Marco A. Dorantes

Este es mi blog* personal para temas generales; además, publico en estos blogs:
Temas técnicos de formulación de software:en Español y en Inglés.
Mis aportaciones en un seminario de introducción a la Filosofía.
*blog es una contracción de weblog: un diario o bitácora pública como medio de expresión particular.

Sunday, September 02, 2007

Del porqué el amor a Dios y al prójimo requiere una actitud pensante

Las condiciones para una salvación cristiana están dadas y se desprenden del canón bíblico nuevo-testamentario, en particular, de la expiación consumada por Jesús, El Cristo, al ser crucificado por el gobierno romano hace varios siglos; si alguien está interesado únicamente en esa salvación puede entonces orientarse con base en dichas condiciones.

La comprensión de la salvación cristiana está relacionada con la búsqueda por discernir también lo que el Dios cristiano espera del ser humano, y eso ya alguien lo ha resumido diciendo: Dios espera que vivas ahora por la ley del amor cristiano. Las condiciones en la actualidad para profesar el amor a Dios y amor al prójimo están dadas también en la Biblia, pero no con la misma particularidad como lo están las condiciones para la salvación cristiana, sino que en este caso se abre un horizonte muy amplio de posibilidades de las cuales echar mano pues hay tantas maneras de amar al prójimo como tipos de necesidad de amor puedan existir. Al mirar a mi prójimo veo a aquel por quien el Creador del Universo de hecho se sacrificó de manera individual, con cuánto más esmero, dedicación y singularización mi prójimo merece ser amado. Por lo que es evidente que vivir por la ley del amor cristiano requiere esfuerzo —variados tipos de esfuerzo— pero seminalmente requiere esfuerzo de tipo intelectual, i.e., mental. Me explico:

El amor al prójimo ha existido sin relación con Dios y la Biblia, ese amor al prójimo se ha llamado Humanismo, pero nuestro interés ahora es caracterizar el amor al prójimo desde el cristianismo en particular y para eso la fuente siguen siendo los textos bíblicos como principio y fin de las enseñanzas del Jesús El Cristo. La Biblia no es un libro fácil, no es un libro de historietas o tabloides que deba usarse de manera complaciente, rápida y sin esfuerzo para obtener entretenimiento o gratificación instantánea. Para una persona amorosa de Dios, la Biblia se aborda con una actitud responsable y sesuda, i.e., con la actitud de un teólogo. Han pasado alrededor de 2000 años de que fue escrito el Nuevo Testamento y contar con ese hecho es requisito para la exégesis bíblica. Sin embargo, los temas tratados en la Biblia atañen íntimamente a la vida de un cristiano por lo que el estudio personal y directo de la Biblia es indispensable para cualquier persona interesada en encontrar —sin intermediarios— la verdad acerca de Dios y del amor cristiano. Por supuesto, lograr adquirir la actitud de un teólogo no sucede de la noche a la mañana ni por decreto de parte de alguna autoridad, pero definitivamente sí depende del plan de vida de la persona, de su estilo de aprendizaje, de su esfuerzo, dedicación, y de una dosis constante de pensamiento crítico para adquirir conocimiento confiable acerca de Dios.

El expediente de los cleros cristianos, i.e., autoridades religiosas, en la historia de la humanidad contiene repetidos y deplorables episodios donde individuos —que se tienen a sí mismos como verdaderos campeones de la fe y del amor cristiano— expresan opiniones como la siguiente:

“El pensamiento crítico es un engaño y sólo te lleva a la perdición, lo que tienes que hacer en lugar de estar perdiendo tu fe es alinearte a lo establecido por la autoridad que viene de Dios ya que Él ha puesto esas autoridades ahí para que digan lo que es de Dios, y no se puede llegar a conocer a Dios fuera de lo que ya nos han estado diciendo nuestras autoridades: ¡La obediencia te cuenta por justicia!

No importa en realidad qué puedan estar diciendo nuestras autoridades, no importa la veracidad o las implicaciones asociadas, lo que importa es obedecer o consentir en todo lo que digan pues viene de parte de Dios y haciendo así, consigues la aprobación de Dios y conservas tu salvación”

Dadas ese tipo de opiniones, ¿quién te dijo que no tienes que ser un teólogo para amar a Dios y a tu prójimo? Dado ese estado de conciencia, ¿qué puedes decir de quien te diga —ya sea individuo o autoridad religiosa— que no tienes que ser un teólogo hoy en día para amar a Dios y a tu prójimo? ¿Se justificará tener prudencia y ser consciente de las implicaciones coligadas a las impecables intenciones de quien te diga que no tienes que ser un teólogo? La pregunta es importante y requiere una dosis adecuada de pensamiento crítico para llegar a una conclusión corroborada; dicha conclusión no necesariamente identificará a alguien de corte fundamentalista con la megalómana necesidad de poder sobre otras personas dentro de una organización militarizada de comando y control estrictamente jerárquico que mutile por siempre tu capacidad de pensar por ti mismo, aunque algunas veces puede que así resulte. En todo caso, cuidado.

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