. Adoptar constantemente una posición filosófica ayuda al progreso en la carrera para alcanzar la mayoría de edad interna.

El principiante, independientemente de su edad física, elegiría libremente hacer reflexión filosófica —pues para llamarla reflexión, no podría ser de otro modo más que libre— y quizá esa elección es el inicio y el fin de su edad adulta, es decir, al descartar la conveniencia de la ignorancia por elegir la penosa ruta de adquirir conocimiento confiable está de hecho entrando en la edad adulta donde uno permanece solamente aprendiendo.

Por otro lado, un principiante también podría elegir libremente la felicidad y la despreocupación que la ignorancia otorga. Ya lo dijo Hobbes: “¿Por qué desperdiciar el tiempo aprendiendo cuando la ignorancia es instantánea?”. Las condiciones para la auto-complacencia y la auto-compasión que ofrece la ignorancia son reales, no es de asombrarse que el estado de ignorancia sea muy popular dentro de las organizaciones civiles, gubernamentales, religiosas, y en la sociedad en general. El precio es permanecer en la infancia interior, en un estado estático de ignorancia en donde las dulces emociones que provienen de creer en cuentos de hadas están a la mano sin mayor empeño. La gratificación instantánea del pensamiento mágico, el disfrutar alegría y aprobación aquí y ahora sin molestarse en analizar costos y beneficios de nuestra conducta a largo plazo, son los atractivos del estado de ignorancia.

Un caso particular de estado de ignorancia es la suspensión explícita del aprendizaje por mantener un conjunto determinado de creencias en su percepción original, cancelando así cualquier oportunidad de mejorar dichas creencias. Como ejemplo está un caso que llama especialmente la atención, el dogmatismo.

El pensamiento dogmático es la posición de personas que no están dispuestas a cambiar de opinión por ningún motivo, se pueden encontrar dentro de comunidades religiosas, científicas, deportivas, políticas, etc. y creen que su modo de pensar representa un ejemplo positivo de apoyo o divulgación para su causa, de la que incluso podrían llegar a ser considerados paladines. Una perspectiva histórica podrá, sin mucho esfuerzo, encontrar al dogmatismo detrás de incontables atrocidades cometidas en el nombre de una percepción tajante y absolutista.

Por tanto, en este punto ya podemos plantear que la reflexión filosófica podría recibir la clasificación “sólo para adultos”, con base en lo establecido previamente, pues algunas personas que son expuestas al contenido de la reflexión filosófica encuentran que sus más entrañables creencias —como las percibieron originalmente— no son ciertas y al contemplarse privados de las emociones que les producen dichas creencias prefieren descartar toda búsqueda o aprendizaje adicional por ir en pos de aquello o de quienes les afirmen sus emociones (en ocasiones referido como “lo que siente tu corazón”). De esto se desprende la observación que promover a las emociones —como golosinas para infantes— o “el estado del corazón” como objeto último de búsqueda por encima del raciocinio no resulta en algo absoluta e incondicionalmente positivo (y viceversa, claro está). Sobre todo considerando que entre más tiempo transcurra una persona manteniendo una creencia sin mejorarla, más difícil podría resultarle cuestionar su entendimiento original en dicha creencia.

En conclusión, los fines que persigue la reflexión filosófica, personal, coinciden con los fines que una autoridad busca al proveer medios para la educación de su audiencia. Por lo que abrir los espacios y los formatos, dentro de una sociedad u organización, donde brote y florezca la reflexión filosófica procurando la difusión de las bases de la filosofía básica actual (filosofía de la religión, filosofía de la ciencia, pensamiento crítico, pensamiento creativo, etc.) es algo muy sensato que una autoridad puede hacer en nuestros días por las personas en su audiencia 1.

Notas

1Versiones preliminares de este ensayo han sido presentadas a varios representantes de la autoridad en organizaciones tanto civiles como religiosas pues el planteamiento aplica de forma generalizada en la relación autoridad – audiencia. Entre las respuestas recibidas se observan desde posiciones a favor hasta posiciones sanamente escépticas. Sin embargo, es peculiarmente notoria la respuesta de algunas autoridades religiosas la cual básicamente consiste en explicar que como los apóstoles de Cristo fueron incultos en su época entonces su audiencia hoy en día tampoco necesita tal enfoque en la educación. El hecho de que han pasado más de dos mil años de aquellos sucesos parece no hacer diferencia en su respuesta. Pues, quedan abiertas preguntas como ¿es el caso de estas autoridades que ni ellos mismos se educan ni aceptan que su audiencia lo haga? ¿Suponen que su audiencia está compuesta exclusivamente de adultos (internamente hablando)? De otro modo, ¿cuál es el motivo detrás de su respuesta? Siendo que, quizá, su audiencia se encuentre entre las más necesitadas de la reflexión filosófica y de la mayoría de edad interna.

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